Semana Santa | La Soledad se impone a la lluvia

Los costaleros del Santo Sepulcro, con la Virgen de la Soledad, al enfilar Sebastián Miranda. / A. GARCÍA
Los costaleros del Santo Sepulcro, con la Virgen de la Soledad, al enfilar Sebastián Miranda. / A. GARCÍA

«Esperemos que no se haya dañado el manto», dicen en la cofradía del Santo Sepulcro tras mojarse el paso al final del recorrido

LAURA CASTRO GIJÓN.

La procesión de la Soledad de María fue la castigada por la lluvia los dos últimos años, pero esta vez resultó una de las afortunadas que sí pudo salir en una Semana Santa en la que buena parte de las celebraciones se han visto afectadas en toda la región. En Gijón, de hecho, la de este sábado fue la segunda que logró salir, aunque al final de su recorrido el agua alcanzó la comitiva.

Los hermanos mayores de las tres cofradías de Gijón -el Santo Sepulcro, la Vera Cruz y la Santa Misericordia- se reunían minutos antes de las nueve de la mañana para decidir qué hacer. Los claros parecían imponerse entonces a los nubarrones y, confiados en evitar la lluvia gracias al breve recorrido de esta madrugadora procesión de la Soledad de María, optaron por desafiar a las predicciones meteorológicas.

Los cofrades, con el rostro cubierto con verdugos y capirotes, tomaron sus posiciones en el Campo Valdés. Capitaneaban la marcha los cofrades de la Vera Cruz, seguidos de los de la Santa Misericordia con el paso de San Juan Evangelista y, cerrando la procesión, los del Santo Sepulcro con la imagen de la Virgen de la Soledad. El párroco de San Pedro, Javier Gómez, rompió el silencio iniciando el primero de los veinte misterios del rosario y, salvo por estas oraciones, la marcha continuó sin más ruido que el replique de los bastones de los cofrades contra el suelo y un pausado y tímido acompañamiento de tambor.

«Es la más sentida»

Entre los madrugadores fieles que acudieron a San Pedro para acompañar la marcha estaban María José Díaz, Arantxa y Carmen Álvarez, tres devotas que se llevaron «una gran alegría» al comprobar que esta procesión sí que se iba a celebrar. «Es la más sentida, pues al ser la que se celebra más temprano te deja una sensación de recogimiento todo el día. No es tanto por ver la imagen, sino por la calma que va dejando a su paso», decían.

La Virgen de la Soledad, imagen de tradición marinera venerada en Cimavilla, recorrió las calles del barrio alto hasta llegar a la capilla de la Soledad. A pesar de que la comitiva llevó un paso ligeramente más rápido de lo habitual, temerosos de que la lluvia les alcanzara, no pudieron esquivarla del todo y no evitaron que la imagen se mojara en los últimos metros de procesión. «Lo más delicado es el manto, pero lo dejaremos estirado y secando dentro de la capilla y esperemos que no haya sufrido daños», explicó Iván González, hermano mayor del Santo Sepulcro. De hecho, su valor se vio incrementado el año pasado cuando dedicaron cinco meses a añadirle a mano adornos y un encaje de hilos de oro para una procesión que finalmente no se pudo celebrar.

«Lo logramos por los pelos», indicó González, quien añadió que «mañana (por hoy) más y sin lluvia».

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