«El Principado quiere hacer el papel de la Universidad y se equivoca»

Juan Carlos Campo, ante la Escuela Politécnica de Ingeniería. / PALOMA UCHA
Juan Carlos Campo, ante la Escuela Politécnica de Ingeniería. / PALOMA UCHA

Juan Carlos Campo, director de la Escuela Politécnica de Ingeniería: «El grado de Organización Industrial tiene un coste bajo y es integrador, como se pidió. Su rechazo suena más a prejuicio que a argumento»

SARA GARCÍA ANTÓN GIJÓN.

Los argumentos del Principado para rechazar la implantación del grado de Ingeniería de Organización Industrial han causado un profundo malestar en la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI). Su director, Juan Carlos Campo, defiende la idoneidad de esta titulación. Y, sobre todo, lamenta el argumentario al que ha recurrido el Gobierno regional para no aceptar esta titulación. Aunque el rector ya ha dicho que intentarán sacar adelante el grado, en la EPI no son demasiado optimistas. Tampoco comparten la posibilidad de que se pueda implantar como máster al no haber ni una sola Universidad en España que tenga ese máster sin contar, además, con el grado. «El Principado oye campanas, pero no sabe dónde», llegó a decir Campo. «No se puede poner ni el carro delante de los caballos y lo que es peor, no se puede poner el carro a caminar sin caballos», añade.

-¿Hay demasiadas ingenierías en la EPI?

-No, en la EPI desde luego que no. Tampoco en la Universidad de Oviedo. Pero si eso se emplea como argumento para rechazar un grado, hay que decir que hay un número razonable, ni muchas ni pocas. Quizás tenemos el inconveniente de que algunas están duplicadas y, a pesar de esos lastres, estamos por debajo de la proporción de ingenierías de otras universidades de nuestro entorno. La EPI salió de la fusión de tres centros de ingeniería, para que tuviera masa crítica que pudiera hacer cosas. Y eso es lo que queremos hacer, cosas.

-¿Cómo afecta al futuro de la EPI y la Universidad el rechazo del Principado a Organización Industrial?

-El futuro es muy amplio y hay cantidad de cosas que se pueden hacer. No se nos acaba el mundo por esto, pero sí tenemos que decir que es decepcionante. Es una titulación que debería haber estado ya desde el comienzo de los planes de Bolonia. Se trata de arreglar una carencia, de tener lo que corresponde. Para tener una Universidad competente y moderna hay que basar la Universidad en el personal investigador adecuado. Es una clave que entiende mal la gente del exterior.

-En la EPI cuentan con esos recursos humanos...

-Nosotros tenemos investigadores. Y con proyectos con empresas porque esta especialidad que ahora niegan ya estaba anteriormente. Tenemos los recursos. Hicimos un plan de estudios tratando de velar por unos costes lo más reducidos posibles. Y este grado tiene un coste bajísimo, no llega a los 80.000 euros según la memoria de la Universidad.

-¿Por qué sale por ese precio?

-Porque aquí no tenemos una titulación que va por libre sino que comparten docencia. Esto lleva a que en primero y segundo y en parte de tercero y de cuarto de ese grado no se generan grupos nuevos, no hay costes nuevos. Eso no sucede en otros sitios. Para eso se creó esta escuela, para tener masa crítica y hacer proyectos con menos coste. Ser un centro grande nos permite hacer las cosas de forma eficiente, en un centro pequeño tendrían que crear una titulación específica, que tendría un coste muy grande. Hasta yo mismo en esas condiciones tendría que decir que no merecería la pena.

-¿Por qué no se recuperó antes, ya con la aplicación del Plan Bolonia?

-Cuando se fueron a aplicar las titulaciones de Bolonia, se llegó muy justo de tiempo. Hubo hasta dudas de que se pudieran sacar los grados que tenemos actualmente en el tiempo adecuado, un riesgo de quedar un año en blanco. Y en ese momento de alarma, se apostó por lo esencial y dejar este grado para el año siguiente. Pero entonces vino una crisis demoledora, no se podía hablar de esto ni de nada, había que pararlo todo. A partir de ahí hubo reuniones con el Rectorado, estudios dentro de la Universidad, que nunca llegó a decir que no, incluso el rector anterior dio a entender que iba a salir en breve, pero no se dieron las circunstancias. Y así se llegó a la situación actual, donde los dos candidatos a rector que llegaron a la última vuelta llevaban este grado en su programa. Es decir, había un gran consenso. Lo llevaban escrito. Era indudable el compromiso de la Universidad por este grado.

