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Las alergias alimentarias consisten en una reacción anormal del cuerpo ante ciertas comidas. El sistema inmune reacciona ante un alérgeno desencadenando varias consecuencias, entre ellas, la producción de anticuerpos, que son los encargados de “atacar” al alérgeno y segregar una serie de sustancias, como histamina, serotonina y cinina, las cuales producen los síntomas gastrointestinales, cutáneos, problemas respiratorios, algunos muy graves que pueden desencadenar en muerte.
Se dice que antes de tener una reacción alérgica a un alimento el niño debe haber estado expuesto a ese producto una vez, ya que la reacción se produce en la segunda ocasión que lo come. También pudo haber estado expuesto al alimento a través de la leche materna.
Los huevos, la leche de vaca, los frutos secos, el pescado y marisco, la soja y el trigo son los responsables de la mayoría de alergias alimentarias. Aunque muchos niños las superan con la edad hay algunas de las que es difícil despojarse.
Las reacciones a estos alimentos pueden darse inmediatamente tras haberlos comido o después de haber transcurrido una hora. Los síntomas que pueden ocasionar son:
- Gastrointestinales: dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea.
- Cutáneos: enrojecimiento de la piel, ronchas o picor (cutáneos).
- Respiratorios: Síntomas leves como el moqueo, estornudos, congestión nasal y tos; o más graves como la inflamación de la garganta y asma.
Ante unos síntomas graves como dificultades para respirar, pérdida de conocimiento e hinchazón severa de la lengua deberá suministrarse adrenalina. Esta sustancia se administra únicamente en una situación extrema, ya que puede suponer un riesgo vital. Una vez que ha sido suministrada se debe acudir urgentemente al centro sanitario más próximo para una valoración médica. Si a pesar de darle la adrenalina los síntomas no cesaran y estamos alejados de un centro sanitario se puede repetir una segunda dosis al cabo de 15 minutos.
Es imprescindible que la persona que esté a cargo del niño (padres, abuelos, cuidadores ajenos) conozcan el problema y sepan cómo actuar, ya que, ante una reacción grave, la rapidez será lo que le salve la vida. Todos los que le cuiden deben saber administrar la adrenalina y responsabilizarse de hacerlo si fuera necesario.
En ocasiones, cuando el niño va al colegio o guarderías, los maestros o cuidadores son reacios a estas actuaciones; sin embargo, es fundamental que sepan detectar el problema y tener claro un protocolo de actuación para no poner en riesgo la vida del menor del que son responsables.
Para detectar si tu hijo tiene verdaderamente una alergia alimentaria debes acudir a un alergólogo, que le realizará alguna de las siguientes pruebas:
- Pruebas cutáneas: Se aplica una gota de antígeno sobre la piel para ver la reacción.
- Prueba radioalergosorbente (RAST): Se mezcla la sangre del paciente con el alérgeno y se utiliza un antígeno marcado radioactivamente.
- Ensayo inmunosorbente ligado a enzima (ELISA): Es lo mismo que el RAST pero sin el alérgeno marcado.
Después de saber qué es lo que está causando la alergia se debe omitir totalmente al alérgeno de la alimentación. Esto, que en principio parece muy fácil, en la práctica es un poco más complicado, ya que existen muchos alimentos que contienen el alérgeno en su elaboraciónl pero no lo dice en la etiqueta o se presenta con otro nombre. Por ejemplo, en la alergia al huevo no sólo debe evitarse comer huevo y productos cocinados con huevos (salsa bernesa, salsa tártara, mayonesa, salsas cremosas para ensaladas, albóndigas, cereales de desayuno, harina para pasteles, bizcochos, natillas, tostadas francesas, helados, bebidas malteadas, malvaviscos, merengues, bollos, tortillas, pudines, suflés, sopas de sobre, macarrones, espaguetis y otro tipo de pastas y vinos si han sido aclarados con clara de huevo entre otros), sino que se debe estar pendiente de que en las etiquetas de los productos envasados no vengan: albúmina, coagulante, emulsificante, globulina, lecitina, livetina, lisozima, ovoalbúmina, ovomucina, ovomucoide, ovovitelina, vitelina.
Con el resto de las alergias ocurre igual. Se debe omitir el alérgeno y los alimentos que los contengan. Además, existen infinidad de alimentos que pese a no tener por qué contener un producto contienen trazas del mismo. Con lo que tampoco se pueden consumir.
En el caso de la alergia a los frutos secos, además de las trazas, se debe evitar también las grasas vegetales si no se especifica de qué tipo son, ya que ésta puede ser aceite de almendras, avellanas, etcétera.
El problema principal que sufren padres y niños alérgicos radica en que el etiquetado no es claro, muchas veces no pone exactamente lo que ese producto contiene ni se especifican las trazas. Que la ley obligue a etiquetar completamente los productos es vital para el colectivo alérgico que en España se cifra entorno al 7 por ciento.


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