«Lo peor es esta incertidumbre»

Consolación Bravo y Mario García, en su piso de Nuevo Gijón con una foto de su hija. / DAMIÁN ARIENZA
Consolación Bravo y Mario García, en su piso de Nuevo Gijón con una foto de su hija. / DAMIÁN ARIENZA

Los padres de Yolanda García, desaparecida en 2015, piden colaboración ciudadana | Profesora de 52 años, falta de su domicilio en Nuevo Gijón desde hace tres. «No tenemos ni dónde llorarla», lamenta su familia

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

«La vida se nos paró hace tres años. Todos los días desde entonces son muy complicados, pero en estas fechas, aún más si cabe...». Mario García y Consolación Bravo se aferran a una fotografía de su hija Yolanda como también lo hacen a la esperanza de que se descubra alguna pista «que ponga fin a esta agonía». La mujer, que a día de hoy tendría 52 años, falta de su domicilio de Nuevo Gijón desde el 5 de febrero de 2015. Nada se ha vuelto a saber de ella. Ni un solo hilo del que tirar para conocer el rumbo que tomó cuando salió de casa de sus padres con la intención de ir a su piso, a escasas dos calles de distancia y al que nunca llegó.

«Lo más triste es no tener ni un sitio al que ir a llevarle unas flores, ni una tumba en la que llorarla», dice su padre, quien cada 5 de febrero le rinde homenaje «tirando unas flores al mar, desde la zona del camping de El Rinconín». Porque una de las hipótesis que con más fuerza ronda en la cabeza de Mario es que Yolanda quiso poner fin a su vida en el Cantábrico. «Había tenido un intento de suicidio hacía tiempo, con pastillas, pero llegamos justo para que los médicos la salvasen. Estuvo ingresada en el Hospital de Jove y poco a poco fue mejorando», recuerda su padre, quien asegura que el día de la desaparición no notaron nada que hiciese sonar las alarmas. «Había vuelto a trabajar después de una temporada de baja; era profesora interina y la última época estaba dando clase en el instituto Fleming, de Oviedo. Ese día la fui a buscar en coche y vinimos a comer a casa, como todos los días, estaba normal, no notamos nada especial. Por la tarde dijo que iba a su casa a buscar unos libros para preparar unas asignaturas y hasta hoy... Como si se la tragase la tierra», apunta Mario García, incapaz de reconstruir los pasos de su hija.

«Aquel día había un temporal como el de ahora, pero con muchísimas olas y mucho viento. Si hizo lo que yo creo que pudo haber hecho, el mar se la llevó muy lejos», intenta razonar. Su mujer, sin embargo, no pierde la esperanza de que Yolanda esté con vida.

«Es muy complicado pasar el duelo si no existen pruebas de que no esté viva, es ley de vida», comenta Mario.

Pero lo cierto es que las investigaciones realizadas por la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de la Comisaría de Gijón no han tenido un resultado positivo. Se vigilaron las cuentas bancarias sin que en estos tres años se haya producido ni un solo movimiento. Tampoco los rastreos en la senda verde, con grandes connotaciones personales para Yolanda, aportaron dato alguno. Ni las batidas por distintas zonas con el apoyo de perros especializados en rastreo.

«Que no caiga en el olvido»

«Lo que no queremos es que nuestro caso caiga en el olvido, por eso pedimos a cualquier persona que pueda aportar alguna mínima pista, que llame a la Policía y lo comunique, porque aunque para ellos pueda ser insignificante, puede suponer mucho para la investigación», dicen los padres.

Más tiempo llevan esperando los familiares de Pedro Matías Sánchez, el joven que hoy tendría 39 años y que falta de su casa de la calle Puerto Rico, en El Cerillero, desde el 26 de marzo de 2009. Casi nueve años en los que a Rosa, su madre, no ha cesado en su búsqueda ni un solo día, aunque los años transcurridos han ido mermando poco a poco las esperanzas. La última pista que se tiene de este hombre que se encontraba en paro después de un tiempo trabajando para una empresa siderúrgica es el testimonio de un conocido que se lo encontró cerca de la Casa del Mar. Su desaparición sigue siendo un misterio.

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