«No sabía lo que hacía, estaba drogado se me cruzó el cable y metí la pata»

Pablo P. G., ayer, en el juicio que se celebró en el Penal 1. Abajo, momento en el que la Policía Nacional consigue liberar a dos de las rehenes de la oficina bancaria asaltada el 7 de marzo. / P. CITOULA

El atracador de la oficina bancaria de Constitución declaró ante el juez que «veía visiones». El fiscal pide para él siete años y tres meses de cárcel

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

«Veía visiones y me decían cosas, no sé qué hice, debía de estar drogado...». Pablo P. G. se sentó ayer por la mañana en el banquillo de los acusados del juzgado de lo Penal número 1 como presunto autor del atraco con rehenes en una sucursal bancaria de CaixaBank en la avenida de la Constitución el pasado 7 de marzo. No negó lo hechos, pero se excusó en su estado mental y físico. «Tengo cirrosis, diabetes, hepatitis, tomo metadona y había recaído en las drogas, estaba drogado y entré en el banco, pero no sé por qué», declaró ante el juez Lino Rubio Mayo.

Concluyó su vago relato del episodio que mantuvo en jaque a la Policía y a los nueve rehenes, a los que amedrentó con un arma, con un comentario de arrepentimiento: «No sabía lo que hacía, se me cruzó el cable y metí la pata», resumió Pablo P. G., que se encontraba entonces en libertad vigilada por una condena anterior impuesta por haber atracado otras dos oficinas bancarias en Begoña y Nuevo Gijón.

El fiscal mantuvo la petición de condena de siete años y tres meses por los delitos de robo con violencia y de detención ilegal, en los que apreció los agravantes de disfraz y reincidencia. En ese mismo sentido se pronunció el abogado de la acusación particular. Por su parte, la abogada de la defensa, Verónica Rodríguez, solicitó la libre absolución de su defendido, alegando que sufre trastornos psiquiátricos severos y que no tenía intención de causar daño. «Es malo para él, no para los demás», llegó a decir. La letrada pidió de forma subsidiaria que de ser considerado culpable, sea condenado a un máximo de dos años de prisión, a cumplir en un centro sanitario dadas las patologías mentales que supuestamente padece.

Le apuntó a la cabeza

Además del procesado, declararon en la sala de vistas varios de los empleados de banco a los que retuvo durante más de media hora, hasta que fue reducido por la Policía Nacional después de «una tensa negociación». «Entró tapado con una gorra y una braga y fue directamente hacia la zona de caja, sacó un arma y le apuntó a la cabeza al cajero y le dijo: 'Dame el dinero'. Cogió el dinero él mismo y luego exigió que le abriésemos la caja fuerte. Nos escondimos debajo de la mesa e intentó sacarnos», relató una de las testigos. El cajero en cuestión manifestó en su declaración que le pareció un ladrón «muy poco profesional, tenía movimientos torpes y vagos, con poca determinación».

Este extremo difirió del relato de los efectivos de la Policía Nacional que intervinieron. Uno de los agentes uniformados que intervino en un primer momento relató cómo tuvo que «disparar en dos ocasiones porque no sabíamos aún que el arma que llevaba era de detonación y nos encañonó en cuanto nos vio llegar». Consiguieron reducirle después de una ardua negociación en la que simularon entregar a Pablo P. G. un envoltorio con la cocaína y heroína que había exigido para liberar a los rehenes.

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