El Comercio
Messi, durante un partido.
Messi, durante un partido. / Francois Xavier Marit (AFP)

semifinales

De la porcelana al acero

  • Messi y Robben llegaron a Brasil con miedo a las lesiones, pero su buen rendimiento les ha fortalecido y se juegan el pase a la final y quizá el Balón de Oro

  • 'La Pulga' ansía desquitarse de sus fracasos en otros Mundiales y a la bala holandesa le persigue su error ante Casillas en la final de Sudáfrica

Leo Messi y Arjen Robben llegaron a la Copa del Mundo con miedos más que justificados. Sus tendencias a las lesiones musculares, sobre todo en el caso del extremo holandés, les mermaban física y mentalmente. Pero sus actuaciones descollantes les han convertido en las estrellas indudables de sus selecciones y en grandes figuras del campeonato, con el colombiano James Rodríguez ya de vuelta a casa.

Han experimentado una transformación. Parecían frágiles, casi de porcelana, pero por el Mundial están pasando como dos jugadores de acero. Su desempeño en la semifinal de este miércoles en Sao Paulo marcará en gran medida la clasificación de Argentina u Holanda para la final de Maracaná, pero seguramente decida también el Balón de Oro del torneo y tal vez el de la FIFA de 2014, sin menospreciar a Cristiano Ronaldo, actual poseedor del máximo galardón individual y ganador de la 'décima' aunque este año no ha dado esplendor.

Messi lleva cuatro goles, uno más que el holandés, pero ha sido más discontinuo. Se dosifica más e interviene menos en el juego. Es determinante con sus goles, asistencias, arrancadas y gambeteos que, según dijo su técnico Alejandro Sabella, son como «agua en el desierto» para su selección, pero en grandes fases de los partidos desaparece y descansa.

Robben, en cambio, es dinamita pura. Es tan explosivo que da la sensación de que puede romperse en cualquier momento. Pide todos los balones, encara, desborda e intenta el pase o el disparo. Es el líder de las 'Oranje' y ha experimentado un gran crecimiento con Pep Guardiola en el Bayern de Múnich. Es más constante. Se siente fuerte, es rapidísimo y siempre genera peligro. Su velocidad le hace precipitarse a veces y no elegir la mejor opción, pero en cuanto coge el balón en la grada se escucha un murmullo. Las aficiones saben que algo va a ocurrir.

Robben podría llevar el mismo número de goles que Messi, pero en el partido de octavos de final contra México, con el marcador en empate (1-1), Rafa Márquez cometió en el descuento un penalti más que dudoso al delantero del Bayern, que no quiso lanzarlo pese a ser el especialista de su equipo, y fue Huntelaar quien marcaría el tanto de la victoria.

«Argentina tiene a Messi, pero nosotros a Robben. Y sinceramente, el mejor es Arjen», asegura Bert van Marwijk, el seleccionador con el que Holanda llegó a la final de Sudáfrica 2010, en la que perdió contra España (1-0).

Robben, de 30 años, y Messi, de 27, son el principal quebradero de cabeza de ambos entrenadores. «¿Parar a Messi? ¿Y cómo van a parar ellos a Robben?», comentó el exjugador Patrick Kluivert, asistente de Van Gaal en la selección holandesa.

Perros de prensa

Sabella baraja poner a Martín Demichelis en el centro de la defensa para acudir a las ayudas del lateral contra su excompañero en el Bayern, pero el defensa de 33 años del Manchester City puede ser superado con suma facilidad por la velocidad del holandés. Van Gaal, por su parte, se plantea poner una vigilancia individual a Messi, un perro de presa como lo que hizo Van Marwijk en la final del Soccer City ante España, con el aliento de Van Bommel en el cogote de Iniesta.

Tanto Messi como Robben se han desquitado de anteriores participaciones en Mundiales, en parte condicionadas por las lesiones musculares de dos jugadores de cristal. En Alemania 2006, Messi llegó tras superar una lesión que arrastraba desde marzo. En cuartos de final, su equipo quedó eliminado en los penaltis frente a Alemania. No jugó ni un minuto en ese partido y terminó el Mundial con un gol marcado, a Serbia y Montenegro. Cuatro años más tarde, en Sudáfrica, Argentina fue goleada en cuartos por Alemania (4-0) y Messi se fue sin marcar. Robben vio cómo su equipo era eliminado en octavos de final de Alemania 2006 por Portugal (1-0), en un Mundial en el que también marcó un gol, como Messi, a los balcánicos.

En Sudáfrica, Robben había sufrido una lesión antes del Mundial en un amistoso contra Hungría, que puso en peligro su participación. Aunque se perdió los dos primeros encuentros, disputó los últimos minutos del tercero de la primera fase, contra Camerún, para ya empezar a jugar regularmente en la segunda fase. Después marcaría dos goles, en octavos contra Eslovaquia y en semifinales frente a Uruguay.

Su oportunidad fallida en la final perdida contra España, en un mano a mano con Iker Casillas, le persiguió durante cuatro años y se está desquitando en este Mundial brasileño. Tanto Messi como Robben confían en que a la tercera sea la vencida.

La rivalidad entre ambos se remonta a grandes duelos en sus clubes, donde la igualdad es máxima con dos victorias para cada uno, dos empates y dos goles anotados por barba. Se midieron ya cuando Robben despuntaba en el Chelsea, en aquella eliminatoria de octavos de la Champions 2005-06 en la que Mourinho acusaría a Messi de teatralizar.

Más tarde Robben recibió el pasillo de los culés y les marcó un gol, pero un año más tarde sufrió la humillación del 2-6, en una exhibición de Messi. Ya con el Bayern, Robben hizo trizas al Barça en ese 4-0 de semifinales. Percutió, se fue casi siempre de los zagueros y encontró el premio de un gol. En el fútbol del equilibrio, ellos son diferentes.