«No sé el secreto para vivir tanto»

Pauline Bloch acompañada de su hija, dos de sus nietos y cuatro bisnietos, en la residencia de Somió en la que vive. / AURELIO FLÓREZ

La belga Pauline Bloch celebra su 106 cumpleaños rodeada de su familia | Enviudó en la Segunda Guerra Mundial, habla cuatro idiomas y es una apasionada de la lectura, las cartas y los viajes

LORETO BARBÓN GIJÓN.

Que los años pasen y que lo hagan con dignidad. Ese fue uno de los muchos mensajes que ayer compartió Pauline Bloch, quien celebró el pasado viernes, en Gijón, donde reside, su 106 cumpleaños.

Una mujer luchadora y adelantada a su tiempo que sufrió la primera y la segunda Guerra Mundial. Amiga del saber, Pauline habla sin problemas cuatro idiomas -inglés, francés, alemán y flamenco- y está muy familiarizada con una quinta lengua: el castellano, del que tiene nociones a raíz del matrimonio de su hija, Claire, con un español. Un abanico amplio para comunicarse con su hija, sus tres nietos y sus seis bisnietos. «Celebramos mi cumpleaños todos juntos y pasamos un día estupendo. Me encanta estar con mi familia. Mi yerno y mi hija son muy atentos y siempre hacen todo lo posible por ayudarme», explicó Pauline en inglés.

Aunque nació en Amberes (Bélgica), pasó parte de su infancia en Inglaterra pues, cuando estalló la Primera Guerra Mundial su familia decidieron mudarse hasta que el conflicto terminase. «Vivimos unos cinco años a las afueras de Londres, hasta que la guerra acabó. A mis hermanos y a mí nos encantó vivir allí y no queríamos volver. Hablábamos inglés y habíamos hecho buenos amigos en la escuela. Pero nuestra madre quería volver a Amberes, así que regresamos e hicimos nuevos amigos allí», contó Pauline, quien añadió que, siendo la menor de cinco hermanos, sus ejemplos a seguir eran un tanto peculiares. «Además de ser la más pequeña también era la única niña. Copiaba todo lo que hacían mis hermanos. Si ellos se subían a un árbol, yo también lo hacía», recordó en la residencia Plaza Real, donde vive, con una sonrisa en el rostro.

Luchadora y adelantada

Entre sus aficiones se encuentran los viajes y los juegos de naipes, aunque la literatura es lo que más le apasiona. «Siempre me ha gustado leer, pero cuando de verdad empecé a interesarme por la literatura fue a los siete años. Leía por las noches escondida bajo las sábanas», confesó Bloch. «Ahora lo echo de menos. Hace tiempo que tengo problemas de vista y hay cosas que no puedo hacer, como leer, ver la televisión, jugar a las cartas...».

Pauline Bloch.

Esta es la otra cara de la moneda que conlleva el hecho de pasar de los cien años. Por un lado están todos los recuerdos, las anécdotas y la experiencia adquirida. Por otro, los achaques propios del paso del tiempo. «Puede parecer raro lo que estoy diciendo, pero creo que cien años son suficientes. He estado realmente bien hasta que cumplí 103. Después, me hice mayor», comentó Pauline, quien a día de hoy tiene dificultades para caminar, ver y oír. «Eso es triste, pero no quejo. Lo que quiero decir es que, en mi opinión, la gente no debería llegar a esta edad porque empiezas a ser dependiente, ya no tienes fuerza. No quiero que mi entorno se vea perjudicado por mí», explicó Pauline, emocionando a su familia.

Su hija, Claire Huigens Bloch, no dudó en expresarle su agradecimiento por «lo felices que nos ha hecho, y nos sigue haciendo, a todos nosotros. No lo vamos a olvidar». «Mi madre es una mujer luchadora y adelantada a su tiempo. Perdió a su marido en la Segunda Guerra Mundial y ella fue quien me sacó adelante y me enseñó a ser independiente cuando eso significaría, en cierta manera, 'perderme'. No es una persona egoísta, en absoluto. Me ha dejado ir, pero siempre ha estado ahí cuando la necesitábamos», decía Claire, cogida de la mano de Pauline.

Apreciar cada cosa de la vida

Una vida larga, feliz y llena de experiencias. ¿Cuál es el secreto para conseguirla? «No creo que exista ninguna clave para vivir tantos años o, por lo menos, yo no sé cuál es. No puedo compartir ese secreto, pero sí puedo dar un consejo», dijo Pauline. «Creo que tenemos que enseñar a los niños a apreciar cada cosa que pasa en sus vidas. No debemos ser egoístas, sino intentar ayudar a nuestro entorno, a nuestra gente, como mi hija y mi yerno han hecho conmigo», señaló. «No quiero abusar de sus cuidados ni hacerlos sufrir. Sé que soy muy afortunada de tener 106 años, pero no es necesario. Es demasiado», opinó Pauline Bloch, la piedra angular de cuatro generaciones reunidas en Gijón para celebrar, juntos, un día más.

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