El Motoweekend ruge en Gijón a ritmo de rock

Una exhibición de arte sobre dos ruedas a cargo del piloto Emilio Alzamora. / ARNALDO GARCÍA

Convertida en capital motera este fin de semana, su gran atracción es el 'Muro de la muerte', una pared de cinco metros solo para pilotos intrépidos

ANA SOLÍS

Este fin de semana, en las proximidades de El Molinón, es imposible no escuchar el furioso rugir de los motores. Concretamente, en el recinto ferial Luis Adaro, que, hasta mañana, acoge el festival Motoweekend. Decenas de miles de personas venidas desde todos los lugares del mundo acuden desde ayer a este encuentro que huele a gasolina, convirtiendo así a Gijón en la capital motera por excelencia durante estos días.

El festival repite por tercera vez consecutiva, pero, en esta ocasión, trae novedades. Porque a las motos de ocasión, los concursos de constructores con premio en metálico, el 'market', la zona de simuladores y las áreas infantiles se suma el 'Muro de la muerte'. «Lo traemos por primera vez y nadie puede perdérselo junto al 'stunt', el 'free style' y el 'trial'», invitaba Alberto Hernández, director del festival. «En la primera edición contamos con cerca de 20.000 visitantes. Ahora hemos abaratado el precio y doblado los contenidos, así que, como mínimo, contamos con llegar al mismo número», auguraba.

Y ayer, la primera jornada, fue todo un éxito, porque fueron muchos los que quisieron descubrir qué sorpresas se escondían tras los muros de los pabellones del recinto. Y también fuera, en el patio central, donde, entre bares, zonas musicales y mercadillos, se alzaba una enorme construcción de madera, idónea para acaparar todas las miradas. Delante de ella, un escenario rockero. Y, en su interior, el circuito más arriesgado y sorprendente del festival: ese famoso 'Muro de la muerte', la gran atracción.

Kristofe Werdyn y Raoul Carnet, ambos franceses, son los dos pilotos capaces de enfrentarse a este reto y demostrar, ante un público ansioso de adrenalina, que eso de dominar las dos ruedas es lo suyo.

«Rodamos en vertical, por las paredes, a cinco metros del suelo. En Europa, solo cinco personas saben hacer esto», explicaba Werdym. Las claves son máxima concentración, disfrutar y mucho entrenamiento. «Se necesita mucho trabajo para aprender a rodar de estar manera. Por eso somos tan pocos», apunta. Y el trepidante momento llegó. Pero no sin antes preparar el terreno a base de música y más espectáculo. Megáfono rojo en mano, Werdyn se encargó de llamar la atención de todo el festival. «Venid aquí, venid aquí», gritaba. Y la música del grupo de rock Loc Mac Ashley comenzó a sonar en el centro del cilindro de madera, como si fuesen la banda del 'Titanic', sin parar de tocar.

Los dos sonidos mimetizados, motores y rock and roll, y las tablas temblando. Werdyn y Carnet, apasionados, disfrutando como el público de su exhibición. De pie, sin manos y probando puntería con una pistola de fogueo, rodó el primero. Con la lengua fuera y sentado lateralmente, lo hizo el segundo. Y, también, simultáneamente, en paralelo, como si en vez de subir y bajar por la pared lo hiciesen por una larga e interminable carretera, sin ningún problema. El segundo pase de la exhibición (la entrada cuesta 5 euros) fue a las 21.30 horas, mientras que la música siguió sonando hasta las dos de la madrugada en la zona de conciertos.

Este festival no descansa. Hoy habrá 'stunt', 'free style', 'master class' con Lolo Pamanes, conciertos y durante toda la jornada y mañana más pases del 'Muro de la muerte'. Y, como broche de oro de este Motoweekend, clausura y fin de fiesta, a las 22.30 horas.

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