El Comercio

La oposición venezolana «tomará» la calle para no dejar morir el revocatorio

Henrique Capriles, líder opositor venezolano.
Henrique Capriles, líder opositor venezolano. / Miguel Gutiérrez (Efe)
  • El Consejo Nacional Electoral sitúa la consulta entre febrero o marzo del próximo año, lo que asegura al chavismo permanecer en el poder hasta la siguiente elección presidencial, en 2018

La oposición venezolana ha convocado a una movilización nacional el 12 de octubre para exigir que el referéndum revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro se realice en 2016, aunque el poder electoral lo postergó hasta 2017, descartando así elecciones anticipadas.

"Desbordaremos las calles de toda Venezuela de forma pacífica. El referendo es en 2106", ha asegurado el lunes el portavoz de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Torrealba, durante un acto en un parque del este de Caracas.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), al que la MUD acusa de servir al gobierno, anunció el pasado miércoles que la oposición podrá recolectar el 26, 27 y 28 de octubre las cuatro millones de firmas (20% del registro de votantes) requeridas para llamar al referendo.

Pero aun si las consigue, precisó el CNE, la consulta se efectuará recién entre febrero o marzo del próximo año, lo que asegura al chavismo permanecer en el poder hasta la siguiente elección presidencial, en 2018, pues si el referendo se hace en 2017 y Maduro es revocado sería reemplazado por su vicepresidente.

"El referendo se hará este año, no hay razones técnicas ni jurídicas para que no sea así (...) Cualquier intento de bloquearlo se responderá en la calle", ha dicho Torrealba en el acto al que asistieron dirigentes políticos de todo el país, mientras Maduro inauguraba el año escolar, en cadena de radio y televisión.

Para la MUD, la consulta es urgente porque la crisis económica es cada vez peor. El país con las mayores reservas petroleras del mundo enfrenta una severa escasez de alimentos y medicinas, y una inflación galopante, que el FMI calcula en 720% este año.

En momentos en que las encuestas señalan que ocho de cada 10 venezolanos quieren un cambio de gobierno, Maduro apuesta a resolver el desabastecimiento en corto plazo, con ayuda de los militares, para revertir su impopularidad de un 75% y completar el mandato en enero de 2019.

Más temprano, el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, aseguró que la oposición busca convocar a un paro nacional para presionar la salida del poder de Maduro, pero aseguró que va a "fracasar".

El CNE decidió que instalará 5.392 máquinas de registro de huellas, que estarán activas siete horas diarias, lo que asegura garantizará el mínimo de 20% de firmantes en cada uno de los 24 estados.

La oposición, que pedía 19.000 máquinas para el total de 19,5 millones de electores, rechaza que el 20% sea proporcional por estado, y exige que corresponda a la sumatoria nacional. El CNE no ha aclarado cómo procederá.

"Si queremos salir de esto, y aun cuando nosotros no queremos ni deseamos participar en estas condiciones, tenemos que echarle bolas (ánimo) porque no podemos permitir que este gobierno sea el que decida cuándo defendemos nuestros derechos y cuándo no", afirmó en el mismo acto Henry Ramos Allup, presidente del Parlamento, de mayoría opositora.

Cabello anticipó que la MUD aceptaría las condiciones del CNE. "No van a lograr las firmas y se van ir para las calles a hacer llamados a desobediencia", añadió.

Pero el diputado Freddy Guevara llamó a "superar con creces" el 20% y simbólicamente los 7,5 millones de votos que se requieren por ley para revocar a Maduro. "Que el gobierno entienda que ya está revocado", aseguró.

Para el analista Luis Vicente León, la MUD acepta a regañadientes las condiciones del CNE porque su objetivo es convertir la recolección de firmas en un "revocatorio adelantado".

Por su parte, Diego Moya-Ocampos, de la consultora IHS Markit Country Risk, con sede en Londres, advierte que "si se bloquea el referendo aumentará el riesgo de protestas desestabilizadoras".

El anuncio del CNE dejó ver fisuras en la oposición, históricamente dividida. Mientras unos defienden seguir adelante a pesar las condiciones del organismo, otros pedían la desobediencia civil y tomar de inmediato las calles.

"Esto lo hizo el gobierno para fracturarnos. Se equivocaron, logramos una posición única", aseguró sin embargo Torrealba.

León consideró que cualquiera que fuera la respuesta de la MUD, ya habían aflorado las grietas, "lo cual obliga a la oposición a empezar con una pata coja".

La MUD trazó su hoja de ruta luego de una encerrona el fin de semana de sus dirigentes y tras consultas con sindicalistas, empresarios, y estudiantes en busca de una masiva participación en las protestas.

Para Moya-Ocampos, la MUD está ante "una prueba crucial" en la que deberá demostrar su capacidad de movilización, pues desde la marcha del 1 de septiembre -según la oposición de un millón de personas- no logra reunir más que a cientos en las calles.