«Ojalá haya un milagro y no llueva»

«Ojalá haya un milagro y no llueva»
La imagen del Nazareno en el interior de la iglesia San José y custodiada por una veintena de cadetes de policía. / DANIEL MORA

La procesión del Encuentro es la segunda que se cancela esta Semana Santa

LAURA CASTRO GIJÓN.

«Ojalá haya un milagro y no llueva». Así lo pedían Marisa Santirso y Ricard Martín, dos devotas de la Semana Santa de Gijón que ayer se quedaron «disgustadas» al ver cómo la procesión del Encuentro se suspendía a causa de la lluvia. Tan solo la de las Lágrimas de San Pedro o el Silencio gozó de un día primaveral y pudo recorrer las calles con sus pasos.

«De tres llevamos una y nos tememos que las de mañana (por hoy) y el viernes se suspendan también. Depositaremos la esperanza en las del sábado y el domingo. Es una pena que el trabajo realizado durante todo un año no pueda lucirse», lamentó Iván González, hermano mayor del Santo Sepulcro. En términos similares se expresó su homólogo de la cofradía de la Santa Vera Cruz quien aseguraba estar «resignado» ante «el sinsabor» de quedarse sin procesión por segunda vez. «Otro año será», comentaba.

Cofrades y fieles se mostraron decepcionados por no poder presenciar una de las estaciones más simbólicas del camino del Calvario, cuando las hermandades de la Santa Vera Cruz, la Santa Misericordia y el Santo Sepulcro escenifican a los pies de la estatua de Pelayo el momento en el que la Verónica enjuga el rostro de Jesús Nazareno. «Es una de las procesiones más bonitas. Es una pena que la lluvia no dé tregua, pues es algo digno de ver por la emoción que transmite», expresó contrariada la devota Pilar Expósito. Esta gallega afincada en Gijón desde hace ocho años indicó que «la peor parte es para los cofrades por el trabajo que desempeñan durante tantos meses».

Los cadetes, a cubierto

La suspensión del Encuentro también fue una decepción para la veintena de cadetes de la Academia de Policía Nacional de Ávila que se desplazaron a Gijón para custodiar los pasos a lo largo de toda la procesión. «Nos hacía ilusión, nos autorizaron para venir un día antes solo para esto y da rabia. Teníamos ilusión de colaborar con esto y más porque nos contaron que la del año pasado había salido muy bien», aseguraron dos cadetes. Su labor, finalmente, se limitó a custodiar a cubierto la imagen del Nazareno.

La Agrupación Musical del Sagrado Corazón de Jesús de Oviedo cambió las marchas musicales por un papel protagonista en el inicio y cierre de los actos de celebración en el interior de la iglesia de San José. «Cuando llevas tiempo organizando un acto lo que quieres es que salga todo bien para poder lucirlo, pero no ha sido así. Nosotros no nos llevamos la peor parte, pero también nos da rabia no poder salir», señalaron Amador Valdés y Manuel Llamazares, músicos de la agrupación ovetense.

Finalmente, en el interior del templo se celebró una parte de lo que estaba previsto hacerse en la plaza del Marqués. El hermano mayor de la Santa Vera Cruz comenzó el acto acordándose de quienes ya no están. «Os pido que nos acompañéis en una oración por el padre José Luis Díaz y por nuestro hermano Cascos, que nos dejaron este año», solicitó. En una iglesia abarrotada, el párroco don Fernando Llenín continuó con la lectura de las dos estaciones del Vía Crucis y para finalizar, el capellán don Luis recitó el sermón que iba a proclamar a los pies de la estatua de Pelayo. «A pesar de la lluvia, acompañamos aunque sea espiritualmente a Jesús. Las calles de Gijón se iban a convertir hoy en aquella primera Jerusalén», proclamó el capellán. No pudo trasladar su mensaje en la plaza del Marqués, pero se encargó de que todos los fieles presentes en el templo lo recibieran: «Ofreced siempre la otra mejilla y perdonad hasta setenta veces siete».

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