«Por cada suicidio consumado hay veinte intentos; la cifra es alarmante»

Rosa de Arquer, psicóloga y colaboradora del Teléfono de la Esperanza. / ÁLEX PIÑA
Rosa de Arquer, psicóloga y colaboradora del Teléfono de la Esperanza. / ÁLEX PIÑA

Gijón se suma mañana a los actos convocados por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con la lectura de un manifiesto en Begoña

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Rosa de Arquer (Madrid, 1973) hace un llamamiento a abordar el problema de los suicidios de manera más abierta para intentar reducir la elevada cifra que registra Asturias (135 en 2015). Esta psicóloga colabora con el Teléfono de la Esperanza (985 22 55 40), que emprende una campaña este fin de semana con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora mañana.

-Asturias lidera la tasa de suicidios del país, según los últimos datos, correspondientes a 2015. ¿Cómo está ahora la situación?

-Las estadísticas son un poco extrañas porque hay muertes que se recogen como accidentales y, sin embargo, pueden llegar a ser suicidios. Estamos hablando de caídas accidentales, accidentes de tráfico y, sobre todo, de intoxicaciones de medicamentos. Quizá las cifras del INE (Instituto Nacional de Estadística) podrían llegar a aumentar si se tuvieran en cuenta otro tipo de muertes que se tachan de accidentales. Muchas veces, si no hay una nota o unos indicios previos claros, no se califica como suicidio. Pero lo más grave es que se estima que, por cada suicidio consumado, hay veinte intentos. Estamos hablando de muchas personas, de una cifra mucho más alarmante.

«Es un suceso multicausal. Siempre hay muchos factores que lo precipitan»«El 60% de las personas en esta situación han visitado a su médico en el último mes»

-¿Hay alguna explicación a esta elevada cantidad de suicidios?

-Un suicidio es un suceso multicausal. Siempre hay muchos factores que lo precipitan. La enfermedad mental, sobre todo en persona mayores, está muy ligada a conductas suicidas; los trastornos de personalidad, el consumo de sustancias tóxicas... Son muchos los factores de riesgo que determinan que una persona pueda pensar en esto. No hay un estudio claro, se relacionó con la crisis económica, pero ahora parece que estamos saliendo de ella y sigue existiendo esta realidad. No lo ligaría a un problema concreto.

-El lema de la campaña impulsada por el Teléfono de la Esperanza con motivo del Día Internacional para la Prevención del Suicidio es 'Rompe el silencio'. ¿Sigue siendo un tabú?

-Llama mucho la atención porque parece que es un tema del que no hay que hablar, se trata como un tabú. La IASP (Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio), organización a la que pertenece el Teléfono de la Esperanza, ha escogido este año el lema 'Take a minute, save a life' ('Tómate un minuto, salva una vida') y me gusta mucho porque llama la atención sobre la prevención. Es una realidad, ya sabemos las estadísticas, ¿qué podemos hacer? Vamos a escuchar, facilitar que las personas que se encuentren mal puedan romper ese silencio, animar a buscar recursos ayudar... Es un tema muy difícil y muy complicado de llevar. Es fundamental llamar la atención sobre los recursos de ayuda; saber que tienes que acudir a un sitio para comentarlo es muy importante.

-Hace años, los expertos recomendaban no hablar del suicidio ni siquiera en los medios de comunicación, pero ahora hay nuevos estudios que recomiendan lo contrario. ¿Qué es lo más correcto?

-La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene un documento dirigido a los profesionales de la comunicación que cita como posible hablar del suicidio sin que se produzca el efecto llamada. Es cierto que, en su día, se habló del efecto imitación, de que después de hablar de un suicidio con un determinado método luego se imitaba esa manera de actuar descrita en los medios. Con el tiempo se ha visto que el beneficio de hablar de la prevención del suicidio es mucho mayor que el perjuicio que pueda causar dar una noticia. La OMS recomienda no hablar del cómo y por qué lo hizo porque no aporta nada a la prevención. Sin embargo, hablar de qué recursos de ayuda podría haber tenido es el enfoque adecuado. Es lo que se hace con la violencia de género y los accidentes de tráfico.

-¿Cómo hacer una detección precoz de las conductas suicidas?

-Los médicos de Atención Primaria son unos profesionales que tienen un contacto muy estrecho con los pacientes, están muy bien valorados por parte de los usuarios y tienen herramientas para gestionar el caso de una persona que va a consulta y dice que se encuentra mal y está pensando en acabar con su vida. El problema es cuando no se atreve a decirlo. Hay una especie de sondeo que elabora el profesional, unas preguntas para que, si una persona necesita contar algo, lo haga. Hay estudios que señalan que alrededor del 60% de las personas que han realizado una tentativa de suicidio o lo han consumado han visitado a su médico de cabecera en el último mes.

-¿Cómo se trata a las personas con esta inclinación en el Teléfono de la Esperanza?

-El pasado año se convocó una formación específica para la atención a crisis suicidas. La primera atención es anónima, gratuita y confidencial. Esto es lo que abre la puerta para hablar, junto al buen trabajo de los orientadores para lograr que esa persona se sienta escuchada.

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