El retablo de la iglesia de San Lorenzo, en rehabilitación a causa de la carcoma

El retablo de San Lorenzo, ya cubierto con los andamios y la lona protectora.
El retablo de San Lorenzo, ya cubierto con los andamios y la lona protectora. / JOAQUÍN PAÑEDA

El templo, cerrado hasta mañana por la tarde «por seguridad», alojará en su interior un andamio durante dos meses hasta que finalicen las obras

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

El retablo de la iglesia de San Lorenzo de Gijón no podrá ser contemplado por los feligreses de la parroquia durante, al menos, los dos próximos meses. El motivo, una plaga de carcoma que ha puesto en riesgo la integridad de la obra y, por tanto, ha obligado a tomar medidas de carácter urgente. «No hace mucho nos dimos cuenta de que empezaba a tener por encima un polvillo extraño. Por eso consultamos a expertos para que nos hicieran un diagnóstico», explica Herminio González, párroco de la iglesia.

Después del examen, se concluyó que el retablo «presenta un importante ataque de carcoma en la madera y un oscurecimiento del dorado y colores que decoran la talla gótica por la oxidación de su barniz», según recoge el informe. Por ello, se tomó la decisión de no perder más tiempo y comenzar las obras lo antes posible para que así los daños sean los mínimos posibles. De esta forma, ayer ya se procedió a instalar una lona protectora y unos andamios que permitan aunar las obras de rehabilitación y los distintos cultos que se dan en el templo.

A corto plazo, el templo estará cerrado hasta mañana por la tarde por «motivos de seguridad». A partir de ahí, las misas se ofrecerán en paralelo a las obras hasta que se finalicen los trabajos. Se espera que los andamios puedan ser retirados el próximo 15 de marzo.

Aprovechando la rehabilitación del retablo, al que se le aplicará un «tratamiento curativo y preventivo para eliminar los insectos e impedir futuros ataques mediante la paciente inyección de insecticidas específicos», se procederá a limpiar las distintas imágenes del templo. «No les pasa nada pero ya que estamos metidos en el lío las limpiamos y las dejamos como nuevas», apunta González.

La época adecuada

La época escogida para las obras, que ascienden a unos 20.000 euros, no es tampoco casual. Tal y como asegura el párroco, enero y febrero son los meses con menos cantidad de actos en la iglesia. «En verano, además, viene mucho turismo por aquí. La gente seguro que se quedaría mirando preguntándose por qué no se hicieron en otra época», añade González.

Ante esta situación, sin embargo, el párroco ha tirado de humor para quitarle hierro al asunto. Ya en una misa de la semana pasada, una vez conocida la situación del retablo, compartió la información a los vecinos. «Hay una feligresa que se ha afincado en nuestro templo y no hay forma de echarla. Fue el regalo que nos trajeron los Reyes y no se si alguien querrá acogerla en casa», afirmó con sorna ante la risa de los parroquianos.

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