Jove ya huele a las rosquillas «sanadoras» de San Blas

María Rosa Casaprima, a la derecha, cierra los paquetes de rosquillas, junto a otras voluntarias.
María Rosa Casaprima, a la derecha, cierra los paquetes de rosquillas, junto a otras voluntarias. / ARNALDO GARCÍA

Más de una treintena de voluntarias empaquetan 650 kilos del dulce protector de la garganta para celebrar la fiesta parroquial

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

La casa parroquial de Jove huele desde ayer a rosquillas. Una deliciosa fragancia que se mantendrá hasta el viernes y que se debe a los 650 kilos de roscas que desde ayer están pasando por las hábiles manos de las voluntarias -y algún voluntario- que se afanan en guardarlas, de seis en seis, en las bolsitas que venderán el sábado a las puertas de la iglesia.

La fórmula parece sencilla. «Manteca, huevos y harina», explica Víctor Pando mientras supervisa la operación de empaquetado. Pero lo que marca la diferencia es «acertar con las proporciones exactas». «Y eso es secreto de Estado», bromea. Lo que está claro es que están buenísimas, «porque vendemos casi todas». «El que tiene fe porque cree que ayudan con los males de garganta y el que no, viene igual por su sabor».

La inflación no parece afectar a las rosquillas de San Blas, que cuestan lo mismo desde hace diez años: un euro. «Lo primero que haremos con el dinero será limpiar los canalones y revisar el tejado, porque hace tiempo casi nos cae encima la iglesia», explica Pando. La recaudación de la venta de las rosquillas es fundamental para el mantenimiento de una parroquia en la que «cada vez somos menos y los jóvenes no se implican mucho».

Pero de momento no faltan voluntarias, a pesar de que Pando crea que «con tanto barullo acabamos antes, pero es más complicado». Además de vecinas de Jove, entre los 36 pares de manos que empaquetaban ayer a toda velocidad había «mucha gente de El Natahoyo, La Calzada, incluso de la zona del Muro. Estamos muy contentos», comenta Lena Mari Álvarez.

María Rosa Casaprima, «de Jove de toda la vida aunque ahora viva en La Calzada», explica que «a las fiestas de San Blas viene muchísima gente de todas partes» y añade que las rosquillas vuelan. «El año pasado se agotaron a media tarde», asegura.

Las 120 cajas que están preparando tienen que quedar listas entre hoy y mañana, ya que el sábado se pondrán a la venta antes y después de la misa cantada de doce. Tras la celebración habrá una pequeña procesión y a las 18.30 horas tendrá lugar la tradicional misa con bendición de los niños.

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Jove, Gijón

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