La directora de la CIA promete que no volverá a las torturas

Gina Haspel jura. /Aaron P. Bernstein (Reuters)
Gina Haspel jura. / Aaron P. Bernstein (Reuters)

Ha sobrevivido varias investigaciones sin que se la haya culpado de nada

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

En 2002, cuando dirigía una cárcel secreta de la CIA en Tailandia donde se interrogaba a los prisioneros bajo tortura, Ginal Haspel «obedecía la ley». Ahora que ha sido nominada para dirigir la agencia de inteligencia en la que ha servido durante 33 años, asegura que no permitirá que la CIA vuelva a ese oficio ni aunque se lo manden. «Rechazaré cualquier orden que sea inmoral», prometió a los senadores. «No reabriré bajo ninguna circunstancia un programa de interrogatorio en la CIA».

Su comparecencia ante el Comité de Inteligencia que votará su confirmación en el cargo supuso ayer una mirada retrospectiva a las polémicas tácticas antiterroristas que siguieron a los atentados del 11-S. Sin el miedo de entonces y con 17 años de distancia, hasta la mujer que dirigió como adjunta la división antiterrorista de la agencia de inteligencia es mucho más crítica. Con todo, Haspel evitó pronunciarse sobre la moralidad de los brutales interrogatorios y prácticamente exculpó a la agencia de inteligencia porque «no estaba preparaba para dirigir centros de detenciones ni programas de interrogatorios».

La primera mujer que dirigirá la CIA asegura que la agencia ha aprendido «duras lecciones» de aquellos «tiempos tumultuosos» y promete someterla a «los más altos estándares morales» porque ha comprendido que «no puede ser eficaz» en su trabajo si no dispone de la aprobación de la sociedad.

La lección llega tarde para Abu Zubaydah, un saudí aún preso en Guantánamo que perdió un ojo durante las torturas a las que le sometió la CIA. El lugarteniente de Osama Bin Laden al que se relaciona con el 11-S pasó cuatro años y medio en una prisión clandestina donde fue sometido a la técnica de muerte simulada por ahogamiento (waterboarding) en 83 ocasiones, además de vivir desnudo y encadenado en posiciones de estrés, forzado a no dormir, sufrir abusos físicos y otras vejaciones.

Nada de eso importa al presidente Donald Trump, que repetidamente aboga por más dureza. Si de la aprobación de la sociedad depende el compportameinto de la CIA, durante la campaña Trump levantaba a sus seguidores en aplausos con la promesa de que lo que él les haría sería «mucho peor».

En 2005, Haspel abogó por destruir las 92 cintas de vídeo grabadas durante los interrogatorios de Zubaydah «para proteger la identidad de los agentes» involucrados, explicó este miércoles. De la decisión final culpa a su jefe de entonces, José Rodríguez, que no esperó a escuchar la opinión de los expertos legales de la CIA. Con eso parecen haberse conformado lose senadores que continuaron ayer la audiencia en privado para discutir información clasificada.

Los halagos y agradecimientos que le dirigieron por haber defendido al país y dedicar su vida a la CIA parecen indicar que Haspel pasará la prueba. Después de todo, como recordó, ha sobrevivido varias investigaciones sin que se la haya culpado de nada.

El episodio de las torturas y las cárceles secretas monopolizó tanto la atención que nadie se acordó de preguntarle por temas contemporáneos, como qué le ha dicho de Irán a un presidente que recurre a ella para conocer su opinión «sobre ciertos países».

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