«Rusia invirtió dinero en atacar la imagen de España tras la aplicación del artículo 155»

Juan Verde./Daniel Mora
Juan Verde. / Daniel Mora
Juan Verde, asesor de empresas y gobiernos. Codirector de la campaña internacional de reelección de Barack Obama en 2012

«En el exterior, la independencia de Cataluña se veía como el principio del fin de la Unión Europea»

ELENA RODRÍGUEZ

. Considerado el hispano más influyente en Estados Unidos, Juan Verde (Telde-Gran Canaria, 47 años) es asesor de empresas y gobiernos y ha participado en catorce campañas políticas, entre las que destacan la de Hillary Clinton, Barack Obama, Ted Kennedy, Bill Clinton, Al Gore y John Kerry. En la de 2012, la de la reelección de Obama, fue codirector internacional de dicha campaña, que se caracterizó por su innovación, con mensajes que apelaban a emociones como la esperanza y el uso de los ‘big data’, lo que permitió identificar mejor a los indecisos y sus preocupaciones, ajustar el mensaje y atinar el uso de recursos. Ayer lo explicó en el XIV Congreso de Escuelas Católicas, que reúne en Oviedo a 1.600 personas y que está centrado en la comunicación y su influencia en la educación. Al finalizar, habló de éste y otros temas de actualidad con EL COMERCIO.

Ha trasladado su experiencia en comunicación a decenas de colegios.

–Creo que la gran asignatura pendiente de los colegios es la comunicación efectiva. Durante mucho tiempo, se limitaban a hacer bien su trabajo, a dar una educación sólida a sus estudiantes... Pero el momento que pasamos como sociedad es muy distinto. Cada vez hay más competencia, más centros, tipos de colegios, más oferta dentro y fuera de España… No solo tienen que ser buenos, sino saber comunicarlo. La mayoría de los centros, sobre todo los católicos, están ávidos por hacerlo. Me niego a pensar que no haya padres que quieran estar más informados. Para mí, la comunicación es más efectiva cuando se involucra a todos los componentes: estudiantes, profesores, responsables de gestión, dirección, padres… El colegio tiene la oportunidad de comunicar los valores que comparten y las prioridades y mejorar así la educación de los hijos.

En la campaña de reelección de Obama usaron los ‘big data’. ¿Sirve en el ámbito educativo?

–Mucha gente cree que los ‘big data’ es inmiscuirse de forma abusiva en la vida privada de las personas. Y puede serlo. Pero también pienso que no tiene por qué. Si un colegio es capaz de recopilar datos sobre lo que funciona o no, qué deberes son más efectivos para que los niños aprendan, cuáles son las preocupaciones de la mayoría de los estudiantes..., empieza a recopilar datos e información que le permiten ir mejorando su gestión, la calidad de la educación. Solo aquello que es medible es mejorable. Lo que aportan los ‘big data’ es una herramienta poderosísima para medir. Y, sobre esos indicadores, tomar decisiones estratégicas. Yo siempre digo: ‘¿Matamos una mosca con un cañón o usamos un láser específico? Quiero decir: ‘¿Hacemos una circular y la enviamos a todos los padres o identificamos segmentos de padres?’ Porque es distinto lo que le voy a comunicar a aquel que tiene un hijo a punto de graduarse e ir a la Universidad que a aquel que tiene una niña a punto de entrar en el colegio. Los asuntos que les preocupan son distintos. Usar ese tipo de datos, sin poner nombres y apellidos, sirve para hacer un uso positivo de la información.

Se cumple un año de la victoria de Donald Trump. ¿Cómo ve el país?

–Me preocupa el rumbo de EE UU y la volatilidad del personaje en cuestión. Me preocupa el rumbo porque creo que el país está más dividido que nunca. Estamos viendo una serie de indicadores extremadamente preocupantes: un aumento exponencial de matanzas en los colegios, de crímenes raciales, del ocio que se manifiesta de forma abierta a hispanos, inmigrantes... Hay un distanciamiento extremo de las posiciones políticas, de los valores y una comunicación muy peligrosa.

¿Por el uso de las redes?

–La gente se está refugiando en las redes sociales y en los medios de comunicación que le cuentan lo que quieren oír y refuerzan sus ideales. Eso es peligrosísimo, porque olvidamos que la verdad casi siempre está en el centro de las cosas.

La popularidad de Trump registra su nivel más bajo.

–En este momento, es el presidente con los índices más bajos de popularidad en la historia del país, desde que existen los sondeos de opinión. Sin embargo, cuando haces un análisis entre sus bases ideológicas y políticas, tiene los más altos. Los demócratas indecisos se han polarizado y distanciado de él y sus bases se han fidelizado. Pueden representar la voluntad de un segmento de la población, pero no de la mayoría del pueblo americano. Esto nos hace cuestionar el sistema electoral estadounidense, donde puede haber un político, como es el caso, que saque 3,5 millones de votos menos y gobernar.

No hay consenso entonces.

–No y y la inmensa mayoría de la población es lo que quiere: que acerquen posturas, que impere la lógica. Porque si no, vuelve a reforzarse esa idea de que la política es una mierda y todos los políticos, unos corruptos. Y no es así. La gente tiene que volver a creer en la política.

¿Cómo?

