«Lo de la sede vecinal es la obra de no acabar, el Escorial de Nuevo Roces»

Lorena García, junto al cajero ciudadano de la sede vecinal de Nuevo Roces, que acumula meses sin uso./P. C.
Lorena García, junto al cajero ciudadano de la sede vecinal de Nuevo Roces, que acumula meses sin uso. / P. C.
Lorena García. Presidenta de la asociación de vecinos de Nuevo Roces

«El barrio se vendió con equipamientos sanitarios, deportivos y educativos y hoy no hay ni un cajero. No vale cambiar cuando somos 5.000»

ÓSCAR PANDIELLOGIJÓN.

Con un breve paseo por sus calles, no hace falta más para ver que Nuevo Roces hace honor a su condición de barrio más joven de la ciudad. Los niños corren por las calles y la presidenta vecinal, Lorena García, acude a la entrevista con su hijo, que «ya se conoce los plenos y las reuniones con concejales al dedillo», explica entre risas. «Tener una asociación de vecinos joven es bueno en algunos aspectos pero no tan bueno en otros. Al final hay que unir la vida laboral, familiar y la asociación, que quita mucho tiempo pero es necesaria», subraya. Al encuentro también acude parte de su junta directiva que hace apenas dos semanas ha sido reelegida en las elecciones vecinales.

-Enhorabuena por la reelección. El barrio más joven de Gijón tenía que tener una de las directivas más jóvenes y reivindicativas.

-Claro, si no tuviéramos carencias no pediríamos cosas. Es darte una vuelta por el barrio y ya ves que falta de todo.

«Pedimos un consultorio médico como el de La Camocha y se nos negó. Hay motivos para tenerlo»

-¿Como qué?

-Un colegio, un centro de salud, la farmacia y los accesos peatonales. Tenemos el colegio a un kilómetro y medio, una distancia larga para niños de 3 o 4 años. Pero si al menos hubiese aceras seguras para ir hasta allí... Somos, además, el barrio que más ha crecido estos últimos años y lo que estamos pidiendo son soluciones a largo plazo.

-¿Hay mucha diferencia de lo que esperaban a lo que se encontraron?

-El barrio se vendió con equipamientos educativos, deportivos y sanitarios. Y hoy no hay ni cajero. Lo que no vale es cambiar de parecer y decir que no vamos a tenerlo cuando somos casi 5.000 asentados. Hemos pedido también un consultorio médico como el de La Camocha y se nos ha negado cuando hay motivos suficientes para tenerlo. El barrio parece ahora una patata caliente que se pasan entre administraciones.

-Una de sus últimas 'batallas' fue por el transporte público para los niños del colegio del Nicanor Piñole. ¿Cómo acabó la cosa?

-Al final se facilitó. Desde junio la Consejería ya tenía constancia de que el Nicanor Piñole había duplicado sus alumnos y necesitaba más transporte, a lo que se contestó afirmativamente. Estuvo la primera semana y el viernes pasado la propia directora llamó para gestionar el autobús, a lo que le responden que no hay ningún aviso de la consejería. Lo que fue un 'no derecho' el viernes, el lunes fue ya solución cuando levantamos la voz.

-La sede vecinal, pese a estar construida desde hace tiempo, no se ha entregado. ¿Cómo califica la situación?

-Es un cachondeo, realmente desespera y genera mucha impotencia. Es la obra de nunca acabar, el Escorial de Nuevo Roces. Nos la prometieron en 2014. Se adjudicó a una empresa que quebró, se dejó a medio hacer, se abrió un proceso de alegaciones, se dio a otra empresa... Toda una pesadilla burocrática. En julio se entrega la llave a Patrimonio y nosotros solicitamos que se nos cediera ya el espacio. Cuando llamamos nos dicen que la funcionaria que lo lleva está de vacaciones y hasta mediados de octubre nada...

-¿Dónde se juntan hoy día?

-De momento, nos tenemos que reunir de prestado en la escuela infantil. Es un contratiempo para ellos y hay que agradecerles la disposición que siempre han mostrado para darnos las llaves para reunirnos. Cuando la alcaldesa vino hace dos o tres años, ya ni me acuerdo, nos tuvimos que reunir ahí.

-¿Hay sensación de abandono con la política local?

-En cierto modo vemos que van muy lentas las cosas, la sede es un ejemplo. Pedimos un paso de peatones al lado del parque y tuvimos que pintarlo nosotros con tiza antes de que nos hicieran caso. Es frustrante. Sí que hay mejoras desde 2010, pero no sustanciales. La inauguración del barrio coincide además con un cambio político en el Ayuntamiento, la crisis... Aquí hasta se proyectaron torres de cien metros.

-¿Eso se archivó?

-No, qué va. Está latente y está aprobado, solo que la crisis fue la aliada para no hacerlo. Es un claro ejemplo de empezar la casa por el tejado y todos los vecinos lo siguen teniendo presente. Es gracioso porque nos las plantan en el sitio con menos servicios de toda la ciudad. Aquí Berlanga se habría forrado.

-Y, mientras tanto, siguen acudiendo a cada pleno para recordar las carencias.

-Sí, claro. De hecho, un partido abogó por crear un plan de dignificación para el barrio con una serie de medidas que contribuyesen a mejorar las condiciones mínimas. Nuestra obligación es seguir yendo, claro. El problema es que después de tanto tiempo acudiendo al pleno ya somos parte del mobiliario, no nos ven. Muchas veces ya ni nos miran.

-Dos años de legislatura por delante. ¿Qué objetivos se marca la directiva?

-Lo primero, arrancar la sede. Cuando seamos más visibles, porque ahora estamos difuminados, abrirnos más al barrio para que nos aporte ideas y sugerencias. Somos un grupo de 20 o 25 personas activas, pero necesitamos su colaboración. Después, que el compromiso plenario de dignificar le barrio se lleve a puerto.

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