«No me lo esperaba»

-Y se presentó la propuesta.

-Llegó este Rectorado, nos dio el visto bueno y constituyó la comisión del plan de estudios... Se nos marcaron las condiciones para hacer el grado, con un coste reducido e integrador. Llegamos a una propuesta razonable, la Universidad y el Consejo Social la aprobaron. Y el Principado no la autoriza. Cada uno tiene su papel. Pero los motivos del Principado no me los esperaba. No creo que el Principado deba hacer valoraciones sobre un plan de estudios o sobre si esto debe ser un grado o un máster porque no es su misión. El Principado tiene que hacer valoraciones políticas, si algo es o no adecuado, si va a apostar por otra cosa o si no da para todo decidir si concentra los esfuerzos en otra cosa. Pero el Principado quiere hacer el papel de la Universidad y corre el riesgo de equivocarse y, de hecho, se equivoca. Ese papel que ha asumido no está bien hecho. Si con argumentos técnicos pretende justificar argumentos políticos, lo ha hecho mal porque son erróneos. Y nadie mejor que la Universidad puede conocer, porque es su obligación, cómo tienen que ser los planes de estudio y cómo se ha de organizar. Ahí el Principado no debe decir nada.

-Esos argumentos, ¿le suenan a excusa?

-(Silencio) No sé... ¿Excusa? Excusa, no. Suena más a prejuicios.

-¿Prejuicios?

-Sobre una decisión ya tomada, que se pretende argumentar de forma técnica... Es una titulación que se imparte en España, que tuvo mucho éxito en la escuela, porque hay muchos profesionales de nuestra comunidad muy bien situados que hicieron esa especialidad, porque el ingeniero del año en su discurso se refirió a esta titulación como la que hubiera querido estudiar él... Ese papel para explicar sí lo hicimos en la Universidad, donde nos correspondía hacerlo.

-El rector volverá a intentarlo. ¿Hay margen para la esperanza teniendo en cuenta los argumentos del Principado?

-La esperanza nunca la vamos a perder, llevamos casi diez años esperando. Estaremos siempre abiertos a lo que se nos diga, a retocar lo que haya que retocar... También es cierto que la respuesta del Principado no deja mucho margen al optimismo. Si nos hubieran pedido reducir el coste, estudiaríamos a ver si es posible... Pero en estas condiciones, me parece difícil. Respetamos la decisión, pero no da juego para ser optimista. Eso sí, nosotros vamos a intentarlo.

-Decía que la argumentación del Principado, apuntando que había demasiadas ingenierías, podría lastrar el desarrollo de otras titulaciones. ¿Pensaba en la propuesta de la EPI para contar con un grado de Ciencia e Ingeniería de Datos?

-Sí. Es un argumento extremadamente preocupante, que no sería aplicable solo a Organización Industrial, sino a cualquiera. No es cierto ese argumento y es peligroso. Hay titulaciones cuya evolución es menos variable, pero en las ingenierías eso no sucede. Nos jugamos lo que queremos ser como comunidad. En la Universidad se forma a los recursos humanos adecuados, con como las carreteras se ponen para que la industria se mueva... Si ponemos personas de un determinado nivel, tendremos empresas de ese nivel. Apostamos porque hay que estar en Primera División. Y eso tiene un coste, como todas las demás cosas. Y ahí sí políticamente se tiene que decidir. Pero decir que hay muchas titulaciones de Ingeniería es un argumento pobre.

-Con el planteamiento de Ingeniería de Datos se abren nuevos campos...

-Los profesionales adecuados ya los tenemos, es un planteamiento semipresencial, que nos abre un campo nuevo, donde la Universidad tiene muy poco hecho. Y su coste también es bajo. No estamos pidiendo aberraciones, sabemos dónde estamos. Son titulaciones estas, como la Ciencia de Datos, y otras que están surgiendo donde conviene estar si se tiene capacidad. Y se tiene. La competencia entre universidades es cada vez más intensa. Hay que especializarse, buscar nuevos campos. Todo anticipa que con el planteamiento de los últimos 400 años de la Universidad, solo sobrevivirían algunos centros, lo dicen mil informes.

-Este es el último año de su mandato. ¿Volverá a presentarse?

-No he pensado todavía en ello. Queda todavía mucho tiempo por delante. Estamos en una vorágine continua, es todavía pronto, tenemos muchos proyectos pendientes. Ahora mismo, estoy ilusionado, contento y tengo un equipo excepcional.

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