Saltarse un curso para superar el «aburrimiento»

José Luis Pérez. /
José Luis Pérez.

Un estudio constata que adelantar un año escolar a los alumnos de altas capacidades hace que se motiven y logren «mayor rendimiento»

E. RODRÍGUEZ GIJÓN.

«Si dentro de tres meses me vuelvo a aburrir, al menos me habré librado de un año de tortura». Es el revelador comentario que hizo un alumno de altas capacidades tras saber que se le podía adelantar un curso. Sus palabras están recogidas en un estudio que sobre este proceso ha hecho el gabinete de psicología de altas capacidades Ayalga, con sedes en Gijón y Oviedo. «Existían estudios relevantes en la comunidad americana y de Javier Tourón en España, pero en Asturias no había nada al respecto», explica José Luis Pérez, socio fundador del centro.

Para comprobar si adelantar un curso causa o no perjuicios en el plano académico, social y emocional a estos niños que tienen un talento superior a la media y un coeficiente intelectual de 130 como mínimo, Ayalga decidió elaborar una encuesta con la colaboración de la Asociación de Padres de Alumnos de Altas Capacidades de Asturias. En Asturias, diagnosticados por la consejería hay 900, aunque se cree que pueda haber 2.500.

Participaron diecinueve familias, dieciséis de Asturias. Doce, con hijos varones, y siete, con niñas, de seis y catorce años. Diez cursaban estudios en la pública, seis en la concertada y tres en la privada. Respondieron a preguntas sobre la adaptación de los alumnos y su motivación. Y la conclusión es que son muchas las ventajas de adelantar un curso a estos estudiantes.

El centro se interesó por si los menores se habían adaptado a los comportamientos de sus compañeros. Quince de las diecinueve familias contestaron que sí. Y ocho respondieron que, en principio, los hijos creían que les iba a resultar difícil, pero al comenzar el curso ese temor desapareció. Solo un alumno no se adaptó, pero con ayuda terapéutica aceptó que «flexibilizar un curso no significaría perder los amigos del curso anterior» y esa dificultad de superó.

En cuanto a qué sensaciones tenían con respecto a su situación previa, se demostró que los chavales «no mostraban sensación de superioridad» y que para ellos resultó «positivo poder compartir con los demás gustos, aficiones y otro tipo de conversaciones». Dieciséis familias apuntaron, por otra parte, que el niño «había manifestado cambios de humor con mucha rapidez» aunque a lo largo del día «desaparecían». «No tuvieron dificultades para controlarlos».

Ayalga se interesó también por la actitud a la hora de ir al colegio. Siete no tenían problemas; nueve mostraron desinterés, pero no negación; y tres, negación. Sin embargo, a medida que fue pasando el curso, solo uno siguió manifestando poco interés. «El resto cambió de actitud, convirtiéndose en buena y acudiendo al centro de buena gana».

Manejar la incertidumbre

La encuesta constata que inicialmente, en general, «hay un mal manejo de la incertidumbre» y que pasar de curso no es una medida que lo solucione espontáneamente y puede requerir de «un trabajo terapéutico». Ahora bien, «una vez el alumno se integra y constata que su nivel de abstracción le permite solucionar los retos académicos adecuadamente, desaparecen los sentimientos y el miedo a lo desconocido».

Así, «solo uno temió hacer el ridículo por ser el más pequeño de la clase, pero ninguno consideró que no pudiera superar el curso ni se volvió más crítico consigo ni con los demás». En diecisiete casos hubo también plena coincidencia en que los niños «se sintieron más motivados por el proceso de aprendizaje (al aumentar la dificultad y el grado de abstracción) y por conseguir buena nota» y eso se tradujo en un mayor rendimiento escolar en doce de los casos.

Tampoco sintieron la necesidad de hacer tareas por su cuenta para adaptarse a su nueva situación y todas las encuestas fueron positivas en cuanto a que «disponen de herramientas de trabajo suficientemente desarrolladas para poder enfrentarse a un mayor grado de atención a las tareas escolares». Pasar de curso no les robó horas de extraescolares ni se observó una merma de su creatividad.

Asimismo, los chavales aseguraron que «tienen buenas relaciones con sus compañeros» y comentan en el ambiente familiar que «tienen amigos en el aula». En cuanto a si promocionaron con lagunas de conceptos, quince de las diecinueve familias aseguraron que «no hubo problemas» frente a cuatro que afirmaron que sí y a una que atribuyó el problema a «la excesiva presión que ejerció la maestra sobre su hija».

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