20 horas de cola para participar en el programa de intercambio de libros

Estrella Rodríguez, Raquel Pérez, Edelmira Villaverde, Silvia Martos y Conchi Requejo, en la puerta del Conseyu de Mocedá. / JOAQUIÍN PAÑEDA

El reparto de números en la sede del Conseyu de Mocedá ha comenzado hoy, a las ocho de la mañana

P. LAMADRID GIJÓN.

«Es la primera vez que vengo, pero creo que voy a repetir». Raquel Pérez hizo tal comentario sentada en una silla de camping, mientras hacía una labor de ganchillo para un frutero. «Lo hago con cañamazo, que era lo que usaba mi madre para atar las morcillas», añadió. La larga espera que le quedaba por delante para conseguir libros de texto no apagaba su buen humor. Acudió a las ocho de la tarde a la sede del Conseyu de Mocedá para relevar a una familiar, Edelmira Villaverde.

Necesitan manuales para tres adolescentes. Si los consiguen todos o, al menos, la mayor parte, el ahorro será considerable. Edelmira y Raquel, que le cogió el testigo, formaban parte del grupo de personas que hacían cola ayer para intentar conseguir el número más bajo posible y tener así más posibilidades de hacerse con los manuales que precisan. A las ocho y media de la tarde, eran siete los participantes en el programa de intercambio de libros de texto que organizan la Asociación Juvenil Estudiantes Progresistas y la Confederación Asturiana de Madres y Padres de Alumnos de Centros Públicos (Coapa).

Veinte horas de espera

La más madrugadora fue Conchi Requejo, que a las doce del mediodía ya estaba a las puertas del Espacio Astragal, el espacio dedicado a la cultura y al arte que gestiona el Conseyu y al que se accede por la avenida de la Constitución. En la anterior edición, consiguió el segundo puesto, así que este año decidió enviar al destinatario de los tomos, su hijo, una hora antes para luego darle el relevo. Conchi espera repetir el éxito de la última ocasión, cuando se fue a casa con todos los libros que necesitaba. «Para Bachillerato tienes que venir pronto porque hay menos», explicó, ya que muchos adolescentes se los intercambian entre ellos o los venden a través de internet. El ahorro, apuntó, puede llegar a los 300 euros, por lo que le compensan las largas horas de espera. Esta usuaria, salvo los escasos momentos en los que su hijo ocupe su lugar para darle un descanso, permanecerá veinte horas a la cola para recibir cuatro libros de texto.

«Si vienes pronto, consigues los libros», aseguró Carmen Fernández, que acudió con una familiar para tratar de hacerse con manuales didácticos para cinco estudiantes. Por su parte, Silvia Martos es una veterana en este programa, en el que ha participado «todos los años». A las 12.30 horas, ya había instalado su silla. Es alumna del IES Fernández Vallín y necesita cuatro libros de segundo de Bachillerato. El caso contrario es el de Estrella Rodríguez, que se decidió a probar suerte este año. «Oí hablar de esto en el colegio el año pasado y vine», señaló.

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