«La zona centro comenzó a perder residentes en la década de los setenta»

Jacobo Blanco. /  H. ÁLVAREZ
Jacobo Blanco. / H. ÁLVAREZ

El decano del Colegio de Sociólogos constata que la ciudadanía tiende a mudarse a la periferia por motivos económicos y de calidad de vida

GIJÓN.

Con la mejora de las comunicaciones, no es preciso emplear una gran cantidad de tiempo en llegar al centro de Gijón desde la zona periurbana y rural. El precio de la vivienda, más barato que en el núcleo del municipio, y la posibilidad de llevar un estilo de vida más sostenible son algunas de las razones que explican el crecimiento registrado por varias parroquias rurales gijonesas durante el año pasado y la pérdida de vecinos en el centro. «En Gijón, está consolidada la tendencia de perder población en el centro desde la década de los setenta», señala el decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Asturias, Jacobo Blanco.

Propensión que también se percibe en El Llano por su cercanía a las calles principales de la ciudad, apunta. Por su parte, la pérdida de población de La Calzada se explica por su carácter industrial, muy mermado respecto a décadas atrás. «Es un barrio muy envejecido, que recibió un aluvión de personas en las décadas de los sesenta y los setenta y lo empieza a perder», destaca Blanco, quien también es profesor en la Universidad de Oviedo. Afirma que la tendencia de los gijoneses, como ocurre en otros municipios de tamaño similar, es trasladarse a la periferia.

Una corriente que queda demostrada con los datos más actualizados del padrón, correspondientes al 1 de enero. Tanto Nuevo Roces como nueve parroquias rurales sumaron nuevos vecinos durante el ejercicio anterior. Según Blanco, los gijoneses se desplazan hacia esos puntos del municipio porque «el precio del metro cuadrado es más barato y pueden usar el coche para desplazarse». También influye la percepción que tienen algunas personas que asocian residir en la zona rural y periurbana a tener una mejor calidad de vida. La sangría poblacional que afecta al centro desde hace décadas también se debe al descenso del número de inquilinos en cada hogar. Además, es muy complicado ampliar la cifra de viviendas en el corazón de la ciudad, pues buena parte de los inmuebles cuentan con un grado de protección urbanístico que impide su derribo para construir nuevos edificios.

Inmigración de retorno

En términos generales, en España «los que más crecen son los hogares de mujeres jóvenes y solas», apunta el decano del Colegio de Politólogos y Sociólogos. Mientras que el conjunto del país gana población, «a Asturias le está costando recuperar la senda del crecimiento tras la crisis». Lo que ocurre en Gijón, Oviedo y otras ciudades es que la natalidad sigue sin repuntar de forma notable y, además, la inmigración tampoco parece que tienda a crecer.

«Antes ganábamos población por los extranjeros y por la inmigración de retorno, como aquellos que se marcharon en los sesenta y volvieron a España al jubilarse», destaca Blanco, quien apunta a un posible cambio de esta tendencia en Asturias. «¿Regresarán los que emigraron en los ochenta?», se pregunta.

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