«El respeto al mar es lo primero»

Manu Ruiz posa rodeado de tablas de surf. / DAMIÁN ARIENZA
Manu Ruiz posa rodeado de tablas de surf. / DAMIÁN ARIENZA

«Antes no había chicas surferas, ahora cada vez son más», afirma este veterano de San Lorenzo

PABLO ANTÓN MARÍN ESTRADA GIJÓN.

Una mañana más de este julio con rostro casi otoñal el sol no ha aparecido ni a fichar a primera hora de la jornada. Los paseantes recorren el Muro y son pocos los optimistas que se deciden a bajar a la arena. Apoyados en las barandillas del paseo grupos familiares y observadores dispersos contemplan el mar, manso como la brisa que no se esfuerza mucho en soplar el nordés. Manuel Ruiz (Gijón, 1976) 'Manu' otea el panorama desde la otra acera de la avenida Rufo García Rendueles, asomado a la puerta de la Escuela de Surf Skoolsurf, que dirige con su socio Dani Aznar. Y si se le pregunta cómo ve él el mar, su cerebro parece dividirse entre su mirada instintiva de surfista que ha pasado miles de horas escrutando las olas de San Lorenzo y la del responsable de un centro de formación para nuevos practicantes del deporte. El surfista vería un mar poco atractivo; el docente, en cambio, ve otro mar: «Hoy está genial para los chavales que empiezan».

Manu explica que para sus alumnos más jóvenes y, en general, para los que se suben por primera vez a una tabla estos días de oleaje dócil «facilitan mucho el aprendizaje y se agradecen». A los adultos que acudan a su escuela o a cualquier otra con el propósito de perfeccionarse o avanzar en su práctica, en cambio, les aconseja que antes de inscribirse consulten el estado previsible del mar, porque a éstos si les conviene que haya olas curiosas: «Hay que esperar una buena semana para apuntarte a las clases y poder aprovecharlas», añade.

-¿El surf se lleva en las venas y se descubre en una escuela?

«Hemos tenido varios casos imposibles, de decirles que difícilmente podrían aprender»

-Cuando yo empecé no había escuelas, te llamaba la atención el mar y aprendías por tu cuenta. Ahora los niños cada vez empiezan más pronto, unos vienen por que les atrae el mar, otros porque les traen sus padres: es en la escuela donde pueden saber si realmente les gusta y quieren seguir.

¿Y las chicas? En la época en la que comenzó a surfear Manu no había escuelas y tampoco demasiadas mujeres sobre una tabla: «Antes no había ninguna chica y cuando había alguna era como '¡vaya!'... Hoy en las escuelas de surf nos visitan más niñas que niños», señala. Algunas de esas alumnas han ido convirtiéndose en monitoras y otras destacan en la competición desde muy pequeñas: «Tenemos una niña de Madrid, que es campeona en esa comunidad y compite en el circuito asturiano, viene todos los fines de semana», cuenta orgulloso su profesor.

-¿Y los padres? ¿Estorban mucho?

-Como en todos los deportes creo que es bueno que los padres estén un poco alejados porque a la menor duda el niño puede verlos y salir corriendo. Si yo fuese padre estaría cerca, pero desde un lugar no visible.

-¿Han tenido algún caso imposible?

-Varios. De tener que decirles que difícilmente podrían aprender. Era cuestión de actitud. Aunque ellos disfrutaban en el agua y es una de las virtudes de este deporte: experimentas sensaciones únicas.

La escuela se va llenando de jaleo por la llegada de un grupo de alumnos con sus tablas. Y con ellos la pregunta cuya respuesta todos ya saben: «¿Qué es lo primero que les enseñan?». Manu responde sin dudas: «El respeto al mar. Luego viene todo lo demás». Al fondo, en la playa, las olas les llaman.

Temas

Gijón, Surf

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos