«La Torre del Reloj seguirá albergando la sede del Archivo Municipal»

Eduardo Núñez, encargado del Archivo Municipal, frente al edificio de la Torre del Reloj. / DANIEL MORA
Eduardo Núñez, encargado del Archivo Municipal, frente al edificio de la Torre del Reloj. / DANIEL MORA
Eduardo Núñez - Jefe de Documentación del Ayuntamiento

El edificio se utiliza como fondo documental y espacio de digitalización, por lo que afirma que «a la Escuela de Comercio solo se llevará la hemeroteca»

LAURA CASTRO GIJÓN.

Está convencido de que ningún archivo municipal de España desempeña una labor tan peculiar como el de Gijón. Eduardo Núñez, responsable del servicio, se puso manos a la obra en 1989 y decidió crear junto al resto de archiveros una biblioteca dedicada en exclusiva a la ciudad. Sin embargo, no solo alberga libros. En ella se pueden encontrar desde postales y carteles con más de 160 años de antigüedad hasta marcapáginas, tarjetas de presentación y participaciones de lotería. «La historia a veces está en vestigios que consideramos poco relevantes», afirma Núñez. Por eso, seguirán salvaguardando todo lo que encuentren en la Torre del Reloj, que seguirá siendo la sede del Archivo Municipal, asegura.

-¿En qué consiste la labor del Archivo Municipal?

-Nos encargamos de la recepción de toda la documentación municipal de interés público producida, de su procesamiento y por último, de su archivo. Aunque esta es una foto fija, pues ya había documentación en el archivo desde el siglo XVI, por lo que trabajamos en lo que ya estaba dentro y en lo que recibimos todos los años. Además, está el servicio a la gente, que viene y nos pide documentación específica. Recogemos esa petición y la buscamos, aunque a veces nos puede llevar varios días, no es algo inmediato.

-¿Toda la documentación que reciben cada año es de actualidad o también hacen una labor de recuperación documental?

-En el año 1989, empezamos a promover la creación de un fondo archivístico de interés local. Algunos de estos documentos nos los donan familias, otros los vamos recopilando nosotros y algunos, muy pocos, los podemos comprar a otros fondos archivísticos. Nos hemos encontrado con una cantidad inmensa de materiales y hemos optado por crear una biblioteca específica de Gijón con toda esta documentación, que es muy variada y que puede ir desde emisiones de deudas y censos hasta postales y folletos.

-¿Se podría decir que es el cajón desastre del archivo?

-Sí, sin ninguna duda. Hablamos de todo tipo de documentos efímeros que pueden parecer poco relevantes, pero que también hablan de la historia de la ciudad. Por ejemplo, a través de los carteles de festejos se puede observar una clara evolución de la sociedad desde el más antiguo que conservamos, de 1850, hasta los actuales. Cuando empezamos a hacer esta labor de recopilación no teníamos nada y ahora estamos hablando de más de dos mil carteles.

-¿Qué otras curiosidades puede albergar?

-Folletos, cajas de cerillas, marcapáginas, bolsas, felicitaciones navideñas, participaciones de la lotería, tarjetas de visita...

-¿Qué relevancia pueden tener estos objetos para que consideren necesario conservarlos?

-A veces, el único vestigio histórico que nos queda de algo o de alguien puede ser tan sencillo como una tarjeta de presentación. Imaginemos un despacho de abogados que ahora esté situado en la calle los Moros, pero que dentro de cincuenta años a lo mejor desaparece. La familia de los propietarios decide deshacerse de toda la documentación y lo único que queda, la única huella de su existencia es una tarjeta de presentación. Puede parecer poco relevante, pero todo lo que hay en esta biblioteca especializada que hemos creado nos habla de la historia de esta ciudad y quienes habitaron en ella. Además, somos pioneros, no creo que haya ningún archivo municipal en España que haga esto.

-¿No les supone un problema de espacio?

- Sí. De hecho, tenemos que trasladar en ocasiones documentos desde aquí, desde la Torre del Reloj, al depósito que tenemos en El Natahoyo, porque agotamos muchas estanterías.

-¿Qué le parecería la posibilidad de trasladar el Archivo Municipal a la renovada Escuela de Comercio?

-Solamente se trasladarán los fondos de hemeroteca, que hasta ahora estaban externalizados. El archivo municipal no tiene nada que ver con esto y seguirá donde está. Si en el futuro se hace un proyecto para que nos mudemos a un edificio nuevo y más grande, pues adelante, pero eso es más una decisión política.

-La Torre del Reloj fue concebida en sus orígenes como un mirador a la ciudad. ¿Existe la posibilidad de que retome esa función pronto?

-Desde su fundación fue un centro de interpretación, estaba abierta al público, tenía un recorrido museístico por dentro sobre el censo de Gijón y al llegar arriba se disfrutaba de las vistas de la ciudad. Pero este uso se acabó hace años, ahora es una parte más del Archivo Municipal destinada a trabajos de digitalización y como depósito de fondos.

-La digitalización, ¿es el principal reto al que se enfrenta ahora el Archivo Municipal?

- Sí, sin ninguna duda. Ya tenemos las bases y los programas para ponernos a ello pero el volcado llevará muchísimo tiempo. El futuro es tener toda la documentación en formato digital para facilitar el acceso universal. Además, los archivos no sufrirían daños, pues conservaríamos el original intacto.

-¿Ayudaría también a divulgar la labor que hacen?

- Por supuesto. Los archivos municipales y más este, por las peculiaridades que presenta, necesita conectar más con el público, como hacen las bibliotecas. Aquí la mayoría de la gente viene a consultar licencias de obras y el resto de documentos pasan desapercibidos salvo para los investigadores. Es una pena, tenemos muchos tesoros aquí que estoy convencido de que fascinarían a más de un gijonés.

-¿Cuál de todos esos tesoros es más importante?

-No podría elegir, aunque está claro que cuanto más antiguo más valor. Sin embargo, tenemos objetos menos preciados pero muy simbólicos para nosotros. Entre ellos un tablón, que puso un carpintero en 1930 en el depósito de archivo que había entonces en la calle Rectoría. Dejaron escrito a lápiz: «los carpinteros Gerardo Medina y Avelino Valdés hicieron esta estantería». Aún puede leerse.

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