
LOS DATOS
Cabañón es el lagar más oriental de Asturias y produce todos los años 160.000 litros de sidra, extraídos de 240.000 kilos de manzana. En consecuencia, todavía tienen que llegar a la instalación otros 14 camiones de idéntico tonelaje. A través de este negocio, a medio camino entre la artesanía y el proceso industrial, Jacinto Vela realiza «un sueño de toda la vida» y además muy fructífero porque «consigo vender toda la producción». No descarta una futura ampliación de la industria, aunque de momento se conforma con «ofrecer puestos de trabajo y ver cómo se va llenando la caja registradora en los meses de julio y agosto, en la misma proporción en la que noto el desgaste de la suela de los zapatos».
Porcentajes
Lo más sorprendente de la sidra que se elabora en Cabañón es que el 50% de la producción se despacha en sidrerías ubicadas en Cantabria. El 30% se consume en la propia instalación y el resto se destina al mercado asturiano. La materia prima procede de fincas situadas en la comarca oriental asturiana y occidental cántabra.
Los clientes cántabros de Cabañón se encuentran establecidos en Laredo, Solares, Torrelavega, Santander y Unquera. Y explica el lagarero llanisco que «en Cantabria se nota un espectacular resurgimiento de las sidrerías». Allí, trabajan «muy bien el tapeo» y 'tiran' la sidra con el escanciador mecánico, «alguno de cuyos modelos sacan muy buen partido a la oxigenación de la sidra antes de beberla».
Los tiempos modernos tampoco dejan espacio para las vetustas cubas de madera de castaño. En Cabañón hay doce toneles de fibra de vidrio y acero inoxidable con capacidades que oscilan entre 10.000 y 15.000 litros, cada uno de ellos. Estas modernas barricas «sólo ofrecen ventajas», sentencia Vela Carriles, y las enumera: «mejor control del carbónico; menos pérdidas de líquido en el proceso de fermentación, así como una limpieza más sencilla, fácil y rápida». A todo ello hay que añadir que cada casco mantiene la temperatura «independiente y controlada», lo que permite «acelerar o frenar» la puesta a punto de la sidra según las necesidades del mercado en cada momento.
Los seis obreros que iban a manipular los primeros 16.000 kilos de manzana llegados a Naves, se pusieron manos a la obra con celeridad. Aquella misma tarde procedieron al lavado y escogido minucioso del fruto para después triturarlo. Seguidamente, a través de una bomba de sólidos, se cargó la prensa para pasar a la fase de extracción de zumo en el lagar. El líquido resultante ya se trasegó aquella jornada hacia los toneles para su fermentación.
Dentro de unos meses, en una rústica sala que hace 10 años era el hogar de cien vacas frisonas, a través de moderna maquinaria se va a proceder al lavado, llenado, corchado y etiquetado de las botellas. El último paso será su colocación en un artilugio, digno de Leonardo da Vinci y llamado «batidora», que sirve para «homogeneizar y dar vida a la sidra antes de sacarla al mercado».





