«Están en riesgo estudios que llevan más de veinte años de investigación»

Javier Cristobo, con una estrella de mar en uno de los laboratorios del centro. / PALOMA UCHA
Javier Cristobo, con una estrella de mar en uno de los laboratorios del centro. / PALOMA UCHA

«Hasta ahora estamos saliendo adelante gracias a la profesionalidad y el compromiso de nuestro personal», asegura Javier Cristobo, director del Centro Oceanográfico de Gijón

LAURA CASTRO GIJÓN.

La crisis económica golpeó duramente a todos los sectores, pero los recortes en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) han sido los que han pasado más inadvertidos, pues muchas veces «los ciudadanos desconocen sus aplicaciones». Así lo asegura Javier Cristobo (Ares, Galicia, 1963), director del Oceanográfico de Gijón, quien afronta actualmente un nuevo capítulo de dificultades con la prórroga presupuestaria. «Tenemos las manos atadas y muchas investigaciones en riesgo. No podemos hacer ningún tipo de gasto», asegura. Pone en valor el trabajo de su personal y remarca que «sin una base, como la que proporcionamos nosotros, no habría otros avances científicos, por ejemplo, en el campo de la medicina».

-¿Cuánto tiempo lleva como director del Oceanográfico?

-Desde el 31 de enero de 2009. Aprobé unas oposiciones para investigador titular en organismos públicos y la plaza era para Gijón. Llegué a esta ciudad en 2006 y un par de años después me ascendieron.

-Llegó a la dirección en pleno inicio de la crisis económica. ¿Cómo afectaron los recortes al centro?

-La reducción presupuestaria nos llevó a hacer ajustes y a apretarnos el cinturón. No fue algo exclusivo de la investigación, afectó también a la industria y a los ciudadanos de a pie. En nuestro caso, los recortes se notaron sobre todo en recursos humanos. Pasamos de ser cincuenta investigadores a quedar solo treinta en los últimos cinco años. No nos quedó más remedio que ir adaptándonos, el problema ahora es un añadido más grave.

-¿Cuál es la situación actual?

-La prórroga presupuestaria nos impide disponer del dinero que ya tenemos concedido por organismos nacionales y por otros europeos. Es probable que hasta junio no se aprueben las cuentas del Estado y eso supone un retraso brutal. Y no podemos parar de investigar. El problema es que lo estamos haciendo sin gastos, tirando de las muestras y los materiales de los que disponemos en el laboratorio y en stock y de equipos que se están quedando obsoletos. También necesitamos contratar personal relacionado con los proyectos y no podemos.

-¿Han tenido que paralizar alguna investigación?

-No se pueden hacer compras para ningún proyecto y eso implica que ralenticemos el desarrollo a la espera de que se aprueben esos presupuestos. Hasta el momento, no hemos tenido que cancelar ninguna campaña ni ninguna salida, pero lo hemos logrado a base del esfuerzo de nuestro personal. Es de agradecer su profesionalidad y su compromiso.

-¿Cree que tendrán que acabar haciéndolo?

-Es un peligro que está ahí. Están en riesgo estudios que llevan más de veinte años de investigaciones. Son series de datos que no puedes paralizar. Es decir, no puedes estudiar, por ejemplo, el cambio climático durante veinte años, parar uno por falta de presupuesto y continuar después. La pérdida de datos sería enorme y afectaría gravemente a los resultados finales de la investigación. Por eso agradecemos las visitas de los representantes políticos a nuestro centro. Demuestran interés y así conocen de cerca las condiciones en las que trabajamos.

-¿Cuáles son las principales líneas de trabajo que están desarrollando actualmente?

-La mayor parte de nuestro personal está dedicado a la ecología planctónica, estudian los seres vivos micro y macroscópicos que viven en los senos de las aguas. Otra línea es la bentónica, centrada en los organismos que viven unidos al fondo o bien dependen de él. Es el caso de algunos pescados comerciales como el pixín y el rodaballo. También analizamos datos físicos y químicos del océano y de las lonjas y especies pesqueras. Actualmente, estamos estudiando cómo sustituir los antibióticos en el cultivo de peces y otras especies marinas.

-¿Qué aplicaciones tienen estas investigaciones?

-Parecen terminologías muy complejas, pero asentamos las bases para futuros avances científicos en otros campos. Podemos utilizar los datos que recopilamos para prever las consecuencias de un problema. Por ejemplo, gracias a las muestras que llevamos recogiendo durante muchos años en El Musel podemos predecir cómo afectaría a nuestro ecosistema marino una catástrofe similar a la del 'Prestige'. También podemos conocer el impacto que tendrían algunas especies invasoras y explicar, entre otras cosas, por qué han desaparecido los grandes bancos de algas de la zona occidental de Asturias. Todo parece indicar que es una consecuencia del cambio climático que llevamos varios años midiendo.

-Las conclusiones de sus estudios, ¿pueden llegar a influir en las políticas pesqueras?

-Por supuesto. Ahora las cuotas están en boca de todos por las restricciones que impone la Unión Europea ante el riesgo de desaparición de ciertas especies. En nuestro caso, podemos predecir cuántos ejemplares de juveniles y adultos de un pescado comercial habrá de cara a la próxima campaña. En el plancton están los huevos de muchas especies de pescados comerciales. Podemos contabilizarlos para conocer el stock de bocartes, por ejemplo. Con esto ayudamos a los gobiernos a determinar si es necesario aumentar o reducir una determinada cuota.

«Los grandes desconocidos»

-Ha realizado ocho campañas en la Antártida, la última hace dos años. ¿En qué consisten?

-Es en sí un laboratorio, pues se ha mantenido intacto al estar tan alejado del impacto del hombre. Lo mismo sucede en las profundidades, como las del Cañón de Avilés o el Cachucho. Son áreas muy poco estudiadas. Son los grandes desconocidos de este planeta. Allí partimos de cero y estamos descubriendo nuevas especies.

-¿Cuál es su importancia?

-Hay organismos que se protegen de sus depredadores con un caparazón o una concha, pero muchos otros lo hacen con una barrera química. Fabrican sustancias repulsivas y tóxicas que alejan a esos atacantes. Están compuestas de elementos fúngicos, antibacteriales y antivíricos. Esto es importante, pues hace que sean potencialmente utilizables en la investigación de la cura y tratamiento de algunas enfermedades como por ejemplo el cáncer. Sin una base como la que proporcionamos gracias a estudios e investigaciones como este, no podría haber avances científicos en otras áreas, como la sanitaria.

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