Los señores de la noche

Una de las aves de 'Nocturnia', a punto de alzar el vuelo. / P. UCHA

El tiempo dio tregua a las aves rapaces, que impresionaron a los 300 asistentes en el Botánico

LAURA SAIZ

Volvió 'Nocturnia' a Gijón tras el intento fallido de la víspera, que obligó a suspender la primera sesión prevista por la lluvia, para desencanto de las 300 personas que habían agotado las entradas de esta actividad veraniega en el Jardín Botánico de Gijón. Ayer las nubes amenazaban, pero finalmente el tiempo acompañó y distintas razas de aves de presa abrieron sus alas desprendiendo toda su elegancia y señorío ante los presentes, mostrándose ante mayores y pequeños, que disfrutaron a la vez que aprendieron algunos de los secretos de estos animales.

Este año las novedades se hicieron latentes desde el principio. Al comienzo, en la entrada, había una pequeña exposición temática con proyecciones audiovisuales de estos imponentes cazadores, y los vuelos de las tres aves diurnas que abrían el espectáculo acompañaban al público mientras se adentraban en el jardín. Acto seguido, comenzó la visita guiada por el recinto hasta la zona de la Carbayera del Tragamón, donde se realizaron las demostraciones de adiestramiento, ya con el público sentado. En total, fueron 14 ejemplares los que participaron en este taller, once nocturnas. Los señores de los cielos sobrevolaron a los presentes captando la antención de quien alzaba su mirada por sus colores y movimientos aéreos. La gente guardaba silencio, y solo los aplausos, que asustaban a los pájaros, lo rompían en algún momento.

Bajo los cuidados del cetrero madrileño Gorka Arrue, uno de los organizadores de la actividad, asistido por técnicos caracterizados como si fuesen guardianes del bosque, las aves fueron realizando vuelos, entre las exclamaciones de asombro de los presentes. Decía Arrue que es importante que la gente se interese por la temática y se conozca la peligrosa situación en la que se encuentran las distintas especies de depredadores. «Es vital su preservación, son un activo muy valioso para el ecosistema. Gracias a sus hábitos de caza mantienen el equilibrio en la biología del planeta y si se extinguieran podría conllevar muchas consecuencias», explica.

Pero como siempre, lo mejor se guarda para el final. El espectáculo terminó con una sorpresa. Un par de ejemplares sobrevolaban casi tocando las cabezas a los asistentes, que trataban de fotografiarlas según pasaban. Eso sí, los organizadores aclararon que estas demostraciones y muestras de las aves se realizan siempre respetando al animal y «manteniendo la distancia que se merecen», procurando no hacer de este encuentro «un circo».

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