El Sanatorio Covadonga crea una unidad de rehabilitación para pacientes infartados

De izquierda a derecha, Mónica L. Ventoso; directora de Enfermería; Eva Menéndez, supervisora de Fisioterapia; Cristina Diaconu, psicóloga; Rosario Cortina, directora de una unidad de rehabilitación cardíaca, y Fernanda Aguadé, especialista en nutrición. / E. C.
De izquierda a derecha, Mónica L. Ventoso; directora de Enfermería; Eva Menéndez, supervisora de Fisioterapia; Cristina Diaconu, psicóloga; Rosario Cortina, directora de una unidad de rehabilitación cardíaca, y Fernanda Aguadé, especialista en nutrición. / E. C.

En Asturias, solo el HUCA dispone de un servicio de este tipo, que puede contribuir a reducir en un 30% la mortalidad

LAURA FONSECA GIJÓN.

El Sanatorio Covadonga ha puesto en marcha una unidad de rehabilitación cardíaca hospitalaria destinada a pacientes que hayan sufrido un infarto. Se trata del único servicio de estas características que funciona en la sanidad privada en Asturias y el primero para el área sanitaria de Gijón. En el Principado, solo el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), de carácter público, cuenta con una unidad donde las personas infartadas pueden acudir a sesiones de rehabilitación una vez que son dadas de alta.

El Sanatorio Covadonga dio a conocer ayer esta nueva prestación al frente de la cual se encuentra un equipo multidisciplinar dirigido por la cardióloga Rosario Cortina. En Asturias se declaran más de 1.600 infartos cada año. Según la Fundación Española del Corazón la mortalidad cardíaca disminuye entre un 20% y un 30% si el enfermo tiene la oportunidad de seguir un programa de rehabilitación. El porcentaje crece hasta el 43% si el programa se lleva a cabo en una unidad de carácter hospitalario.

La unidad que ha puesto en servicio la clínica gijonesa contará con una supervisora de fisioterapia, Eva Menéndez; la psicóloga Cristina Diaconu, y la especialista en nutrición y dietética Fernanda Aguadé, además de personal de enfermería. Según señaló el responsable del Sanatorio Covadonga, Javier Valbuena, en Asturias «cada 48 horas, nueve personas son dadas de alta tras sufrir un infarto agudo de miocardio. Pero, pasados los momentos más críticos y recibida el alta, esas nueve personas necesitan solucionar sus secuelas físicas y las limitaciones propias que conlleva este proceso». Las unidades de rehabilitación cardíaca se están convirtiendo en un proceso más dentro del plan de recuperación de los pacientes que han padecido un infarto. A lo largo de 2015, en el Principado fueron hospitalizadas a causa de un infarto 1.647 personas, otras 1.708 por haber sufrido una enfermedad coronaria y 212 por una angina de pecho. Se trata de 3.567 pacientes afectados por algún tipo de cardiopatía isquémica.

Temor a que se repita

Volver a sufrir un infarto es uno de los principales temores de los enfermos. Según la Sociedad Española de Cardiología, durante el primer año la tasa de reingreso por esta causa se eleva al 50% entre quienes tienen menos de 45 años y en un 38% los que superan los 75 años, por lo que a las secuelas físicas se suman las psicológicas derivadas del estrés y del temor a padecer una recaída.

La recuperación de la normalidad en la vida diaria pasa por superar tanto las secuelas físicas como las psicológicas, y por implementar pautas de actuación y hábitos saludables que reduzcan los factores de riesgo.

La reincorporación laboral, el ejercicio físico, la alimentación o las relaciones de pareja son problemas comunes a los que una persona se enfrenta una vez que es dada de alta tras superar el proceso crítico. Volver a llevar una vida como antes de padecer un percance de salud crítico es el principal objetivo de cualquier programa de rehabilitación, y en la unidad de rehabilitación cardíaca no es diferente.

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