«Señor ministro, ¿qué pasa con Gijón?»

José Manuel García, ante su negocio, con dos botellas de sidra.
José Manuel García, ante su negocio, con dos botellas de sidra. / AURELIO FLÓREZ

El hostelero José Manuel García del Busto sirvió copas en la Cimavilla de Rambal y hoy lo mismo echa culinos que para en la calle al titular de Fomento para pedirle el AVE

PABLO A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

Lo vimos en una imagen publicada en este periódico hablando con el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, durante su visita a Gijón a finales de junio. El pie de foto informaba que un ciudadano se le había acercado para reclamarle la llegada del AVE a la ciudad. De la Serna lo escuchaba con atención mientras Argos, el westy de Jose, le olfateaba el bajo de los pantalones. «Estaba paseando al perrín, lo vi y me acerqué a él», cuenta el hostelero mientras enseña la página de EL COMERCIO en su móvil, sentado en la terraza de la sidrería que regenta con su mujer Carmen desde hace más de tres décadas en las proximidades de la plaza Mayor, de la que toma el nombre su negocio.

-¿Qué le dijo al ministro?

-Medio en broma, medio en serio le comenté: «Señor ministro, ¿qué pasa con Gijón? Que estamos incomunicados...».

-¿Se molestó?

-No, qué va. Me explicó que como nosotros está Cantabria...Ya sabes que fue alcalde de Santander. Y que allí andaba Revilla pinchándolo también...

Jose se encoge de hombros al recordarlo: «Cosas de la política...». El titular de Fomento le pareció una persona cercana, más accesible de lo que suelen mostrarse en público los responsables políticos y por lo que cuenta, el azar y los compromisos del ministro con esta tierra les llevaron a encontrarse de nuevo hace un par de semanas. «Lo vi cenando con su mujer en una mesa de la terraza, como un matrimonio más. Fue una casualidad y hasta que no le enseñé la foto de EL COMERCIO no se dio cuenta de mí», explica señalando la mesa donde estuvo De la Serna.

-¿Sus 'parroches' le convencieron o le tiraban más las anchoas de Revilla?

-Creo que marcharon contentos. La verdad es que la parrocha está muy sabrosa este año, aunque no recuerdo lo que comieron. Sé que le ofrecí chipirones afogaos, que también están saliendo muy bien.

Al hostelero lo que le tira es hablar de lo suyo, venderlo, no en vano lleva toda la vida despachando detrás de una barra y en el mismo local, que antes de sidrería fue El Alba, uno de los míticos bares nocturnos de la Cimavilla que conoció Rambal: «Lo llevaba con mi padre, era un tablao con actuaciones , como otros de esos años: La Cabaña, El Carrizo... Era joven y fue una época irrepetible, aunque con sus problemas. Cimavilla de aquella era 'territorio comanche'», evoca con una nostalgia que no cambiaría por el rumbo actual del negocio: «Esto ye mucho más tranquilo, hombre. Cimavilla también cambió para mejor en muchos aspectos».

-Y eso de trabajar como locos todo el verano mientras los demás están 'folgando', ¿se asume bien?

-Nos resarcimos luego con un viaje. Cada año a un sitio distinto. Creo que ya recorrimos los cinco continentes, es de lo que más orgulloso me siento.

Y Jose repasa algunos de esos destinos: India, México, Dubái, Estados Unidos, Perú, Japón, Kenia, Europa entera siguiendo al Real Madrid...Es hora de abrir y el chigre le reclama.

-¿Con el AVE ¿vendrían más?

-Hombre...y con la Autopista del Mar...-añade.

Y tomamos nota, como el ministro.

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