«Vete, es un colegio, hay muchos niños»

Una policía llora durante el minuto de silencio que ayer dedicaron en Lieja a las víctimas del atentado del martes, dos de ellas agentes. /Reuters
Una policía llora durante el minuto de silencio que ayer dedicaron en Lieja a las víctimas del atentado del martes, dos de ellas agentes. / Reuters

La mujer que limpiaba el instituto donde quiso atrincherarse el terrorista de Lieja intentó evitar una masacre

ADOLFO LORENTE

El día después del triple asesinato cometido el miércoles en Lieja continúa arrojando las mismas dudas sobre la motivación de las muertes (la Fiscalía se decanta con ciertas reservas por la vía terrorista); sobre el perfil de Benjamin Herman, el atacante que solo era conocido por delitos menores pero que al parecer se había radicalizado en la cárcel; sobre el motivo que lo llevó a asesinar horas antes a un toxicómano que conocía de sus andanzas en prisión y que solo tenía 30 años; sobre el sistema de permisos penitenciarios que existe en el país y que ayer obligó al ministro de Justicia a asumir su «responsabilidad» (no hay que olvidar que el lunes salió de la cárcel en su permiso número 25).

Las únicas certezas son los cadáveres de la policía asturiana Lucile García, de 53 años; la también agente Soraya Belkacemi, de 44; y Cyril Vangriecken, un joven estudiante de 22 años. También hay otra certeza: si Darifa Imaankaf no hubiese actuado como lo hizo, seguramente se estaría hablando de un drama mucho mayor.

Darifa, musulmana practicante, estaba limpiando el instituto Leónie de Waha donde Herman intentó atrincherarse después de matar a las dos policías y al joven que se encontraba sentado en el interior de un coche. Entró al colegio y durante unos minutos que seguro parecieron horas, comenzó una nueva relación entre agresor y rehén. «Me dijo que quería cocerles, señalando a la Policía», relató ayer a la televisión belga.

A eso de las 10:30 horas, se encontraba en el instituto hablando con el vigilante de seguridad cuando vio al dueño del edificio contiguo y a otras tres mujeres correr buscando refugio. Intentó cerrar las puertas del colegio, pero fue entonces cuando se topó «cara a cara» con el atacante, que portaba las dos armas reglamentarias de las policías a las que acaba de matar.

¿Estás haciendo el Ramadán?

«Me preguntó si era musulmana y si estaba haciendo el Ramadán. Le contesté que sí y entonces me dijo que no me preocupara, que no me iba a hacer daño», explicó. «Le pedí que se fuera, que no estaba en el lugar adecuado, que era un colegio con muchos niños dentro», recuerda. De hecho, llegó a mostrarle una salida por la que poder escapar para que se fuera cuanto antes de allí.

La mujer, de mediana edad y ataviada con velo, explicó que comenzó a llorar por «el shock de la situación» y que el presunto terrorista le exigió que dejase de llorar, «que pensase en sus hermanos palestinos y sirios, que por ellos sí hay que llorar». Respecto a la actitud del agresor –hay teorías que apuntan que quizá iba drogado–, Darifa manifestó «no estaba ni nervioso ni violento», pero que sí insistía en tenerla cerca de una ventana para que la Policía viese que la tenía de rehén. Finalmente, Benjamin Herman «decidió acabar su periplo en martirio». Salió del edificio, se dirigió hacia los agentes y fue abatido.

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