Repartiendo 'calor' en las calles

Los serenos y los miembros de la Cruz Roja que participaron en el último día de reparto de mantas. /
Los serenos y los miembros de la Cruz Roja que participaron en el último día de reparto de mantas.

Personas sin hogar reciben mantas, bebidas calientes y comida durante la ola de frío

LAURA CASTRO GIJÓN.

El gélido temporal que azotó estos días la región obligó a activar el protocolo 'Ola de frío', una situación a la que se llega cuando las temperaturas caen por debajo de los cinco grados. La red de atención a personas sin hogar ha puesto en marcha medidas extraordinarias para actuar entre quienes viven en la calle, colectivo que pasa a ser aún más vulnerable por el riesgo de sufrir cuadros graves de hipotermia.

Para ayudarles a luchar contra las frías noches del 5 al 13 de febrero, Cruz Roja desarrolló, de manera conjunta con la Fundación Municipal de Servicios Sociales, el referido protocolo para paliar los efectos de la brusca bajada de temperaturas. Los voluntarios recorrieron las calles repartiendo mantas, bebidas autocalentables, mojicones (bizcocho) y galletas. «Antes les dábamos barritas energéticas, pues necesitan calorías para aguantar la noche a la intemperie. Sin embargo, nos percatamos de que muchos no tenían dentadura y les costaba comerlas. Por eso optamos por algo más blando como los mojicones, que al fin y al cabo son magdalenas grandes», detalló Jorge Fernández, responsable del servicio de Salud, Socorros y Emergencias de Cruz Roja. La institución humanitaria no está sola en esta importante tarea. Se ayudan con una furgoneta para transportar las mercancías y les acompaña una unidad de técnicos de ambulancias, una dotación de la Policía Local y varios serenos. Sin estos últimos, señaló Fernández, «sería mucho más complicado localizar a los sintecho». Serenos y Policía diseñan un recorrido en función de las zonas que suelen frecuentar las personas sin hogar. «Son quienes mejor conocen las calles y saben por dónde se mueven, aunque a veces es complicado pues muchos son itinerantes», apuntó Fernández.

El perfil más habitual, sin embargo, no cambia. Los últimos años, la mayoría de las personas que habitan en las calles son varones mayores de 45 años. «Durante estos días hemos ayudado a unas diez personas cada noche, la mitad de los que había en 2017», destacó Fernández. A pesar de que desconocen a ciencia cierta el porqué de esta reducción, barajan una teoría conjunta con la Policía Local y los serenos. «Hay menos gente durmiendo sin un techo, pero eso no significa que tengan un hogar como tal. Muchos pernoctan en naves e inmuebles abandonados y otros acuden al Albergue Covadonga, donde disponen de un centro nocturno de baja exigencia al que pueden acudir, incluso, con sus mascotas», planteó Fernández.

Cruz Roja asistió durante el temporal a la mitad de gente que en el año anterior«Muchos carecen de dentadura y tuvimos que cambiar las barritas por magdalenas»

El lunes, el peor día

Todo aquel que la solicite, dispone de una cama donde pasar la noche en el Albergue Covadonga. Así lo aseguró su directora, Cristina Avella, quien destacó que «todo el mundo fue atendido durante la ola de frío». El centro nocturno de Calor y Café, servicio integrado en el albergue desde octubre de 2015, llegó al cupo máximo de veinte plazas en las jornadas en las que la amenaza por bajas temperaturas fue acusada.

Aun así, apuntó Avella, «no se quedó nadie en la calle, pues abrimos las puertas del resto de instalaciones del albergue». Señaló, además, que tras la ampliación que se llevó a cabo hace dos años, no han vuelto a tener problemas de capacidad, ni siquiera en plena ola de frío. Es más, incluso en los días en que se registraron las temperaturas más bajas, como en la noche del antroxu, quedaban ocho plazas para hombres y otras veinte para mujeres, del total de 48 que tienen disponibles en el centro.

«El pasado lunes fue el peor día del temporal y tuvimos nueve entradas de emergencia», explicó Avella. Esta terminología no hace referencia a la urgencia de acogida, si no que a una manera de nombrar las entradas de última hora. «Siempre hay posibilidad de dormir bajo un techo», aunque, añadió, «si alguien no quiere pernoctar en el albergue, le facilitamos mantas».

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