Asturianos en México: «He vivido seis terremotos aquí y nunca tuve esta sensación de peligro»

Jesús Victorero, junto a su sobrina María Covadonga Sánchez (en la izquierda) y su esposa, Manuela Jordana, en el Centro Asturiano conocido como el ‘Reloj’ en México DF.

Los asturianos en México relatan cómo han sufrido el seísmo

CAROLINAGARCÍAGIJÓN.

Gerardo Alexandre cree que no podrá volver a su oficina. Trabaja en una editorial digital que tiene su sede en la zona Roma Norte, uno de los barrios más afectados por el terremoto. Este gijonés que lleva desde 2011 en México DF estaba trabajando cuando comenzó a temblar el suelo. «Al principio el movimiento era oscilatorio. Salí del despacho y cuando volví a entrar el suelo se movía de arriba a abajo. Comenzaron a romperse los cristales y salimos todos corriendo mientras sentíamos cómo crujía todo el edificio y las paredes se llenaban de grietas».

Desde que reside en la capital mexicana ha vivido seis seísmos, pero «ninguno parecido a este. Nunca antes había tenido la sensación de peligro, salvo en esta ocasión», relataba ayer desde su casa que, pese a estar en Condesa, otra de las zonas más dañadas, al ser un edificio de apenas tres años y preparado para terremotos, no sufrió daños. «El barrio está muy afectado porque está construido sobre un lago que se secó y siempre es de las zonas que más sufre». De momento, ayer no fue a trabajar. Este gijonés de 31 años cuenta que México DF se ha convertido en una ciudad completamente paralizada. «La oficina tiene muy mala pinta. No sé si va a estar habitable después de esto o si tengan que derrumbar el edificio».

Gerardo Alexandre ayer en la zona de Condesa, donde reside.

En el mismo barrio, en Condesa, vive otro asturiano, también de Gijón y de nombre Gerardo. Se apellida García y como Alexandre, su casa tampoco sufrió daños. De hecho, ha servido de cobijo para muchos de sus amigos a los que el terremoto ha dejado su casa con alto «peligro de derrumbe». A Gerardo García, agente de futbolistas, el seísmo le cogió subido en un avión a punto de despegar rumbo a Guadalajara. «Tuve suerte porque creo que no sentimos ni la mitad de lo que se vivió en Condesa. Allí fue terrible», relata. Junto al pueblo mexicano tanto él como sus amigos se afanan estos días en prestar todo tipo de ayuda. «Hacemos todo lo que podemos».

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Esa misma solidaridad es a la que ayer se refería también el praviano Manuel Jesús Castellano. Él si pudo ir a trabajar. Tiene jornada nocturna ya que es encargado de un grupo de panaderías llamado Indupan así que pudo seguir muy de cerca las noticias en la radio. «Es un pueblo acostumbrado a los desastres naturales y al minuto ya están ahí con el traje de combate dispuesto a ayudar», cuenta. De la fuerza del pueblo mexicano sabe bien Jesús Victorino que lleva 75 años en el país De origen asturiano (sus padres son de la zona de Llanes) confiesa que «por el miedo a sufrir nuevos temblores esa noche no durmieron». Vive con su mujer cerca de Coayacán. El terremoto le sorprendió trabajando. «La fábrica se movió bastante pero apenas sufrió daños. Al comenzar a temblar salimos a la calle. Tardé tres horas y media en volver a casa porque estaba todo cortado». Con más siete décadas en el país, fue testigo del seísmo que hace 32 años costó la vida a más de 10.000 personas. Entonces, recuerda, emprendía viaje hacia Puebla y se cayó la torre de comunicación. «No podíamos comunicarnos. Fue caótico. Este también lo ha sido».

Tres centros asturianos

Tras el seísmo, dos de los tres centros asturianos que hay en México DF permanecían ayer cerrados. Los trabajadores y responsables relatan que «estaban revisando todas las áreas» para ver si hay daños o no. Según explican desde los centros asturianos de Coayacán y Cualupla no tienen fecha de apertura ya que quieren revisar a fondo y ver cómo están las distintas áreas. Sí abrió con total normalidad el de Polanco, situado en una zona menos afectada por el terremoto. Lo que sí que explicaron desde los tres centros es que la colonia asturiana «se encuentra bien».

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