Vidas paralelas desde la niñez

Juan Fombona y Álvaro Ablanedo, en el curso 1993-94 en la Inmaculada. /E. C.
Juan Fombona y Álvaro Ablanedo, en el curso 1993-94 en la Inmaculada. / E. C.

Juan y Álvaro estudiaron juntos, vivían en el mismo barrio y compartían aficiones | La noche del atropello cenaron y tomaron copas en un pub de Somió. Llevaban tiempo sin verse, porque Álvaro acababa de volver de Australia

MARCOS MORO / OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

Álvaro Ablanedo y Juan Fombona «eran como uña y carne desde la infancia». Ambos, hermanos pequeños de familias numerosas y muy conocidas de Somió. Estrecharon sus vínculos de amistad a corta edad en las aulas del Colegio de la Inmaculada, donde fueron repetidores de curso. Los estudios se les resistieron y cada uno acabó ganándose la vida en el ámbito de los negocios familiares. Álvaro hizo la tentativa de estudiar aparejador en Segovia, pero acabó desistiendo. Vecinos casi de calle, compartían aficiones como la pasión por las motos, estilo de vida, círculo íntimo de amistades y eran asiduos de los mismos bares. Además, solteros y vivían en casa de sus padres cumplidos los 38 años. También eran socios del Club de Tenis, aunque el que realmente practicaba este deporte era Álvaro, que recientemente se examinó para sacar el título de patrón de embarcación de recreo.

‘Villa Gonzalo’, la residencia familiar de Álvaro Ablanedo, en el Camino de los Tulipanes.
‘Villa Gonzalo’, la residencia familiar de Álvaro Ablanedo, en el Camino de los Tulipanes. / A. FLÓREZ

Juan Fombona trabajaba como auxiliar en la farmacia familiar de El Llano, mientras Álvaro estuvo vinculado muchos años a la administración de los terrenos y fincas de su padre, un ingeniero de minas que hizo fortuna con la construcción y falleció en 2008. También consta en su currículum como apoderado de Asturtasa, una empresa de tasación inmobiliaria. Recientemente, durante cinco años estuvo gestionando estaciones de servicio de Beta, una de las líneas de negocio de Rubén Pérez, el empresario que está detrás de Tesla, actual patrocinador del Sporting y que fue pareja de su hermana Alejandra. El acusado mantiene lazos familiares con el mundo del fútbol y el Sporting por otra vía, ya que es primo carnal de los hermanos Juan Carlos y José Luis Ablanedo. Álvaro se mudó con su familia a Somió desde la calle Cabrales. El nombre de la residencia familiar, donde el acusado de homicidio imprudente vive con su madre y una de sus dos hermanas, es 'Villa Gonzalo'. Es el homenaje a un hermano que murió a corta edad por enfermedad. El detenido es el menor de cuatro hermanos. El fallecido también es el benjamín, pero en su caso de tres.

Ramo de flores en el lugar en que se produjo el atropello en la avenida de Dionisio Cifuentes.
Ramo de flores en el lugar en que se produjo el atropello en la avenida de Dionisio Cifuentes. / P. UCHA

Quienes conocen a ambos amigos aseguran que formaban parte de «un grupo muy unido». En Somió frecuentaban el Güito y el Baffi y cuando bajaban al centro sus bares fetiche eran el Oricio's y el Gallery. Los dos paraban también en lugares como Casa Víctor, junto a la plaza de Villamanín. Sus vecinos les consideran «buenos chavales que no se metían en problemas». Juan, el fallecido, tenía mayor predicamento por su carácter más abierto y cariñoso. Cuando sus ocupaciones se lo permitían les gustaba salir juntos a 'quemar neumático' con sus motos de gran cilindrada. Eran propietarios de modelos parecidos.

Después de que varios de los amigos de la pandilla contrajeran matrimonio, quedaron Juan, Álvaro y Javier solteros y después de que éste último pasase por la vicaría hace año y medio eran ya ellos dos los que más quedaban de forma rutinaria.

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Los amigos se diferenciaban en tamaño. Álvaro, que había ganado peso últimamente, era más alto que Juan y le ganaba también en corpulencia. Introvertido y tímido, quienes conocían a ambos aseguran que el detenido como autor del atropello «es buena persona pero con más genio» que el fallecido.

Reencuentro y celebración

Los dos amigos salieron a cenar la noche del pasado viernes y después prolongaron la velada de copas en las cercanías de sus domicilios familiares. Álvaro y Juan era tradicionalmente los que tenían más aguante a la hora de salir con la pandilla y a día de hoy los únicos sin ataduras familiares. Llevaban tiempo sin verse, según explican conocidos de ambos, porque Álvaro había estado un tiempo fuera de España por motivos de trabajo. En concreto, se había trasladado a Australia. Por tanto, los viejos compadres tenían aparentemente muchas anécdotas que compartir para ponerse al día y celebrar una amistad que muchos califican de «íntima».

En el Baffi, uno de sus locales preferidos, la camarera que cerró aquella noche asegura que estuvieron allí los dos solos «de buen rollo, divirtiéndose, bailando e invitándose mutuamente a copas sin ningún tipo de roce ni discusión».

Los vecinos de Somió no se explican lo ocurrido la fatídica noche. «Es una tragedia que ha marcado para siempre a dos familias muy queridas en la parroquia. Pudo ser una broma que se fue de las manos», apunta un conocido que prefiere preservar su anonimato.

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