El tirón de la Navidad llena las calles

Una niña saluda desde el tiovivo de Begoña. / A. FLÓREZ
Una niña saluda desde el tiovivo de Begoña. / A. FLÓREZ

La pista de patinaje, el carrusel y los muñecos gigantes centran la atención de los niños | El trono de Papá Noel en la plaza del Parchís se convierte en uno de los lugares favoritos para los más pequeños

ANA SOLÍS GIJÓN.

Oficialmente aún no es Navidad, pero sin mirar el calendario se podría pensar que sí. El tirón de estas fiestas y las distintas actividades y propuestas organizadas en torno a ellas llenan de gente las calles de Gijón. Y, también, de música. Ayer, Igor Fernández, de tres años, tocaba su pandereta y marcaba a su manera el ritmo de quienes pasaban por la calle Corrida. «Me gusta mucho la Navidad y mi pandereta nueva», decía mientras no dejaba de agitar el instrumento, regalo de un familiar.

Los niños y su fascinación por los muñecos gigantes iluminados se convierten en protagonistas indiscutibles de estos días. Bajo una larga cola de paraguas, muchos esperaban para subirse al trono de Papá Noel, que se alza en el Parchís. Sergio Tuero, de cinco años, era uno de los que ansiaba encaramarse. «Ya pronto me toca. Quiero subirme encima», decía entusiasmado. Cuando por fin le llegó el turno, de pie en el gigantesco sillón y con los brazos al aire, saludaba a sus padres mientras estos le hacían fotos con sus teléfonos. «¡Mira qué alto estoy!», gritaba. África Ortiz, de seis años, también observaba el trono con su familia. Desde León, vinieron a pasar este puente. Aprovechando su visita, ayer mismo echó la carta a un buzón de correos para que Papa Noel le traiga sus regalos. «Quiero unos prismáticos, grandes por un lado y pequeños por el otro», matizaba.

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La Plazuela se ha convertido también estos días en foco de atención de los niños. Todo gracias al alegre ratón que hay en ella. «Si no fuera por él pasaría inadvertida. Sería una plaza más, como muchas otras que hay», señaló Mar Rodríguez, quien junto a su marido observaba la gran figura y fotografiaba a sus hijas. «A ellas todo lo que sea algo de animación les hace mucha ilusión», añadía. «Quiero un lápiz tan grande como el suyo para ir al cole», destacaba Sara, la pequeña de las dos hermanas, de tres años. Allí estuvieron también Carmen con sus nietos. «Se parece al ratoncito Pérez», señalaba entre risas Marina, de tres años. «Se han quedado conmigo en el puente y como vivimos aquí cerca hemos venido a verlo. Al centro no vamos porque en cualquier momento se va a poner a llover», explicaba.

La plaza del Seis de Agosto es otro de los lugares clave. Y su oso amarillo otro de los adornos más llamativos. Pablo Díaz, de cinco años, no podía con los nervios mientras esperaba a que diesen las seis en punto de la tarde para verlo encendido. «Es como un enorme peluche. En mi casa tengo uno igual», afirmó. Mientras, su hermana Yaiza, de tres años, aseguraba que «le voy a pedir uno igual de grande a los Reyes Magos para dormir con él». Ambos venían desde Oviedo con sus padres para pasar la tarde en familia y disfrutar de la Navidad. «Le hacía mucha ilusión ver cómo se encendía y aquí parado nos ha tenido hasta que lo ha visto», resaltó Julia, su madre. «Ni frío ni nada. Es muy curioso y estas cosas le llaman mucho la atención», continuó Pedro, su padre.

Globos y castañas

Ni el frío ni la lluvia puede con el ambiente festivo. Pequeños y mayores disfrutan paseando por las calles vestidas de Navidad y en sus manos no faltan los globos con sus personajes favoritos o un cucurucho de papel lleno de castañas asadas.

María Pérez, de cuatro años, no paró hasta que sus padres le compraron un globo de 'Dora, la exploradora'. Fuertemente agarrado en la mano, paseaba alegre entre los puestos del mercado navideño de Begoña. «Me gusta mucho Dora y Botas y Tico», decía. En el mismo lugar, el tiovivo no dejaba de dar vueltas. «Los niños se lo pasan en grande con estas cosas. Disfrutan casi más mirándolo que montados», afirmaba entre risas Laura Gómez, que hasta allí llevó a sus pequeños.

Martín, de siete años, no pudo resistirse a las castañas asadas cuando paseaba junto a su abuelo por la calle de Los Moros. «Le gustan mucho. Siempre que ve algún puesto no se resiste y yo tampoco», indicó el abuelo.

La pista de hielo del 'solarón' es otro de los atractivos. «Nos lo pasamos muy bien y aquí dentro no tenemos qué preocuparnos por nada. Solo de disfrutar», decía Jaime García mientras observaba a sus pequeños patinar en el centro de la pista.

Casi 2.000 personas se pasaron por allí el viernes y más de 1.000 ayer, según datos de la organización, que achacaron la bajada a la lluvia. «Hemos tenido que tener casi toda la tarde cerrado el tobogán porque con el agua no se puede abrir», decía Sandra Martínez, una de las encargadas del puesto de venta de entradas. «Aún así, la pista siempre está llena», destacó.

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