«No tenemos dónde ir. Que nos suban la renta, pero que no nos echen a la calle»

«No tenemos dónde ir. Que nos suban la renta, pero que no nos echen a la calle»
Mari Carmen y su marido, Tino, llegaron a La Camocha en 1963, y desde entonces han tenido que pagar de su bolsillo una infinidad de obras y reformas. / FOTOS DAMIÁN ARIENZA

Las familias del poblado minero de La Camocha reconocen su «pánico» ante el posible desahucio y piden renegociar las condiciones actuales

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

Joaquina Morán tiene 82 años. Ella y su marido, minero, arrendaron un primer piso en el poblado de La Camocha hace más de medio siglo. Hace poco, Joaquina enviudó y se quedó a cargo de toda la familia con su pensión como único ingreso. Pese a la dureza de esta situación, a la que se suma la pérdida de una hija, mantiene un sentido del humor envidiable. Sin embargo, cuando oye la palabra 'desahucio' su semblante empalidece y la habitual sonrisa da paso a un gesto de preocupación. «Si llega el día en que me echen no sé qué voy a hacer», dice. Poco después recupera el optimismo y vaticina que deberá ir a una residencia «a cantarle asturianadas a las mozas».

Acaba de abonar en el banco los 27 euros que paga al año como arrendataria oficial del inmueble, y coincide en que la cifra está por debajo del valor actual de su alquiler. «Entendemos que nos suban la renta, pero que no nos echen a la calle por no querer comprar el piso a un precio tan alto», argumenta.

Joaquina defiende que su domicilio apenas cuenta con 50 metros cuadrados y que han sido necesarias numerosas reformas para resistir al paso de los años. «Hemos cambiado la cocina y cerrado la terraza. Todo de nuestro bolsillo», asegura esta mujer desde la escalera de su vivienda, donde llama la atención la tremenda mancha de humedad que recorre la fachada exterior.

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No es la única vecina que lucha cada día contra las humedades que amenazan con destrozar las paredes de las viviendas. Unos empapamientos de los que los inquilinos también culpan a la administración concursal. «Cuando tapiaron el bajo, lo hicieron con tan poco cuidado que dejaron las persianas cerradas, por lo que debe estar completamente encharcado», afirma una de las arrendatarias que vive encima de dicho inmueble, al tiempo que muestra los destrozos ocasionados a las paredes. «Incluso llegamos a tener moho. Esto no se puede permitir», clama con evidente frustración.

La inquietud y la preocupación protagonizan el día a día en el poblado minero de La Camocha, donde ningún vecino entiende «el ensañamiento» del que están siendo víctimas. «Cuando tuvimos que hacer obras y reformas no vino nadie a preguntar si necesitábamos algo. Ahora, como quieren el dinero, se dan mucha prisa», comentan los inquilinos.

Mari Carmen Ornia es una de las vecinas que más reformas han llevado a cabo en las viviendas. Llegó a La Camocha en 1963 y le arrendaron el piso por 3.000 pesetas al año. Junto con su marido Tino, quien trabajó toda su vida como maquinista en la mina, ha tenido que cambiar dos veces los canalones, arreglar el tejado y renovar los contadores de agua y luz. «¿Y a que no sabes quién lo pagó todo?», pregunta señalándose.

Vista de uno de los bloques de viviendas en el poblado minero.
Vista de uno de los bloques de viviendas en el poblado minero.

Mari Carmen cuenta que hace 25 años, Mina La Camocha ofreció a los arrendatarios la posibilidad de adquirir en propiedad sus viviendas por unas 800.000 pesetas (4.808 euros). Sin embargo, cuando se le cuestiona por el motivo que decidió a la mayoría de inquilinos a decantarse por continuar en régimen de alquiler lo tiene muy claro. «Tardaban 15 años en entregar las escrituras, así que casi nadie se quiso arriesgar. Tú compras una casa sin escritura y a ver cómo demuestras que la casa es tuya», argumenta.

Su vivienda también fue tasada en casi 93.000 euros, lo que con la opción preferente que otorga el Juzgado de reducción del precio al 50%, hace que pueda adquirir el inmueble por 46.500 euros. Sin embargo, Mari Carmen se niega a pagar tanto dinero por una casa que, precisa, «vale lo que dicen que vale por el dinero que nos dejamos Tino y yo».

Sin embargo, al contrario que muchos de los vecinos del poblado minero de La Camocha, Mari Carmen no se cierra a la posibilidad de adquirir en propiedad el inmueble. «Yo si tengo que comprarlo pues lo compraré, pero por un precio justo», avisa esta vecina, quien reconoce haber trasladado una oferta de 30.000 euros a la administración concursal. Pero ésta le respondió pidiendo más dinero. «Les dije que mi precio eran cinco millones de las antiguas pesetas, pero se negaron y me pidieron mucho más», asegura a la vez que cataloga de «locura» el precio de la vivienda. «Que traigan a alguien de fuera y le pregunten si compraría esta casa por ese dinero, que igual sale corriendo», comenta en tono jocoso.

Lo que sí tienen claro todos los vecinos es que no será fácil echarlos de sus casas. «Llevamos aquí mucho tiempo como para que ahora lleguen y nos larguen por las buenas», comentan.

Su propuesta al juzgado y a la administración concursal es clara: establecer una negociación que pueda satisfacer a ambas partes. «No somos tontos, y sabemos lo que hay», responden cuando se les pregunta por si temen un cambio de las condiciones. «Si tienen que subir las rentas que las suban. Negociamos unas cantidades lógicas y el que quiera comprar que compre y el que quiera seguir alquilado que lo haga. Pero queremos vivir en paz», sentencian.

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