Tres muertos en el enfrentamiento entre antirracistas y xenófobos en Virginia

Varias víctimas por el atropello múltiple son atendidas. / Paul J. Richards (Afp)

Dos policías fallecen al estrellarse el helicóptero en el que vigilaban los enfrentamientos entre radicales

COLPISA / AFPWashington

Violentas refriegas se registraron este sábado entre militantes antirracistas y grupúsculos de la extrema derecha estadounidense reunidos en Charlottesville, en Virginia, obligando al gobernador del Estado a declarar el estado de emergencia y a la Policía, que ya ha detenido a cuatro personas, a prohibir la manifestación, que deja tres muertos -una mujer de 32 años y dos policías- y 19 heridos.

En medio de nubes de gas lacrimógeno, los enfrentamientos a golpes entre manifestantes de la derecha radical y contramanifestantes se multiplicaban aún antes de comenzar la movilización, con riñas, arrojándose proyectiles e intercambiando golpes con palos, según una periodista de la AFP en el lugar. En ese clima de alta tensión, los temores de que se produjeran hechos más graves se incrementaban porque los manifestantes portaban armas a la vista, algo que está permitido por la ley en el estado de Virginia.

Más tarde, un automóvil embistió a la multitud matando a una persona e hiriendo a varias, según confirmó el acalde de la ciudad, Mike Signer, en su cuenta de Twitter. "Tengo el corazón destrozado por que se haya perdido una vida aquí", escribió el alcalde en Twitter. "Exhorto a toda la gente de buena voluntad a que se vaya a casa" y se aleje de las manifestaciones.

En un vídeo publicado en las redes sociales, se ve cómo un automóvil oscuro golpea violentamente a otro vehículo por detrás y luego retrocede velozmente en medio de los manifestantes. Otras imágenes muestran a varios heridos en el suelo. "Marchábamos por la calle cuando un automóvil, una berlina negra o gris, se nos lanzó encima, golpeó a todo el mundo. Luego retrocedió y nos volvió a embestir", relató a la AFP un testigo. El conductor ha sido identificado como James Alex Fields, de 20 años, que ha sido detenido y acusado de asesinato en segundo grado por el atropello.

El Fiscal general Jeff Sessions dijo que tales "hechos de intolerancia racial y odio" traicionan valores fundamentales y "no pueden ser tolerados". El FBI anunció el inicio de una investigación de derechos civiles sobre el caso. "El FBI examinará todos los hechos y evidencias disponibles", señala la policía federal en un comunicado.

En un comunicado, la Policía de Virginia ha identificado a los otros tres detenidos como Troy Dunigan, de 21 años, acusado de conducta desordenada; Jacob L. Smith, de 21 años, acusado de delito menor de agresión y muerte; y James M. O'Brien, de 44 años, acusado de llevar una pistola oculta.

Hacia el final de la tarde, al menos 35 personas eran o habían sido atendidas por heridas graves o leves, informó el jefe de policía de Charlottesville, Al Thomas.

Dos de los tres fallecidos son dos policías, el teniente H. Jay Cullen y el piloto Berke M.M. Bates, cuyo helicóptero se ha estrellado mientras vigilaban los enfrentamientos, según ha informado la Policía del estado a través de su página en Facebook. El helicóptero se habría estrellado alrededor de las 17.00 (hora local) en el condado de Albemarle, cerca de una vivienda. Según ha informado la Policía, el accidente está siendo investigado y ha confirmado que no hay ningún herido en la zona.

"Las más sentidas condolencias a las familias y compañeros de los agentes de Policía del estado de Virginia que han muerto hoy. Estáis todos entre lo mejor que esta nación produce", ha publicado el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en su cuenta en Twitter. "Condolencias a la familia de la joven mujer que ha muerto hoy y mis mejores deseos a todos los heridos en Charlottesville, Virginia. ¡Muy triste!", ha añadido el mandatario.

Ambiente de tensión

Los miembros de las milicias de extrema derecha tomaron una postura paramilitar, con fusiles semiautomáticos en bandolera, no lejos de las posiciones de las fuerzas de seguridad que fueron llamadas al lugar. Ante los incidentes, la Policía antimotines decidió no permitir la manifestación que estaba prevista y procedió a la evacuación del parque público donde iba a tener lugar. Los efectivos realizaron un número no precisado de detenciones en el operativo.

