La unidad en el estrado no disfraza el cisma conservador británico

Theresa May junto a Boris Jhonson./Reuters
Theresa May junto a Boris Jhonson. / Reuters

El aspirante a líder, Boris Johnson, dijo ayer que todos los ministros respaldan todas las sílabas de May

IÑIGO GURRUCHAGAManchester

El ministro británico de Exteriores, Boris Johnson, roció ayer con chistes y optimismo la sala donde se celebra la conferencia conservadora anual, en Mánchester, y llevó su lealtad a Theresa May a la extremosidad cómica: "Todo el Gabinete está unido en torno a cada sílaba de su discurso en Florencia". El de Defensa, Michael Fallon, disparó un elogio a sus tropas hacia Johnson: "Todos deberíamos aprender de su lealtad y disciplina". La secretaria de Estado de Ayuda al Exterior y aspirante a líder, Priti Patel, dijo 'yo' un centenar de veces y no mencionó a May.

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La política conservadora está atravesada por las ambiciones de sustituir a la primera ministra, pero esta conferencia confirma sus divergencias sobre las ideas que definirán el futuro. Por ejemplo: ¿Está Reino Unido realmente obligado a pagar una factura por sus compromisos comunitarios en el momento del 'Brexit'? Las respuestas de expertos son dispares y hacia el vacío que causa la falta de certeza proyecta la población sus sentimientos.

Entre quienes creen que no hay obligación legal de pago que un tribunal pueda imponer a un país que abandona la Unión está la profesora de la Universidad de Deusto, María Luisa Sánchez Barrueco, citada como referencia fundamental de ese argumento en el informe de un comité de la Cámara de los Lores que estudió la cuestión. Los abogados del Consejo Europeo creen que la Convención de Viena de 1969 sobre la Ley de Tratados obliga a Londres a pagar.

Theresa May ha sugerido una cifra de unos 20.000 millones de euros durante los dos años de transición. Los partidarios del 'Brexit' limpio no rechazan el pago, pero el ministro Michael Gove y el diputado conservador Jacob Rees-Mogg han criticado esta semana en debates fuera del gran salón que May haya ofrecido dinero. Están convencidos de que el agujero que dejaría en el presupuesto comunitario una marcha británica sin acuerdo ablandaría la firmeza actual de Michel Barnier.

La factura, cuyo cálculo encierra notable complejidad, es una nadería cuando se la compara con la disputa sobre la transición y el futuro. Ha de durar “alrededor de dos años”, dijo May en Florencia hace quince días. “Ni un segundo más que dos años”, dijo Johnson el fin de semana, desafiando a la líder aunque ayer respaldase todas sus sílabas. Y sus seguidores no quieren una transición que limite el potencial de la marcha de la UE.

Europeístas y 'brexitistas'

Los partidarios del 'Brexit' limpio sospechan que May y otros que votaron por la permanencia no creen que su victoria es una liberación y que quieren dejar a Reino Unido en "un limbo perpetuo", en palabras de Johnson. Para el experto en comercio internacional Shanker Singham, es “la oportunidad de que Reino Unido se convierta en el líder que necesita el mundo para impulsar la liberalización del comercio, congelada en las últimas dos décadas"; y, según él, causa de la crisis.

Para el economista Patrick Minford, un "'Brexit' auténtico" permitirá eliminar todas las barreras impuestas por la UE, especialmente en alimentación e industria, "y acabar con el gran coste de esa protección”. Según Minford, los beneficios sumarán al menos un 4% del PIB y serán especialmente positivos para los más pobres, en cuyos gastos cuentan más los alimentos, la ropa, el calzado; que serán mas baratos en un Reino Unido fuera de la UE.

Un grupo de exdiplomáticos y altos funcionarios en la politica europea (SEE) cree que una marcha sin acuerdo encarecería los alimentos y podría causar problemas de suministro. El ministro de Hacienda, Philip Hammond habla de “una de las más difíciles tareas acometidas por un Gobierno en tiempos de paz”. "Un pequeño error podría costar miles de millones", dijo ayer el negociador del 'Brexit', David Davis. El diputado Dominic Grieve recomienda a los conservadores que recuperen su tradición de proveer “gobernación tranquila”.

Esta división evoca otras de la historia británica entre cabezas redondas y caballeros, entre puritanos y anglicanos. Atraviesa un Partido Conservador guiado por una líder desacreditada por el desastroso resultado de las elecciones anticipadas en junio. May clausurará hoy la conferencia sabiendo que el temor al laborista Jeremy Corbyn es su más fiable aliado. Debe encontrar palabras para pedir perdón y para delinear otra vez un brillante futuro.

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