Cosas de trasgos

Los personajes más característicos de la mitología asturiana guían, sorprenden y persiguen al público en una divertida aventura por el bosque del Botánico

Los trasgos reciben a los visitantes en su paseo por el Jardín Botánico. / J. PAÑEDA
LAURA SAIZGIJÓN.

Hay una cita por excelencia en el mes de agosto si le apasiona la mitología. Las Noches Mágicas vuelven un año más y agotan las entradas para sus primeras actuaciones. Miles de personas pasearán curiosos y expectantes para poder ver a las xanas peinarse con sus cepillos de oro, o evitar los trasgos a toda costa, no vaya a ser que desaparezcan pertenencias, porque incluso con un agujero en la mano, estos pequeños son muy listos y siempre andan haciendo de las suyas.

Ayer, cuando el cielo comenzaba a oscurecer, llegaban las familias, parejas, tríos, cuartetos y grupos de amigos a las instalaciones del Jardín Botánico. Los pequeños corrían nerviosos a la entrada, los adultos charlaban entre ellos y se divertían comentando que «el Cuélebre no nos da miedo aunque sea un dragón» o incluso recordando ediciones pasadas a las que ya acudieron. Las expectativas estaban bastante altas para el primer pase de la temporada y, los seres mágicos de los bosques, estuvieron a la altura.

Antes de empezar la actividad se guardó un respetuoso minuto de silencio por las víctimas del atentado de Barcelona, y se interpretó a la gaita la tradicional pieza fúnebre, la ‘Marcha de Antón el neñu’ en su memoria.

En el Entrono Cantábrico, punto de inicio de este recorrido, los 150 participantes se dividen en cinco grupos para comenzar la actividad de 75 minutos de duración. Tras una pequeña presentación con la que quedan advertidos, nada de fotografías con flash, detenerse a contemplar el paraje natural o separarse del grupo, si quieren llegar a cruzarse con los seres mitológicos y disfrutar de la velada.

Por la noche, todo el bosque pertenece a estas criaturas, para los tragos y los trasnos, que por fuerza mayor y necesidad de curiosear interactúan y gastan bromas a los «humanos» –así es como se dirigen a los visitantes–, no es nada nuevo recibirlos. «¡A ver si aplaudís!», exigía el trasgu, que dirige el paseo mientras sus compañeros se pelean entre ellos dando volteretas para jolgorio de los visitantes. El siguiente en aparecer es el Cuéleber, y ahora alguno de los valientes ya no lo es tanto... Es «el tormento de los visitantes».

El Diañu Burlón aparece a continuación para meter miedo al respetable. Y tambpoco es tan afable como parece el Busgosu, guardían de la flora y fauna, pues no siempre cree en la bondad y las buenas intenciones de los forasteros. Su temperamento ha dejado esta noche a más de una cara pálida. También andaban por allí, según dicen, un grupo de llavanderes. de bruces con el Nuberu, que por si cabía alguna duda, es tan grande como impresionante. Les xanes, tan majestuosas como siempre, trataban de encandilar a los hombres del lugar con sus largos cabellos rubios y su gracia casi angelical. Todo lo contrario que La Güestia, con su fantasmagórica comitiva. Y así, poco a poco, a lo largo de más de una hora, el recorrido por el jardín va descubriendo la mitología asturiana a todos los que no la conocían, con aplausos espontáneos después de cada intervención, magníficamente iluminada gracias al gran montaje de luz y sonido que acompaña el espectáculo.

Pero todo lo que empieza, termina y, a pocos minutos de volver a sus hogares, cada uno de los asistentes tenía una expresión diferente en la cara, e independientemente de si era alegre o cansada del paseo, tuvieron una última parada en la panera, donde el trasgu está a punto de irse a dormir tras la agotadora jornada de travesuras.

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