El Comercio

Trump elude comprometerse a respetar el resultado electoral

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Los dos candidatos, en el escenario del debate. / Reuters

  • El magnate vuelve a sembrar dudas sobre la limpieza del proceso ante una Clinton que carga contra el "patrón de división" por el que se rige su adversario

A cara de perro. Hillary Clinton y Donald Trump han vuelto a confrontar sus visiones irreconciliables sobre lo que es y debe ser Estados Unidos, así como el modo de conducir sus relaciones con el resto del mundo en el tercer y último debate entre los dos aspirantes a la Casa Blanca. Un cruce dialéctico en el que ambos contendientes han cargado contra su adversario con duros ataques que ejemplifican que ni siquiera están dispuestos a guardar las mínimas reglas de cortesía que rigen la tradición política estadounidense.

Especialmente severo ha sido Trump, quien ha argumentado que su adversaria es una “mentirosa” y que EE UU ha sido sobrepasado por Rusia en los últimos años debido a que Vladímir Putin ha demostrado ser más inteligente que Barack Obama. Un aserto que venía a abonar la tesis esgrimida por Clinton de que el magnate no es sino una “marioneta” del Kremlin. Con todo, ha sido la renuencia del millonario a comprometerse a respetar los resultados del 8 de noviembre, sean estos cuales sean, la nota más sobresaliente de la jornada.

Las dudas planteadas por Trump en torno a la limpieza del proceso suponen un ataque frontal sin precedentes. Ningún candidato, hasta la fecha, se había atrevido a ir tan lejos. A remolque en las encuestas, el candidato republicano lleva días insistiendo en que los comicios están manipulados. Pero hoy ha ido un paso más lejos y ha eludido dar una respuesta afirmativa cuando el moderador del debate celebrado en Las Vegas, Chris Wallace, le ha preguntado si aceptará el veredicto de las urnas. “Lo miraré en su momento”, ha replicado, para arremeter a continuación contra los “medios deshonestos” que “envenenan la mente de los votantes” en beneficio de su contrincante. Ha asegurado en este sentido que hay millones de personas inscritas para votar que no cumplen los requisitos y ha remarcado que a Clinton ni siquiera debería permitírsele la candidatura a causa del uso que hizo del correo electrónico cuando era secretaria de Estado. La demócrata ha recordado que cada vez que a Trump le van mal las cosas, éste contraataca con acusaciones de amaño. “Nuestra democracia no funciona así”, ha incidido Clinton.

El intercambio de reproches viene a constatar la radical diferencia con que ambos han afrontado el último debate cuando restan menos de tres semanas para las elecciones. Clinton ha tratado en todo momento de ofrecer una imagen de estadista frente a un Trump serio y enojado al que no se le ha visto esbozar ni una sonrisa en los 90 minutos de enfrentamiento. El republicano, con todo, ha hecho un esfuerzo de contención respecto a anteriores ocasiones, posiblemente también porque el formato, dividido en seis segmentos temáticos de quince minutos, favorecía esta actitud.

«Una visión peligrosa»

Inmigración, política exterior, sanidad o economía han sido algunos de los grandes bloques en torno a los cuales ha pivotado el cara a cara. Los candidatos han sido interpelados en torno a propuestas de su programa con el mismo resultado que en los dos debates anteriores: una Clinton más precisa, pertrechada con una retahíla de datos, frente a un Trump al que el moderador ha recordado en varias ocasiones sus incoherencias.

La inmigración ha centrado buena parte del primer tercio del debate, con Trump reiterando su propuesta de construir un muro con México y acusando a Clinton de ser partidaria de la apertura total de las fronteras lo que, a su juicio, favorecería la entrada de terroristas. En el segmento dedicado a la economía, Trump ha vuelto a formular advertencias hacia tradicionales aliados de EE UU como Arabia Saudí o los integrantes de la OTAN, acusando a estos últimos de no contribuir lo necesario a la seguridad común. El republicano ha vuelto a exhibir su proteccionismo, arremetido contra los tratados de libre comercio firmados por EE UU ante la sonrisa de una Clinton que ha reiterado su oposición al Acuerdo Transpacífico (TPP) y que ha reprochado a Trump que ofrezca “lágrimas de cocodrilo” para ganarse el favor de la clase obrera estadounidense prometiendo recuperar los puestos de trabajo perdidos cuando en su carrera como empresario ha deslocalizado empleos. “Ese es el tipo de enfoque que no va a funcionar”, ha incidido. La demócrata ha subrayado que su adversario plantea recortes impositivos que triplicarían los aprobados por la Administración Bush y frente a ello ha abogado por “invertir en las personas”. “Recortar los impuestos a los ricos ya lo hemos hecho anteriormente y no funciona”, ha espetado.

Las acusaciones de misoginia contra Trump han vuelto a aflorar en el debate. El candidato republicano ha defendido que las recientes declaraciones de mujeres en su contra “han sido desmentidas” y ha acusado a Clinton de fabricarlas. “Ni siquiera di excusas a mi esposa, porque yo no hice nada”, ha señalado. “Donald piensa que hacer a las mujeres más pequeñas lo hace a él más grande”, ha replicado Clinton. “Sabemos cómo piensa sobre las mujeres, cómo actúa con ellas, y eso demuestra quién es él”, ha agregado.

Ha sido el momento más encendido del debate, cuando Trump ha acusado a Clinton de haber “mentido centenares de veces al pueblo, al Congreso y al FBI”, a lo que la demócrata ha respondido recordando que Trump no sólo ha vertido comentarios denigrantes sobre las mujeres, sino que también se burló de un reportero disminuido, de los padres de un soldado musulmán caído en Irak e incluso del senador John McCain. “No se trata de una sola cosa, es un patrón de división” y de “una visión peligrosa de lo que es nuestro país”, ha resaltado la ex secretaria de Estado. “Eso no es hacer poderoso a EE UU”, ha continuado para remarcar que la presente es una elección sobre qué tipo de país quiere ser EE UU.

El tiempo dirá si lo hablado hoy en Las Vegas servirá para convencer al porcentaje de indecisos que aún no han determinado el sentido de su voto. Pero si hubiera que atenerse al semblante de los candidatos finalizado su último cara a cara, todo apunta a que Clinton se ve ya ganadora y Trump se asemeja cada vez más a un entrenador que ve cerca su final y que no está dispuesto a irse sin incendiar antes el vestuario.