«Seguimos buscando a mi hermana por la memoria de mis padres»

Augusto González señala uno de los documentos recopilados para intentar encontrar a su hermana. /P. UCHA
Augusto González señala uno de los documentos recopilados para intentar encontrar a su hermana. / P. UCHA

Una familia de origen asturiano investiga para encontrar a un «bebé robado» | Augusto González y sus hermanos recopilan datos sobre la desaparición de la pequeña, a la que no volvieron a ver después del parto, en 1966

P. LAMADRID GIJÓN.

«A mi madre le dijeron: 'No te preocupes, niñina, como ya tienes otros dos (hijos), no pasa nada». Esta fue la respuesta dada por las enfermeras del madrileño Instituto Provincial de Obstetricia y Ginecología -que también se denominó Maternidad de O'Donnell- a la madre de Augusto González cuando dio a luz a su hermana Paloma. Se la mostraron al nacer, pero, después de llevársela del paritorio, no la volvió a ver. Le dijeron que había muerto por una cardiopatía congénita y no le dieron más explicaciones.

Su familia sospecha que se trata de un caso de bebé robado. Corría el año 1966. Magdalena Pérez y su marido, Manuel González, naturales de Llanera y Mieres, se habían trasladado a Madrid por motivos laborales. Sus dos primeras hijas habían nacido en Asturias, pero la tercera ya llegó al mundo en la capital española. El feliz acontecimiento se truncó de manera inesperada. «Mi madre la llegó a ver; decía que era sonrosadita, preciosa», recuerda Augusto González, que también nació en Madrid, pero reside en Gijón.

«Estaba viviendo en Taiwán cuando surgieron todas aquellas informaciones relativas a los bebés robados. Me llamaron mis hermanos y me dijeron: 'Esto es lo que contaba mamá'», relata. Sus padres ya habían fallecido, pero los cinco hijos del matrimonio decidieron ponerse manos a la obra e investigar qué sucedió el 23 de julio de 1966 en el centro sanitario madrileño, sobre el que pesa la sospecha de haber sido el escenario de numerosos casos como el de su hermana, tal y como explica Augusto. De modo que comenzaron a recopilar todos los datos relativos al nacimiento de la pequeña Paloma. «Una hermana mía empezó a hacer llamadas y pedir informes a la clínica. El problema es que muchos registros desaparecieron», apunta. Por su parte, otro hermano se puso en contacto con una empresa que se dedica a recopilar perfiles genéticos, los cuales incluye en una base de datos precisamente para facilitar el reencuentro entre familiares.

«'No te preocupes, niñina, tienes otros dos hijos no pasa nada', le dijeron las enfermeras»

No obstante, Augusto y sus parientes saben que, en caso de que Paloma esté viva, las probabilidades de encontrarla son escasas. «Sería mucha casualidad que mi hermana se hiciera una prueba genética», indica. Para ello, además, tendría que conocer sus verdaderos orígenes; una realidad que buena parte de las familias que se llevaron a casa a estos bebés, tras desembolsar una elevada cantidad de dinero, no ha revelado nunca. Es una labor ardua, pero los González Pérez no cejan en su empeño. «Seguimos buscando a mi hermana por la memoria de mis padres», subraya. En su investigación, estos hermanos han logrado descubrir que la tasa de mortalidad registrada en dicha clínica en la década de los sesenta era anormalmente alta.

Además, las causas de la muerte especificadas en los certificados de defunción son muy genéricos. «En la mayoría, pone que los bebés fallecieron por una cardiopatía congénita -engloba múltiples problemas que afectan al funcionamiento del corazón- o, incluso, por otitis», explica.

En la clínica, a sus padres les indicaron que habían traslado el cadáver de la niña al cementerio de La Almudena. Sus familiares han conseguido hacerse con unos documentos en los que se detalla la fecha de su inhumación en una sepultura temporal y el posterior traslado de sus restos mortales al osario común.

«Se le quedó dentro»

Su madre, apunta Augusto, «repitió toda la vida» la terrible frase que le dijeron las enfermeras. «Se le quedó dentro», afirma. Pero, en aquellos años, era muy complicado denunciar este tipo de casos, que normalmente quedaban en la intimidad del hogar. Pero las dudas y los recelos sobre lo que pasó con Paloma permanecieron en el seno de la familia. Tanto es así que, cuando nació el propio Augusto, uno de sus tíos se trasladó de Oviedo a Madrid cuando su madre iba a dar a luz.

«Se puso en la puerta del paritorio para vigilar que no volviera a ocurrir lo que pasó con ella», recuerda. La operación se repitió cuando llegó al mundo su hermana pequeña, en 1969. Esta familia asturiana continuará con sus pesquisas porque considera que «no se puede olvidar ni perderse en la memoria» un escándalo de tal magnitud como el de los bebés robados. En este sentido, Augusto critica «el escaso interés mostrado por el Gobierno de España» hacia estos casos, la mayoría de los cuales sigue sin resolverse.

Fotos

Vídeos