«¿Que la tonada no tien futuro? Ja, ja»

Foto de familia de los participantes, acompañados de la gerente del Teatro Jovellanos, Teresa Sánchez; el director comercial del Sabadell-Herrero, Alfredo Fernández; el director de márketing de EL COMERCIO, Diego Oliveira; el dueño de Ascensores Bimenes, David García, y en el centro, el presentador, Fernando Ruiz. / JORGE PETEIRO

La plaza Mayor, abarrotada en la entrega de premios del Concurso de Canción Asturiana | El recital atrajo a los turistas, reconoció las 42.000 canciones de Díaz, 'el de Arroes', y reivindicó la vuelta de 'Los collacios' de La Calzada

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Suena la campana en la plaza Mayor, marcando la hora del presente, cuando el fisioterapeuta Fernando Entrialgo (Gijón, 1975), recién llegado de Sevilla, hincha el pecho y empieza a entonar, una a una, las frases que componen 'Un Gijón que quedó atrás'. Su voz evoca el auditorio que había en el Parque Inglés, María, Albéniz, Hernán Cortés «y otros muchos cines que ya no podrás ver», la fábrica de gas de La Arena. En suma, «recuerdos de neñu de un Gijón que quedó atrás». El viaje conmueve al respetable, que responde con olés y aplausos. Un grupo de jóvenes turistas se quedan callados, comprobando si su teléfono móvil ha podido grabar bien la canción, una postal más que poder enseñar de este viaje.

Dirigida con estilo socarrón por Fernando Ruiz, los patrocinadores quisieron que ayer ninguno de los 30 participantes del XXXVII Concurso de Canción Asturiana, organizado por EL COMERCIO, se fuera sin obsequio. La ceremonia tuvo empero presentes y pasados para todos, también para los cuatrocientos aficionados que se mostraron impertérritos al sol. Tenían mucha tonada que disfrutar. En la puesta de largo, los campeones seleccionaron sus mejores galas. Cipriano Solarana, cántabro y segundo en la categoría de voces nuevas, revivió el 'Tengo de cortar un roble'. Sara Sirgo, desde Cenero, ejecutó 'Oscureciome en el monte', mostrando la buena salud de la división de menores de 16 años, la que más voces reunió.

Otra gijonesa, María Luisa Menéndez, se atrevió con 'En el roncón traigo Asturias', mientras Ismael Tomás y Lorena Corripio divirtieron con 'La mío pomarada', tema donde la mujer pone las cosas en su sitio a base de reñir. Él comienza afeando que le lleve manzanas, ella replica que no sea miserable, que «esperaba oír de ti cosas más agradables», él le concede que ya habló «con tu padre», ganándose otra reprimenda. Si quiere casar, «tendrás que falar conmigo». El pretendiente intenta apaciguar presumiendo de gochos y gallinas, «vas a estar entretenida», y ella, de nuevo, puntualiza: «No corras tanto chaval, no me gusta esi cantar. Si me quieres de muyer no me mandes trabayar». Esas, concluye, «son las condiciones».

«¿Que la tonada no tien futuro? Ja, ja», afianzó el presentador, quien se confío al público. «Hay quien dice que no me queda mucho, pero si tengo salud, viendo este ambiente con todos luchando por la canción, haré lo posible por estar aquí el año que viene», declaró Ruiz. Eso sí, al que le falte, «le saco tarjeta roja».

Maestro de ceremonias, además de glosar a los protagonistas, tuvo mano para reconocer en el público a Javier Díaz, «el de Arroes, que siempre está proveyendo a los concursantes con cintas». Tiene arsenal para ello. Según reconoció, su colección la componen 1.815 cedés y 4.300 cintas. «En total, 42.000 canciones», admiró Ruiz. También hizo un alto con María Luisa Martínez, la subcampeona en voces femeninas absolutas, integrante del grupo de La Calzada 'Los collacios', que desapareció el pasado año al desaparecer su directora. «Falta Margarita y falta todo, es verdad», reconoció ella. «Había que protestar todos para sacarlo de nuevo», dejó sembrado Ruiz.

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