–La forma más efectiva de cambiar tu comunidad, tu ciudad, el mundo es la democracia, la participación ciudadana. La gente tiene que volver a la asociación de vecinos, a la cámara de comercio, a la campaña política. Tiene que ser un activista en el mejor sentido de la palabra. No puede dejar que minorías tomen decisiones porque ellos no se involucran. Es lo que está pasando en Cataluña, donde una minoría es capaz de independizar a una región de España a pesar de que no es la voluntad de la mayoría. ¿Por qué? Porque esa minoría es militante, participativa, activista y la mayoría no lo es. La gente tiene que volver a votar, a creer, a saber que la política es la única y más efectiva herramienta de cambiar el mundo.

¿Dónde detecta el mayor desencanto?

–Para la mayoría de los partidos, la política se ha quedado en un mundo obsoleto. Quieren hablarles a todos e intentar ser todo para todos; intentar no levantar ampollas, no mojarse, no definir quiénes son, qué valores le representan. Y los ciudadanos están sedientos de que los políticos digan la verdad.

¿Cumple Trump sus promesas electorales?

–Sí, está siendo consistente. Las está cumpliendo, pero son de una minoría. Es como si le pregunta a Puigdemont. Él está siendo congruente con quienes le han votado. El problema es que la gente no vota, no participa. En Estados Unidos, está ocurriendo lo mismo. Está cumpliendo con lo que quiere ese segmento minoritario de la población, pero no está representando la voluntad de todos y yo creo que la responsabilidad de un político de ese nivel, cuando llega a ser gobernante de todos los estadounidenses, es intentar hacer lo que es bueno para la mayoría.

Hechos alternativos y posverdad

Le he oído en varias ocasiones que, al igual que lo que ha ocurrido en Europa, a Trump lo votaron los antisistema. ¿Había descontento con Obama?

–No, no había descontento con Obama. Dejó la presidencia con los mayores indices de popularidad que cualquier otro presidente al salir. Las rectas finales de los presidentes suele ser de baja popularidad, independientemente de lo que haya ocurrido al principio. Pero eso no pasó con Obama. Abandonó la Casa Blanca con unos índices altísimos. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, diría que tuvimos una candidata que no era la ideal. No supimos leer hasta qué punto había una sed de cambio de todo esto que estábamos hablando antes. De que la gente está harta de los políticos tradicionales, de más de lo mismo y estaba desesperada por gente que, aunque no estuviera de acuerdo al 100%, decía lo que pensaba. Y en algunas cosas puedo comulgar, pero yo me niego a pensar que el 51% de la población norteamericana sea xenófoba, homófoba, racista. No.

¿Era Hillary un político tradicional?

–El enemigo supo perfilarla como una política del sistema y nosotros no supimos dar a entender hasta qué punto hubiese sido la mejor gobernante en la historia de EE_UU. Tenía toda la preparación. Había sido ministra de Asuntos Exteriores, senadora, activista, primera dama, conocía el sistema... Hubiese podido llegar el primer día y ser capaz de aterrizar sin los errores como está cometiendo este hombre, que no sabe lidiar la relación con el Congreso, con el Senado, con la población, los medios de comunicación...

¿Qué espera del resto del mandato?

–Me gustaría que los destituyeran, pero al menos que haya un caso devastador y salga a la luz, no lo veo... Lo más probable es que acabe su mandato y no salga reelegido. Porque hay demasiado en juego. El sistema americano es muy presidencialista. Si ellos (los republicanos) son dueños del Congreso, el Senado y la Casa Blanca, pueden hacer todo lo que quieran y lo están haciendo. Si rompes esa ecuación, aunque el Congreso y el Senado no estén de acuerdo con el presidente, los objetivos no están alineados. Prefieren tragar y sacar adelante su presupuesto, sus prioridades legislativas...

¿Y mientras tanto qué pasa con los demócratas?

–Estamos en un proceso de transición. Hay un nuevo presidente del partido, Tom Pérez, hispano, que viene con ideas nuevas para unificar nuestro partido y sacarlo de sus cenizas, porque volveremos a gobernar (sonríe).

2017 ha sido el año de los hechos alternativos y la posverdad.

–Veo muy preocupante y peligroso que la comunicación sea hoy tan manipulable por motivos políticos. Me refiero al rol que está jugando Rusia. Jugó en EE UU y ha jugado en el proceso independentista en España. Los servicios de inteligencia del mundo entero están convencidos de que Rusia se inmiscuye y dedica recursos para influir en los resultados electorales de los países soberanos.

Sí inquieta.

–Usa herramientas manipuladoras de la información para crear dudas, emitir falsas expectativas, difamar. Preveo que a corto plazo haya una reacción en cadena por parte de la UE para proteger la integridad de los procesos políticos.

¿Han creado noticias falsas?

–Los rusos están pagando noticias falsas, invirtieron dinero en atacar la imagen de España en el restablecimiento del orden después de la ilegalidad cometida.

¿Cómo se ve el procés en EE UU?

–Creo que el mundo entero lo vio con muchísima incertidumbre y preocupación, porque se veía que podía ser el principio del fin de la UE, el principio de muchas décadas de integración europea y podía ser la caja de Pandora y el efecto dominó que acabase con la UE. Ahora lo veo con renovada esperanza. Porque el sistema político y las leyes en España funcionan. No necesariamente es un halago al partido gobernante, pero aplicando el artículo 155 lo ha hecho bien y ha estabilizado la situación. El PP lo ha hecho bien y partidos como Ciudadanos y otros han logrado acercar posturas y crear una coalición común. Ojalá, a partir de ahora, sea el denominador común.

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