Tomás Montero

Arriba, Tomás Montero, oficial de la Cruz Roja del Mar. A la derecha, con la clásica 'trencilla' de árbitro de fútbol.
Arriba, Tomás Montero, oficial de la Cruz Roja del Mar. A la derecha, con la clásica 'trencilla' de árbitro de fútbol.

El polifacético gijonés de un singular periodo histórico

JANEL CUESTA

Los que ya contamos la edad por lustros más que por años, también tenemos el privilegio de haber conocido a personajes singulares del Gijón de siempre, como es el caso de Tomás Montero Entrialgo, que nació en la calle Marqués de Casa Valdés el día 6 de junio de 1920. Tomás fue el tercero de los cuatro hijos del matrimonio formado por el salmantino Tomás Montero Barredo y Parmenia Entrialgo. Su padre vino a Gijón, como otros muchos comerciantes, atraído por una ciudad industrial en la que se estableció con un comercio dedicado a la venta especializada en paños ingleses, con la que alcanzó notoria fama. Se casó con la gijonesa Parmenia Entrialgo Morís, de familia ilustre, que figuraba en el padrón de Hijosdalgos de la Villa de Gijón. Arturo Montero, hermano de nuestro personaje de hoy, fue un destacado deportista que formó parte del Oriamendi y Deportivo Gijón. Llegó a jugar en partidos amistosos con el Real Sporting y luego fue gerente del Real Club Astur de Regatas durante largos años.

Pero centrándonos en Tomás Montero Entrialgo, le llegó la Guerra Civil recién concluidos los estudios de Bachiller, y como otros muchos de su edad le tocó 'en suerte' luchar en los dos bandos. Primero con los republicanos, en el frente de Oviedo, y luego con el ejército nacional, en la batalla de Teruel. Formó parte de una división italiana, por lo que recibió la 'Medaglia al Valore di Guerra', y luego pasó a la Armada Española, en el crucero 'Canarias' hasta el año 1942. Ya licenciado, trabajó en un barco carbonero de Luis Adaro, en el trayecto de Gijón a Cádiz, hasta que decidió volver a tierra y cursar estudios de Derecho y Graduado Social. Ejerció como procurador de los tribunales y llegó a ser decano del correspondiente colegio profesional, por cuya labor fue nombrado Decano Honorario y recibió la Medalla de Plata de San Raimundo de Peñafort. Es curioso que, a pesar de sus méritos profesionales, Tomás Montero ha pasado a la historia por sus múltiples actividades, puesto que ya nada más incorporarse a la vida civil fue capitán de la embarcación de la Cruz Roja del Mar. Alcanzó el grado de coronel y recibió por sus servicios las medallas de plata y oro de dicha entidad. Fue también concejal del Ayuntamiento de Gijón con el alcalde Cecilio Olivier, pero abandonó el cargo por discrepancias con las controvertidas decisiones del presidente de la corporación municipal. Fue profesor de Formación del Espíritu Nacional en la Escuela de Peritos Industriales, y su interés por la práctica deportiva le llevó a ganarse un merecido prestigio como árbitro de boxeo y de fútbol, por lo que fue solicitado en combates y encuentros de fútbol que se presentían un tanto conflictivos.

Y hasta aquí solo una introducción a la polifacética actividad de este singular gijonés, omnipresente en la vida docente, social y periodística durante más de 40 años, puesto que fue jefe de redacción de Radio Emisora Gijón, de tan grato recuerdo, de la que aún nos quedan como testigos de la entrañable 'E. A. J. 34' que nos alegraba los días cuando no había llegado la televisión, Maripaz Lucas, Fernando Losada y el incombustible Casimiro Álvarez. Tomás Montero fue asimismo asiduo colaborador de los periódicos 'La Voz de Asturias' y 'La Hoja del Lunes', donde se hizo famoso con la serie de artículos en la sección de 'Tararí que te vi' de notable interés para los lectores. Recordamos cuando contradecía a un periodista que afirmaba que en pocos años no quedarían más reyes que los de la baraja, a lo que Tomás Montero respondía que sobrevivirían además los tres Reyes Magos.

Curiosamente, nuestro personaje de hoy también formaba parte de los tres reyes que anualmente enriquecían la Cabalgata cada día cinco de enero.

Tomás Montero Entrialgo contrajo matrimonio con Elvira Dabousa Álvarez, de origen maliayo, de cuya unión nacieron una mujer y tres varones; pero cualquier lector se percatará de lo polifacético de este hombre serio y trabajador hasta dejarlo de sobra, del que sus descendientes conservan gratísimos recuerdos personales y numerosos escritos y distinciones, de las que sólo hemos citado una pequeña parte. Tras una vida intensa al servicio de esta ciudad, falleció en Gijón el día 8 de noviembre del año 2000, a los 80 años de edad. Fue un gran amigo y un ejemplo para cuantos le tratamos y es por ello que merece la pena dedicarle unas líneas para que perdure su memoria y general conocimiento de las nuevas generaciones de ciudadanos de este Gijón del alma...

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