Los grupos de la derecha radical, entre los que figuraba el Ku Klux Klan y neonazis, querían denunciar y oponerse de forma unitaria al proyecto de Charlottesville de retirar de un espacio municipal la estatua del general confederado Robert E. Lee, quien luchó a favor de la esclavitud durante la Guerra Civil estadounidense.

El presidente estadounidense, Donald Trump, se pronunció sobre estos episodios a través de Twitter, llamando a la unidad. "Todos debemos estar unidos y condenar todo lo que el odio representa", escribió. "No hay lugar para este tipo de violencia en Estados Unidos. ¡Vayamos juntos como uno!", añadió. También la primera dama, Melania Trump, condenó el sectarismo. "Nada bueno sale de la violencia", tuiteó desde su cuenta.

La negativa de Trump a criticar a grupos de la ultra-derecha provocó críticas, incluso por parte de miembros de su Partido republicano. "Muy importante para la nación escuchar a @potus describir los eventos en @Charlottesville por lo que fueron, un ataque terrorista de #supremacistas blancos", dijo el senador por Florida Marco Rubio en Twitter. El veterano senador Orrin Hatch de Utah, twiteó "Debemos llamar al diablo por su nombre. Mi hermano no dio su vida luchando contra Hitler por sus ideas nazis para que sean aceptadas aquí en casa". El senador Ted Cruz llamó a investigar el hecho como un "acto de terrorismo doméstico".

Estado de emergencia

Ante la situación de violencia en la ciudad, el gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, declaró el estado de emergencia, una medida que le permite movilizar una mayor cantidad de medios policiales, aunque sólo se detuvo al autor del atropello durante toda la jornada, según fuentes oficiales.

McAuliffe había exhortado el viernes a los habitantes de la ciudad a que no asistieran a la manifestación, por la cual un destacamento de la Guardia Nacional había sido puesto en estado de alerta. "Las numerosas personas esperadas (el sábado) en Charlottesville quieren expresar ideas consideradas por mucha gente, incluido yo mismo, como abyectas. Mientras lo hagan pacíficamente, están en su derecho", señaló el gobernador, quien había ordenado a las fuerzas del orden "actuar rápidamente y de forma decisiva" en caso de que hubiera actos de violencia.

Las autoridades temían que miles de militantes nacionalistas y militantes antifascistas se enfrentaran durante esta manifestación promovida por la extrema derecha. Algunos manifestantes, que apoyan la supremacía de la raza blanca, llegaron enarbolando banderas confederadas, un símbolo considerado racista por buena parte de los estadounidenses.

Odio

"Este evento podría ser una vitrina histórica de odio, reuniendo en un solo lugar un número de extremistas inédito desde hace al menos una década", advirtió Oren Segal, director del Centro sobre extremismo de la Liga Antidifamación, una asociación que lucha contra el antisemitismo.

El 8 de julio, algunas decenas de miembros del Ku Klux Klan ya se habían reunido en este tranquilo y pintoresco pueblo, muy superados en número por los manifestantes antirracistas. Pero las imágenes de estos extremistas con su vestimenta tradicional fueron difundidas en todo el mundo. Esta vez, la derecha nacionalista esperaba atraer a más seguidores, gracias a la presencia de varios funcionarios del movimiento Alt-Right, que apoyó a Donald Trump durante su campaña.

Los participantes, supuestamente llegados desde todo Estados Unidos, tuvieron dificultades para hospedarse: la plataforma de apartamentos de alquiler Airbnb canceló un número desconocido de cuentas vinculadas a la extrema derecha, destacando sus principios de hospedaje independientemente de orígenes étnicos. Jason Kessler, el organizador de la manifestación, había estimado en Twitter que esta medida equivalía a "un ataque contra la libertad de expresión y los derechos civiles".

Por su parte, Paul Ryan, el líder republicano en el Congreso, denunció la reunión de la extrema derecha como un "espectáculo repugnante", basado en una "intolerancia vil."

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