Asturianos en el terremoto de México: «El edificio era como una peonza. Ha sido horrible»

Los mexicanos salieron de inmediato a la calle para auxiliar a quienes quedaron atrapados dentro de los edificios que colapsaron./AFP
Los mexicanos salieron de inmediato a la calle para auxiliar a quienes quedaron atrapados dentro de los edificios que colapsaron. / AFP

Asturianos en México relatan con terror cómo han vivido el terremoto: «El suelo era una orquesta de crujidos y no sabíamos si las casas dañadas iban a caer»

CAROLINA GARCÍA

Pablo Martín, presidente de Izertis, bajaba las escaleras pegado a la pared cuando un segundo temblor, aún más fuerte que el primero, le lanzó al otro lado de la escalera. Se había ido la luz. Eran poco más de la una y cuarto de la tarde cuando el suelo empezó a temblar y saltaron las alarmas. Apenas dos horas antes, el pueblo mexicano recordaba a las más de 10.000 víctimas que perdieron la vida en el terremoto de 1985. «Se movió todo el edificio. Era como una peonza. Pese a que el temblor fue muy fuerte, no hubo daños estructurales porque es un edificio de tres años y preparado para seísmos», explica el gijonés Pablo Martín, que se encontraba en la sede que la empresa tiene en México DF en la zona sur, en Coyoacán. El presidente de Izertis estaba junto con Susana Fernández (natural de Pravia), que forma parte del equipo de recursos humanos de la empresa, y el gijonés Javier Solar, director de compras y logística de la empresa en la segunda planta del edificio. Su plan era subir ayer a un avión y desplazarse hasta Guadalajara tras celebrar el ‘Izertis Day’ (evento de la empresa), el mismo día del terremoto. «Se cancelaron todos los actos y pese a que las oficinas en la capital no abrieron ayer, gran parte de los trabajadores decidieron salir voluntariamente a ayudar en todo lo posible», relata. Los tres tomaron rumbo ayer a España con la idea de regresar a México en unas semanas. Mucho miedo pasó también su compañera Susana Fernández. «Las sacudidas eran muy fuertes. Íbamos a comer cuando comenzó el temblor. Fue horrible. Íbamos mirando hacia los edificios con temor a que cayeran», cuenta minutos antes de emprender viaje a España. Cuando consiguieron bajar a la calle se encontraron con «gente muy asustada porque lo que sucedía era «fuera de lo común».

El praviano Manuel Jesús Castellano, junto a su familia.
El praviano Manuel Jesús Castellano, junto a su familia.

Tras 40 minutos en la calle, con las comunicaciones cortadas, pudieron entrar en el edificio para buscar sus pertenencias. «Subimos de tres en tres», narran. Con lo poco que pudieron coger, como sus planes eran viajar a Guadalajara no tenían dónde dormir esa noche. Conseguir una habitación era prácticamente imposible, así que al final, el gerente de la empresa en México DF les acogió en su casa. «Llegamos hasta allí caminando con el miedo de que pudieran caer los edificios. Las escenas eran tremendas, mucho pánico, desaparecidos...», relata el presidente.

Los asturianos Javier Solar, Susana Fernández y Pablo Martín.
Los asturianos Javier Solar, Susana Fernández y Pablo Martín.

En su camino hacia el domicilio del compañero alaban la reacción del pueblo mexicano. «La gente comenzó a ofrecer la colaboración, con alimentos, bebidas, trabajando en los escombros, ofreciendo sus casas», cuentan. La misma solidaridad es la que quiso destacar el praviano Manuel Jesús Castellano, que lleva una década en México. Vive con su familia en Ecatepec de Morelos. «Para el pueblo mexicano no existió el ayer, y hoy ya están preparados para otro día». Es el segundo terremoto que él y su familia sufren en dos días. «Es muy duro a nivel emocional». Cuando comenzó a temblar el suelo estaba en casa con su suegra y con su hija. «Entras en pánico, cogí a mi hija y salimos a la calle. Mi suegra decidió refugiarse bajo el marco de las puertas del baño. Fueron muchas emociones. El suelo era una orquesta de crujidos y no sabíamos si se iban a mover las casas dañadas y caer. Muchas están muy dañadas». A la angustia del momento, se suma el que su mujer se encontraba «en medio de la zona y no sabíamos cómo estaba». Más tarde llegaron las noticias de que estaba bien. Salió corriendo a buscar a su hijo pequeño que estaba en la guardería. «Me lo encontré junto a sus compañeros sentados porque las profesoras que los tenían cantando canciones. Son súper lindas», cuenta emocionado. Castellano, con el miedo en el cuerpo, envía el pésame a las familias de los fallecidos y se pone en la piel de los que lo han perdido todo.

Gran grieta en la terminal 2 del aeropuerto de la capital mexicana.
Gran grieta en la terminal 2 del aeropuerto de la capital mexicana.

Al gijonés Alfredo Victorero y a su familia este último terremoto que sacudió México le removió por dentro. En 1985 vivían en México DF y fue el seísmo uno de los detonantes para regresar a Gijón. Victorero tenía entonces 13 años, cuando de camino al colegio en autobús le sorprendió el temblor. «Entonces no había móviles. No sabíamos nada de nadie. Mi hermana estaba en su colegio cuando cayó uno de los edificios del centro. Era el Instituto Cultural y no sabíamos si estaba bien. Pasé mucho miedo». Aquél episodio marcó sus vidas. Con negocios en México, decidieron al finalizar el curso escolar hacer las maletas y regresar a España. En Gijón comenzaron de nuevo. «La inseguridad del país, la crisis y el terremoto fue determinante», cuenta.

Estado de uno de los edificios en la zona de la Avenida de la Universidad en México DF tras el terremoto en una foto cedida por asturianos.
Estado de uno de los edificios en la zona de la Avenida de la Universidad en México DF tras el terremoto en una foto cedida por asturianos.

Más noticias

Temas

Mexico

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos