«Los turistas toman rayos UVA para no marchar más blancos»

Noemí García, junto a una máquina de bronceado. / JORGE PETEIRO

Los solarium recomiendan a sus clientes no darse «un atracón de sesiones una semana antes del evento de turno»

P. LAMADRID GIJÓN.

El sol ha vuelto a lucir en los últimos días en el cielo gijonés, pero ha estado escondido entre las nubes buena parte del verano. Ante la imposibilidad de ligar bronce de manera natural, no queda más remedio que recurrir a los rayos UVA si uno quiere lucir bronceado. «La novedad de este año es que están viniendo muchos turistas de otras partes de España para no marchar más blancos de lo que estaban», señala una trabajadora del centro que la cadena Solmanía tiene en Gijón.

Otros veranos, lo normal es que acudan al establecimiento «dos o tres personas que vienen a una boda», pero el presente período estival es mucho más concurrido en este sentido. «La gente viene de vacaciones y no ve el sol», de modo que optan por conseguir el bronceado por medios mecánicos. Respecto a los usuarios gijoneses, el número no ha variado demasiado respecto a veranos anteriores, señala esta profesional.

Por su parte, Noemí García, propietaria del centro BelSole, constata un aumento de la clientela. Pero no lo achaca tanto a la abundante nubosidad registrada en estos meses veraniegos, sino a «la mejora de la economía». De hecho, con doce años de experiencia en el sector, observa que las peticiones de cita son escasas cuando la jornada amanece nublada. «Cuando el día está gris, la gente no tiende a venir a la lámpara. Es algo muy contradictorio con lo que sucede en el resto de Europa», explica. Por otro lado, García asegura que los españoles no reciben rayos UVA con demasiada frecuencia, mientras que en otros países del viejo continente es habitual que lo hagan una vez por semana. «Aquí trabajamos mucho entre marzo y septiembre», apunta.

Época de celebraciones

El verano es un época cargada de acontecimientos y celebraciones, como bodas y comuniones. Ocasiones especiales en las que todo el mundo quiere verse guapo y muchos recurren a los centros de broceado para cambiar el tono pálido de su piel por uno más cálido. El problema es que hay usuarios que «se dan un atracón de sesiones una semana antes del evento de turno».

Una conducta imprudente que puede pasar una elevada factura a la piel. No obstante, «la cultura de preparar la piel» para la llegada del sol intenso va calando entre la población. «Aquellas personas que se dan sesiones en invierno no queman y repiten año tras año porque notan muchísimo los efectos positivos», afirma García.

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