Ricardo, 'el Colchoneru'

Ricardo 'el Colchoneru', con su inseparable tambor. / AURELIO FLÓREZ
Ricardo 'el Colchoneru', con su inseparable tambor. / AURELIO FLÓREZ

Tamboritero de referencia en el folklore asturiano, sus inconfundibles repiques han resonado en medio mundo

POR GLORIA POMARADA GIJÓN.

Ricardo Moreno Piñera es un tamboritero «de los de antes», de los que acompasa el repique al son de la gaita y marca en la melodía su forma de entender la música. «En el tambor tiene que haber recreo», es una máxima que comparte con compañeros y alumnos en la que deja constancia de su tocar fluido y gozoso, sin imposiciones ni partituras. Un estilo que ha forjado durante los últimos cuarenta años y que le ha convertido en una figura del folklore asturiano, donde el nombre de Ricardo 'el Colchoneru' resuena entre la admiración y el aprecio.

Su apodo compendia una tradición familiar que se remonta más de medio siglo atrás. Su padre, natural de Salamanca, recaló en Gijón y en la calle Begoña abrió una colchonería que, en 1966, se trasladaría a la avenida de la Costa. Ricardo respiró el oficio de colchonero desde su nacimiento, hace 65 años, en la calle Santo Domingo del barrio de Ceares. Allí residió hasta los tres años, cuando la familia se trasladó unas calles más abajo, hasta San José.

TRABAJO Y AFICIONES

Colchonería
Hasta marzo, estuvo al frente de la colchonería familiar de la avenida de la Costa, abierta por su padre en 1966.
Tambor
Aprendió a tocar a los 25 años con Pepe Blanco. Desde entonces ha tocado en Bélgica, México, Cuba o Santo Domingo.
Montaña
Con su hermano José Luis coronó el Nevado de Acay, un seis mil metros de los Andes, y llegó al campamento base del Everest.

'El Colchoneru' comenzó a trabajar en el negocio familiar a los catorce años, en unos tiempos en los que el trabajo trascendía la mera venta de productos. Los colchones, aún de lana, constituían una suerte de creación artesanal que pasaba por coser y varear el material a mano, un auténtico oficio. A Ricardo le tocó vivir el paso de la lana a los muelles, allá por los años setenta. Como en la música, su querencia por la tradición le llevó a no olvidar los viejos colchones de lana. El último, cuenta, lo vendió en 2007.

Desfila hoy en el Arcu Atlánticu con la misma ilusión que en su primer concierto hace 40 años

La música entró en su vida hace cuarenta años a través de su hermano José Luis, quien se interesó por la gaita y animó a Ricardo a aprender tambor. Así lo hizo todo un invierno, el de sus 25 años, en los bajos del antiguo mercado San Agustín, donde el entonces gaitero mayor de Gijón, Pepe Blanco, impartía clases. Eran unas lecciones sin la metodología actual, en la que el sentido del ritmo y un buen oído musical constituían el eje del aprendizaje. Hasta que su primer instrumento llegase de la localidad de Vega del Ciego, en Pola de Lena, Ricardo ejercitaba sus repiques a la mesa, con cucharas y tenedores como baquetas.

Una vez finalizado su periodo de aprendizaje continuó adentrándose en la percusión de forma autodidacta. Reproduciendo una y otra vez antiguas grabaciones de referentes del tambor como Serafín Álvarez 'el Redoblante de Quintes', Javier Díaz 'el de Arroes' o 'el Xiarreru' fue sacando de oído los toques y, cogiendo lo mejor de cada uno, forjando su propio estilo.

Aún recuerda 'el Colchoneru' su primera actuación, un día de San Martín de hace cuatro décadas en Veriña. Desde ese día, los conciertos se le fueron acumulando, primero en fiestas junto a Juan Carlos Varela y, más tarde, con otros gaiteros a los que fue conociendo. Juanín 'el de Somió' fue su compañero hasta que conoció a Armando Fernández Robledo, maestro de Hevia. Gaitero y tamboritero se encontraron por casualidad en las fiestas de Santiago de Ceares, allá por los años ochenta. Fernández Robledo, entonces en el Grupo Covadonga, escuchó tocar a 'el Colchoneru' y le invitó a pasar por sus instalaciones para mejorar la técnica. «Me dijo 'estás muy verde'», recuerda Ricardo. Juntos tocaron diez años, una época dorada en la que llegaron los primeros premios mientras las actuaciones se acumulaban en lugares de medio mundo, como Bélgica, Portugal, México, Santo Domingo o Cuba.

Una vez adquirida la experiencia, Ricardo comenzó su labor como profesor. Eva y Eduardo, hijo de su compañero Armando, fueron sus pupilos más aventajados. Los jóvenes acudían a la colchonería tras el cierre, a las ocho de la tarde, y allí fueron empapándose de los conocimientos del maestro del tambor. Eduardo pasaría entonces a formar pareja con su padre y 'el Colchoneru' con el gaitero Iván Rionda, al que lleva ligado desde 1995.

Cuentan que no hay plaza de Gijón en la que no hayan resonado su gaita y tambor. Ambos formaron junto a otros seis músicos la banda El Cocu de la Manzana, con la que tocan desde piezas tradicionales hasta temas de Nino Bravo. El dúo acumula anécdotas de sus aventuras musicales, como aquella vez en la que tocaron en el funeral de un «señor venido de América que quiso que mientras le enterraban sonase la gaita». Tocaron una marcha fúnebre, rememoran.

A sus 65 años, Ricardo Moreno echó el cierre a la colchonería el pasado mes de marzo, pero su agenda como jubilado está incluso más repleta que en sus días de trabajo. Desde mayo hasta octubre tocará por toda Asturias el xiringüelu, el pericote, jotas o muñeiras, piezas predilectas que aún le despiertan las emociones de aquel primer concierto en Veriña. En Gijón, los toques de tambor de 'el Colchoneru' desfilarán hoy en la marcha del Arcu Atlánticu.

Los achaques de salud le han apartado de su otra gran afición, la montaña. Con su hermano José Luis «se pateó» los Picos de Europa, ascendió al campamento base del Everest y coronó la cima del Nevado de Acay, un 'seis mil' de Los Andes, donde depositaron una réplica en escayola de la Santina. El peso de los años le ha alejado de las cumbres, pero no de la música. A su tambor le quedan muchos repiques.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos