El coste de la independencia

Puigdemont saluda a Forcadell./Toni Albir (Efe)
Puigdemont saluda a Forcadell. / Toni Albir (Efe)

Los expertos pronostican que el PIB catalán podría llegar a caer el 8% a largo plazo con la separación | Hay un déficit de 4.750 millones de euros en el sistema de pensiones de la comunidad

Amparo Estrada
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La defensa de la independencia de Cataluña se ha vestido con promesas económicas atractivas, muchas de ellas rozando o cayendo de lleno en la demagogia y sin apenas fundamento, aunque en otras algo hay de verdad. Desde la Generalitat se ha vendido que las pensiones de los catalanes subirían un 10% si lograran la independencia, o que contarían con 16.000 millones de euros más de ingresos para gastar en beneficio del ciudadano. Hasta se han hecho encuestas para que los catalanes dijeran en qué querían que se gastaran los 16.000 millones. ¿Sería tan idílico el futuro económico de una Cataluña independiente?

Si empezamos por las pensiones, los ingresos por cotizaciones que se registran en Cataluña no cubren lo que se paga en pensiones contributivas. Hay un déficit de casi 4.750 millones de euros, ya que los ingresos por cotizaciones se sitúan en 16.529 millones mientras que se pagan 21.278 millones en prestaciones contributivas, según los datos de la Seguridad Social de 2016. Es decir, que el sistema está en déficit en Cataluña como en el resto de España.

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Los independentistas, además, hacen el cálculo teniendo en cuenta únicamente las pensiones que se pagan a los residentes en Cataluña y no a los miles de trabajadores que cotizaron o cotizan en Cataluña pero que a la hora de jubilarse vuelven a su pueblo en Andalucía, Extremadura o cualquier otra región. Sin embargo, quien paga en la práctica es el Estado donde has cotizado, independientemente de dónde vivas. Y si no que les pregunten a los miles de británicos o alemanes que disfrutan de su jubilación a orillas del Mediterráneo.

Por lo tanto, en el ámbito contributivo, la independencia de Cataluña no les permitiría subir las pensiones; al contrario, tendrían que intentar incrementar los ingresos por cotizaciones para poder llegar al equilibrio. Podrían recurrir a transferencias desde el presupuesto autonómico, como también hace el Estado a la Seguridad Social. Pero ¿habría recursos fiscales para ello? Es en este punto cuando hay que analizar si sólo con la separación de España, el presupuesto de Cataluña se incrementaría automáticamente.

Una de las causas de la desafección que muchos catalanes sienten hacia el resto de España es el mensaje –tan reiterado que ha acabado por calar– de «España nos roba». Durante años, desde la Generalitat se ha insistido en que el Estado se queda con 16.000 millones de euros anuales que pagan los catalanes y que no se les devuelve en servicios o inversiones públicas. Esa cantidad representa el 8% del PIB catalán y ha dado pie a multitud de mensajes independentistas: desde la afirmación del vicepresidente del Govern, Oriol Junqueras, de que el PIB de Cataluña podría ser cuatro veces superior que el que tiene ahora de no haber ‘perdido’ ese dinero hasta que Mas afirmara que los recortes en los años de la crisis se debían al expolio de los 16.000 millones.

¿De verdad Cataluña pierde 16.000 millones de euros al año en beneficio del resto de España? Los expertos consultados ponen en duda que la contribución neta de Cataluña al resto del Estado alcance ni de lejos esa cifra. Los independentistas la calculan teniendo en cuenta los ingresos impositivos que se pagan en la comunidad pero que no son cedidos a la misma (sólo el 50% de la recaudación del IRPF y del IVA va a la autonomía y el 58% de los impuestos especiales), pero por el área de los gastos únicamente tienen en cuenta el que se hace efectivamente en Cataluña. De manera que, por ejemplo, casi todo el gasto en Defensa o las embajadas nacionales no se computa.

La recaudación total en Cataluña por impuestos y tasas, según los datos de la Agencia Tributaria, ascendió a casi 38.000 millones de euros en 2016, aunque en los presupuestos de la Generalitat los ingresos impositivos y de tasas se sitúan en torno a los 23.000 millones. Pero con los ajustes que habría que hacer y contabilizando todos los gastos, ya el anterior conseller de Hacienda Andreu Mas-Colell dejó el hipotético superávit fiscal en el 1,2% del PIB, entre dos mil y tres mil millones de euros.

Por su parte, las Cuentas Públicas Territorializadas recién publicadas por el Ministerio de Hacienda sitúan el déficit de la balanza fiscal de Cataluña en 9.900 millones de euros en 2014. Este resultado sale de calcular lo que paga y lo que recibe Cataluña en comparación con la media nacional, de lo que se deduce si está mejor o peor tratada que el resto. Y, sí, Cataluña aporta más ingresos fiscales que la media dado que su nivel de renta es superior a la media, pero Madrid también lo hace y en una proporción que duplica la catalana, así como Baleares y la Comunidad Valenciana. Es un ejercicio de solidaridad interregional.

El problema de la deuda

A todo esto hay que añadir el grave problema de endeudamiento que arrastra Cataluña y sus dificultades para financiarse en los mercados, ya que la calificación que le dan las agencias de rating está apenas a dos escalones del ‘bono basura’. La independencia es el principal riesgo de impago para las agencias de rating. Esta semana, Fitch ha avisado a la Generalitat de un nuevo descenso en la calificación si se acrecientan las «hostilidades» con el Gobierno central. Y su prima de riesgo aumentaría.

La carga de la deuda ya es muy elevada en Cataluña sin necesidad de complicarla más. Para poder amortizar su deuda autonómica necesitaría 127 días de trabajo de cada residente en esta comunidad, uno de los ratios más elevados del conjunto nacional, según los datos de la AIReF. Muchos más que los 52 días de cada madrileño y 81 días de cada andaluz. Además, Cataluña, que tiene un endeudamiento que supera el 35% de su PIB, es una de las comunidades que más depende de la financiación estatal, que cubre el 67% de su deuda frente al 18% de Castilla y León, el 6% de Madrid o el 0% del País Vasco.

En todo caso, la clave de si la independencia hará o no más ricos a los catalanes reside en si Cataluña crecería más que dentro de España o si crearía más empleo. Una Cataluña fuera de España se encontraría también fuera de la Unión Europea y fuera del euro. Y eso asusta a las empresas, en especial a las multinacionales, muchas de las cuales trasladarían su sede a otra comunidad.

En cuanto se pone una frontera las relaciones comerciales sufren, las empresas se enfrentarían a obstáculos arancelarios y muchas ventas se encarecerían. El 42% de los productos catalanes van al resto de España y el 36% a Europa. Por eso, los expertos pronostican que con la independencia el PIB_catalán caería un 8% en el largo plazo. Pero no sólo sufriríra Cataluña, también lo haría España. La comunidad es aportadora neta y representa casi la quinta parte de la riqueza nacional. Quedaría una España más pequeña y más débil.

En conclusión, económicamente la independencia no es buen negocio para nadie.

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