Quince años de agujas solidarias

Quince años de agujas solidarias

Las voluntarias de Cáritas de la parroquia de San José organizan un mercadillo benéfico con los artículos que cosen durante el año

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Empezaron «en broma» y ya llevan quince años reuniéndose un par de tardes a la semana para coser, tejer y, sobre todo, charlar. Son un grupo de parroquianas de la iglesia de San José que comenzaron pidiéndole al párroco una habitación donde hacer costura y, poco a poco, se fueron metiendo en «un fregao» tal que la de este diciembre es la decimoquinta edición de su mercadillo solidario.

En él venden los artículos que elaboran a lo largo de todo el año en un taller de corte y confección en el que voluntarias de Cáritas y mujeres sin recursos comparten experiencias y se ayudan mutuamente. Resguardadas en el pórtico de la iglesia, estas costureras solidarias ofertan pura artesanía hecha con cariño e imaginación bajo la atenta mirada de Meli Alonso, que ejerce de profesora. «Todo son labores artesanas que hacemos en el taller de costura con las donaciones de retales y materiales de mercerías», subraya. Horas y horas de trabajo y paciencia que se materializan en los bordados de punto de cruz que adornan juegos de toallas, rodillos y mantelería; en bufandas, baberos, bolsas de pan y 'cubrejamones' que se venden «muy bien, sobre todo entre gente que ya nos conoce y viene todos los años».

Pero las reuniones donde confeccionan los productos del rastrillo sirven para mucho más que para recaudar más de 6.000 euros al año. «Funcionan como una terapia de grupo. Las mayores nos contamos nuestros disgustos, la savia nueva comparte sus problemas y así nos ayudamos unas a otras», cuenta Meli. «Me ayudaron mucho», recuerda María Caamaño, que llegó de Chile hace trece años y conoció el taller hace once. «Es como el recreo del colegio, lo pasamos genial».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos