Último adiós a Moisés Llordén, «la bondad personificada»

Tanatorio de Cabueñes, donde fue velado Llordén. / J. PETEIRO
Tanatorio de Cabueñes, donde fue velado Llordén. / J. PETEIRO

El catedrático y exvicerrector de Extensión Universitaria fue enterrado en Somió en la intimidad familiar

L. M. GIJÓN.

Hay, en el recuerdo de todos aquellos que conocieron a Moisés Llordén Miñambres un denominador común: el de haber tratado con un hombre cordial, respetuoso, colaborador y dispuesto siempre a ayudar. «A amigos y enemigos», decía entre bromas y veras Vicente Gotor, quien compartió equipo rectoral con él entre 1996 y 2000. El de haberse topado con «la bondad personificada», según le describe el también exvicerrector Santos González. Buena parte de aquellos que lo trataron a lo largo de sus 73 años de vida, como catedrático de Historia e Instituciones Económicas, como exvicerrector de Extensión Universitaria, como patrono de la Fundación Archivo de Indianos, miembro de número del Ridea o como expresidente del Foro Jovellanos, algunas de las más destacadas responsabilidades que asumió en todo este tiempo, pasaron por el tanatorio de Cabueñes para despedirse de él. Para arropar a su viuda, Josefa Troncoso, y a los tres hijos del matrimonio: Rodrigo, Gonzalo y Beatriz.

No hubo funeral ni ningún otro acto de despedida. Moisés Llordén fue enterrado ayer en el cementerio de Somió en la más estricta intimidad familiar. Nacido en 1944 en la localidad zamorana de Santibáñez de la Tera, de la que era natural su madre, Moisés Llordén se crió y vivió toda su vida en Gijón, donde estudió primero en el colegio San Vicente y posteriormente en el instituto Jovellanos. Sportiguista acérrimo, mientras la salud se lo permitió «no falló ni un solo domingo a su cita en El Molinón», tal y como recordó su hijo Rodrigo.

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