«Los profesores nos exigían un esfuerzo constante»

José Miguel Fernández, Esteban Fernández Rico, Milagros Madiedo, Faustino García Zapico y Manuel Santiago López, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. / JORGE PETEIRO
José Miguel Fernández, Esteban Fernández Rico, Milagros Madiedo, Faustino García Zapico y Manuel Santiago López, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. / JORGE PETEIRO

Esteban Fernández Rico, premiado por los Antiguos Alumnos del Jovellanos, reivindica el papel de la educación

SARA GARCÍA ANTÓN GIJÓN.

Una evocación de los orígenes y una defensa a ultranza de la educación desde la base guiaron el emotivo discurso, jalonado de vivencias personales, con el que Esteban Fernández Rico recibió ayer el galardón de Alumno Distinguido que concede la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos del Real Instituto de Jovellanos. Lo hizo ante una sala repleta de amigos y familiares. Y entre estos últimos, la pequeña Manuela, su nieta, que ayer cumplía tres meses.

Fernández Rico, decano del Colegio de Ingenieros Industriales, se remontó a su Boal natal y viajó hasta La Habana de principios del siglo XX para explicar la tesis principal de su discurso: «Soy el resultado de la educación y la tecnología». Educación de la que empezó a imbuirse en la escuela de Los Mazos, su pueblo, donde su padre era el maestro. Una escuela fundada en 1928 desde la capital cubana por una sociedad de emigrantes que habían partido de Boal en busca de una vida mejor. «Yo vengo de esa escuela, de un sistema educativo en el que se compartía todo, aprendizaje y juego», detallaba al tiempo que apuntaba que de esa época de juegos le viene su afición de coleccionar peonzas. Y una vinculación por la tecnología en la que su formación en Ingeniería le permite seguir ahondando. «Tuve la suerte de estudiar Ingeniería Industrial», contó de una trayectoria educativa que como alumno se formó en el Instituto de Jovellanos, con unos profesores que «marcaban una educación que suponía un esfuerzo constante» y que agradeció. Junto a él, Faustino García Zapico, educador y coordinador de la UTE ( Unidad Terapéutica y Educativa) de Villabona, recibía el premio Campanil y hacía una intensa defensa de la labor que se ha venido realizando en este centro que a día de hoy «no responde» a aquella función con la que nació y que se vio interrumpida en 2012.

«Era un espacio alternativo, educativo, frente a la escuela de delincuencia que es la prisión tradicional. Hoy, resistimos para evitar que la UTE desaparezca», lamentó al tiempo que agradeció el apoyo de los colectivos que respaldan su actividad.

La concejal gijonesa Montserrat López, presente en el acto, calificó de «excelente» el trabajo de la UTE y le transmitió el apoyo de la Corporación. Respaldo que también dará a la asociación de antiguos alumnos para ayudar a organizar una exposición que conmemorará el 225 aniversario del Instituto de Jovellanos el año que viene, apuntó el presidente de este colectivo, Manuel Santiago López, durante un acto en el que José Miguel Fernández -«un institutista acérrimo», se definió- fue nombrado presidente de honor. Y en el que se rindió tributo a los socios de honor -Ana María Calleja, Manuela Díaz, Luisa Hernández, María Josefa Modia, Fernando García, José Carlos Braña, Alberto González y Manuel Rubia- y se rindió un sentido homenaje póstumo a quien fuera tesorero ocho años, José Ramón Álvarez Miranda. Fue su hija, Graciela, quien recogió la distinción.

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