'Ladies and gentlemen'

Reflexiones desde Cambridge

En el metro ya no se tratará al personal de «señoras y caballeros», sino que los mensajes comenzarán por «buenos días a todo el mundo»

Susana Álvarez Otero
SUSANA ÁLVAREZ OTERO

Estos días, entre tanta saturación con reportajes y crónicas con motivo del vigésimo aniversario de la muerte de Lady Di, me llamó la atención una noticia: «El metro de Londres se despide del ‘ladies and gentlemen’». En los avisos que se den en dicho transporte ya no se tratará al personal de «señoras y caballeros», como corresponde a una nación que espera que sus habitantes se comporten en sociedad como tales, sino que los mensajes comenzarán por: ‘Good morning everyone’ (Buenos días a todo el mundo). Con este cambio se pretende evitar ofender a todos aquellos que no se sientan incluidos en ninguna de esas dos categorías. Y yo añadiría, a los hombres que no quieren ser caballeros, que haberlos haylos –sobran hombres zafios en este mundo– y a las mujeres que no son damas –efectivamente, una ‘choni’ no entra en la categoría de ‘lady’–. Al margen de estos dos añadidos míos, el cambio se debe a los múltiples sexos o géneros, y a no dar cabida a las nacidas mujeres que quieren ser hombres y viceversa, a los transexuales, travestis y demás combinaciones variopintas a los que el sexo y la imaginación puedan dar lugar.

Recuerdo una polémica en EE UU, no hace mucho, a cuenta de esto mismo, que tuvo consecuencias legales para algunos establecimientos, en los que había gente que se sentía ofendida porque al ir al aseo no tenía cabida ni en el de señoras, ni en el de caballeros. En EE UU se tomó por la vía legal y algunos locales optaron por aquello de ‘All gender restroom’, o sea, baño para todos los géneros. Algo similar representa este «Buenos días a todos» que se utilizará a partir de ahora en el metro londinense. La diferencia es que mientras en EE UU la polémica llegó a tomar tintes muy serios, aquí, en Reino Unido, algunos columnistas se lo han tomado con mucho sentido del humor. Otros han hecho una lectura del asunto con la que estoy plenamente de acuerdo: «Es la dictadura de unos pocos impuesta a todos». En mi opinión, esto no es más que un intento de control a través del lenguaje que consigue que el deseo de una minoría se imponga a todos los demás. A mí esto no me parece democrático por una sencilla razón: porque no lo es. Es la dictadura de la mentalidad ‘LGTB’ al resto de la humanidad e, indudablemente, una forma muy sutil pero siniestra de autoritarismo. Marks Evers, director de estrategia de clientes de los transportes de Londres, declara que su deseo es que el lenguaje sea totalmente inclusivo. Las reacciones han sido, como digo, variopintas y van desde la indiferencia –para las personas con sentido común esto no deja de ser una tontería propia de gente que no tiene nada que hacer–, a sentirse molestos. Solamente las organizaciones bajo el paraguas ‘LGTB’ están pletóricas con la medida. Lo que me ha sorprendido mucho es que los ingleses, que tienen tanto orgullo, hayan sucumbido a esta dictadura ideológica.

No me sorprenderá, sin embargo, que en el actual atasco en la negociación del ‘Brexit’, los británicos terminen imponiéndose al resto del continente. En principio, la postura de Bruselas parece firme. Juncker ha dicho tajantemente que no iniciarán ninguna negociación sobre las futuras relaciones con el Reino Unido antes de resolver el divorcio. Y los británicos quieren negociarlo todo conjuntamente precisamente para tener mayor margen de maniobra. En un reciente viaje de Theresa May a Tokio para reforzar relaciones, no se le ocurre otra cosa que decir a los japoneses que la UE les está haciendo chantaje. Así tal cual lo contaron en la BBC. ¡Es asombroso hasta qué punto saben jugar sus cartas en este país! Tal y como lo percibo desde aquí, los británicos no van a ceder. Y si tal cosa sucede, resultará que los intereses económicos de todo un continente que no logran imponerse al país que voluntariamente se ha ido del club son menos poderosos que la ideología ‘LGTB’, que sí se ha impuesto en la mismísima capital de la Gran Bretaña. Y eso, amable lector, es tener mucho poder.

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