«Sonia era todo corazón»

El marido de la fallecida, Ignacio Felgueroso Villaverde, junto a su hijo Nicolás, de once años, en la iglesia de San Julián. / PALOMA UCHA
El marido de la fallecida, Ignacio Felgueroso Villaverde, junto a su hijo Nicolás, de once años, en la iglesia de San Julián. / PALOMA UCHA

Familiares y amigos abarrotan la iglesia de San Julián para despedir a Sonia Rubiera

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

«No nos lo podemos creer. Nos la arrebataron injustamente, no era el momento». Las palabras de su amiga Paz Toyos reflejan el vacío que deja la ausencia de Sonia Rubiera, fallecida el sábado por una enfermedad cerebrovascular. Tenía 45 años y una «sonrisa eterna» que reflejaba su carácter afable, vitalista y entusiasta. Sonia tenía un «innato don de gentes» y siempre recibía risueña palabras amables. Ayer, sus numerosísimos amigos -de las Ursulinas, de Empresariales, de sus trabajos, también los que hizo gracias al blog, los de su marido Ignacio Felgueroso, o los que conoció en el patio del colegio de su hijo Nicolás, de tan solo once años- quisieron corresponderle por última vez en la iglesia de San Julián de Somió. El templo se llenó con decenas de personas que quisieron despedirse de «la sonrisa de Gijón».

Antes de las cinco de la tarde, en la iglesia ya no cabía un alma, hasta el punto de que era difícil abrir sus puertas. Entre quienes desde fuera improvisaban su particular homilía para explicar un suceso casi incomprensible se repetía la admiración hacia su sempiterna sonrisa, su bondad y su alegría. «Hace más de veinte años que no la veo, desde el colegio, pero al enterarme de la noticia no pude dejar de venir», murmuraba una antigua compañera de clase.

Hacía unos días que las amigas de las Ursulinas -generación del 72- habían creado un grupo de whatsapp para recordar las confidencias escolares y aquel viaje de estudios en el que tanto se rieron. Fotos, recuerdos... y un incrédulo silencio cuando una de ellas comunicó el fatal desenlace. «Estaba llena de vida y transmitía esa vitalidad a todos los de su alrededor».

Hacía pequeños los problemas

Dentro de la iglesia, el párroco de San Julián Luis Muira, quien concelebró la misa con el del Corazón de María, intentaba ofrecer consuelo y comprensión en una situación que, reconocía, que «pérdidas así pueden parecer inexplicables y llevarnos a enfadarnos con Dios». Muira animó a la familia a apoyarse en los amigos que abarrotaban la iglesia y «ayudan a llevar estas momentos tan duros».

Durante sus 45 años, Sonia Rubiera respiró la vida intensamente. Su blog, 'La vie est belle', resumía en gran parte su espíritu. Lo compartía con su cuñada Ángela Felgueroso, quien tras el oficio religioso, emocionada, la recordaba como «todo corazón». Ángela reía pero con tristeza: «Era buena esposa, madre (estaba loca por su hijo); la mejor amiga. Tenía muchas ganas de vivir, ¡no había horas suficientes para ella!». «Hacía mil planes y por donde iba, conquistaba», apuntaba Paz Toyos. «Era una trabajadora incansable pero aún mejor amiga que sabía escuchar como nadie y hacía pequeños los problemas». Sonia Rubiera «se comió la vida a bocados». «Y su hijo Nico ha heredado su sonrisa».

Más información

Temas

Gijón

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos