«Mi hijo Ignacio salvó dos vidas antes de morir»

El expresidente Mariano Rajoy recibe a los padres de Ignacio Echeverría a la llegada del ferétro a Madrid, el 9 de junio de 2017. Arriba, a la izquierda, una imagen del joven./ EFE
El expresidente Mariano Rajoy recibe a los padres de Ignacio Echeverría a la llegada del ferétro a Madrid, el 9 de junio de 2017. Arriba, a la izquierda, una imagen del joven. / EFE

El asturiano Joaquín Echeverría, padre del 'héroe del monopatín', le recuerda un año después de los atentados de Londres

DANIEL FERNÁNDEZ GIJÓN.

El sol daba su último bostezo antes de cerrar los ojos en aquella noche del 3 de junio de 2017. Las siluetas fantasmagóricas de los edificios se proyectaban sobre las aguas del Támesis, mientras las luces de los restaurantes y pubs de la zona del Puente de Londres confirmaban que la ciudad se preparaba para una larga noche. Todo era perfecto, hasta que alrededor de las nueve de la noche, las diez en España, todo se apagó. Un grupo de yihadistas armados con cuchillos de grandes dimensiones segaba la vida de once ciudadanos. Entre ellos Ignacio Echeverría, un madrileño de origen asturiano que fue acuchillado por los terroristas cuando intentaba ayudar a un policía y a una mujer que estaban siendo atacados. Gracias a su valentía, esas dos personas viven.

«Mi hijo salvó dos vidas antes de morir», dice a EL COMERCIO su padre, Joaquín Echeverría, cuando se cumple un año del atentado. Aquel primer sábado de junio de 2017, como casi todos los sábados, Ignacio -Abo, como le llamaban cariñosamente en su familia- regresaba a casa con un grupo de amigos, en unas bicis que habían alquilado, desde el Southbank. Es el parque de 'skateboard' callejero más antiguo de la capital británica. El paraíso de los 'skaters', el deporte que amaba con toda su alma. Todo era perfecto. Pero al llegar a la altura del Puente de Londres, el tiempo se paró. El infierno estaba ante él. Muerte y caos. La locura yihadista reaparecía en una ciudad que apenas unas semanas antes ya había sido golpeada. Y allí, Ignacio Echeverría, de 39 años, se convirtió en héroe.

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Vio gente correr despavorida, presa del pánico, y a su lado un policía corría en dirección contraria. Abo no se lo pensó. Saltó de la bici y con el monopatín en la mano siguió al agente. Cuando llegó a él, vio como los terroristas le acuchillaban, al igual que a una mujer que estaba en el suelo. Ignacio no dudó y se enfrentó a ellos. «Él era consciente de lo que estaba pasando, porque los asesinos iban disfrazados de terroristas, con cinta americana y explosivos falsos en todo el cuerpo, pero Ignacio siempre defendió lo que creía que debía defender. Y lo defendía a ultranza», recuerda su padre. «Él interviene apoyando la intervención del policía y el agente cae antes que él. Luego parece ser que interviene una tercera persona, que es derribada también por los terroristas, y ya cuando Ignacio se quedó solo -había derribado, golpeando con su monopatín, a uno de los tres terroristas que perpetraron la matanza- es rodeado y lo apuñalan».

Este relato que cuenta su padre, con emoción, pero a la vez con frialdad, es idéntico al que narraron a la Policía británica los amigos que acompañaban al joven español en esos momentos. Por aquella acción, a Ignacio Echeverría se le bautizó en Londres como el 'héroe del monopatín'. Y hoy, un año después, ese calificativo adquiere más grandeza, porque según ha podido saber la familia, tanto el policía como la mujer a los que defendió están vivos. «Ignacio salvó dos vidas antes de morir», dice, emocionado, su padre. La familia no ha tenido contacto con estas dos personas, aunque, en un homenaje celebrado el otoño pasado, el agente al que ayudó Abo estuvo en un acto en Londres al que había acudido la hermana de Ignacio, Isabel, residente también en la capital británica. Sin embargo, no pudo hablar con él.

Precisamente, Joaquín Echeverría y su esposa, Ana Miralles de Imperial, se encuentran en Londres, en casa de su hija, para participar hoy en los actos de homenaje a las víctimas de los atentados que sufrió el pasado año la ciudad. Será, sin duda, un día especial, cargado de muchas emociones, aunque «los aniversarios no significaron nunca nada en mi vida. Para mí todos los días son iguales. La realidad es que Ignacio murió y el tiempo pasa y ha sido un tiempo muy breve y seguimos en el proceso de duelo, pero nada más», explica a EL COMERCIO el padre de Ignacio. «Mi hijo ha hecho algo diferente y vale la pena tenerlo en cuenta como ejemplo de bondad, generosidad y bravura».

Abo trabajaba en Londres, en el banco HSBC. Por su formación en derecho y comercio exterior se ocupaba del área de riesgos y prevención del blanqueo de capitales. Unos días antes de su muerte, había viajado a España. Tenía consulta con el dentista. En una reunión familiar, salió el tema del atentado de marzo en Westminster, en el que murieron seis personas arrolladas, entre ellas un policía desarmado, que murió acuchillado a manos de un terrorista, que como ocurrió con los del Puente de Londres, fue abatido posteriormente.

Aquella reunión de la familia Echeverría en Madrid fue como una macabra premonición. «Cuando salió el tema de aquel atentado, Ignacio nos dijo: 'Si llego a estar yo, el policía no muere'. Entonces estarías muerto, le respondió su hermano. 'Bueno, qué le íbamos a hacer', replicó Ignacio». Joaquín hace en este instante una pausa en la conversación. Un nudo en la garganta le impide seguir durante unos segundos. «Igual esas palabras fueron malas porque igual hasta lo comprometieron consigo mismo, pero realzan su espíritu. Él sabía que las personas a las que se iba a enfrentar eran terroristas. Pero no me sorprende lo que hizo, encaja muy bien con su espíritu», explica.

Los padres de Ignacio están en continuo contacto con los investigadores británicos. A principios de mayo, unos agentes les visitaron en Madrid para ponerles al día de los últimos detalles de la investigación. «No podemos decir nada porque está bajo secreto de sumario, pero lo que nos están contando realza aún más lo que Ignacio hizo. Supera con creces lo que se sabe», dice el padre, quien recuerda las estancias de su hijo en Asturias, donde venía a menudo para visitar a sus tíos en Oviedo, de donde es natural Joaquín.

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