«Quitar la renta social sería un palo gordo, supondría dar marcha atrás»

Solicitantes de la renta social, en el Ateneo de La Calzada. / D. ARIENZA
Solicitantes de la renta social, en el Ateneo de La Calzada. / D. ARIENZA

Las entidades que apoyan a los más desfavorecidos temen los recortes en este ámbito, pero reconocen la complejidad de mantener la ayuda

I. VILLAR / P. LAMADRID GIJÓN.

Los colectivos sociales de la ciudad temen que el incumplimiento de la regla de gasto por parte del Ayuntamiento traiga consigo importantes recortes en este ámbito. La alcaldesa, Carmen Moriyón, apuntó directamente a los pagos de la renta social de 2017 como una de las principales causas de esta situación. «Quitarla sería un palo gordo; fue un avance y supondrá dar marcha atrás», señaló ayer la directora de la Fundación Albergue Covadonga, Cristina Avella.

Reconoce que es un asunto complejo y que la duración de la renta social municipal «siempre estuvo bajo la espada de Damocles, pero, si se rebaja o retira esta ayuda, se recorta en los derechos de las personas». Los beneficiarios ya se han creado unas expectativas, recalcó, por lo que retirar ahora esta aportación «les desincentivaría». «Reivindicamos al Ayuntamiento que recorte de otro lado, pero no del ámbito social porque incluye lo más básico de los ciudadanos», subrayó Avella. Una opinión similar trasladó el director de Mar de Niebla. «Creo que es un error intentar buscar la culpabilidad del incumplimiento de la regla de gasto en la inversión social», indicó Héctor Colunga. La clave, señaló, está en «ver cómo orientar y gestionar los recursos hacia donde tienen que ir, es decir, a hacer que las personas tengan una vida digna». Certificó que la renta social está llegando a los gijoneses, aunque no se está desarrollando como se planteó inicialmente. El ordenamiento jurídico impide que «funcione con dinero que las familias tuvieran a su libre disposición para poder distribuirlo a su conveniencia». Aunque no es la fórmula ideal, «el problema de cortar una iniciativa de este tipo de repente es que no podríamos medir el impacto de la propia ayuda» y evaluar si realmente es una medida adecuada.

Por su parte, el presidente de la Asociación Gijonesa de Caridad, Luis Torres, recordó que, desde el primer momento, «ya se dijo que el problema no era crear la renta social, sino mantenerla» y dependía de los presupuestos municipales. Admitió que en la situación actual en la que está inmersa parte de la población, debido a la elevada tasa de desempleo, «todas las ayudas que se hagan vienen bien». Pero mantener esas cantidades de apoyo a los más desfavorecidos «es algo mucho más complejo porque dependerá de cómo resuelvan los temas los ayuntamientos, el Principado y la propia nación».

Mantener otros programas

En este sentido, Torres subrayó que la continuidad de la renta social no debe afectar a otros programas que vienen de atrás. «Lo lógico es que lo que se cree se mantenga. Pero este es un problema muy complejo y todo va condicionado a los medios que verdaderamente se tienen o con los que se puede contar», añadió.

El director de Proyecto Hombre, Luis Manuel Flórez 'Floro', también reconoció la dificultad del asunto: «Si das una ayuda, levantas unas expectativas. Evidentemente, si en un momento determinado, por la razón que sea, la tienes que reducir o quitar, siempre va a generar una serie de problemas». Para Floro, la raíz del conflicto está en «la finalidad, el cómo damos las ayudas, los criterios... Todo eso es lo que está pendiente. ¿Son formas de ayudar a la gente o hay que ir a otro tipo de fórmulas? No lo sé. Eso se ve andando y aprendiendo».

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